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EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

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EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por axcia el Mar 8 Mayo - 8:07


Os voy a contar una historia de amor diferente. Una historia llena de lucha, derrotas, sacrificios, lágrimas, imperfecciones y cicatrices.
Una historia de amor de dos personas que se encontraron cuando no tenían nada y se separaron cuando lo tenían todo.
Os voy a contar qué pasó... cuando todo acabó.
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por Flower el Mar 8 Mayo - 9:40

me unooooo!!


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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por AndreaAA el Mar 8 Mayo - 10:05

Me uno  
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por olsaal81 el Mar 8 Mayo - 11:17

deseando que empiece!!
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por gaudid el Mar 8 Mayo - 12:18

se ve bueno gracias
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por cucha5 el Mar 8 Mayo - 13:14

Me uno
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por divinecc el Mar 8 Mayo - 15:04

Me apunto!
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por Linxy el Mar 8 Mayo - 15:19

Suena interesante la sinopsis! Me uno!!!
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por guga el Mar 8 Mayo - 22:04

Uhh Anna García es muy buena!
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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

Mensaje por axcia el Miér 9 Mayo - 6:55

CAPÍTULO 1
Y así fue como, cuando todo acabó, me convertí en un mujeriego
—¡Oh, joder…! ¡Sigue! ¡Más! ¡No pares!
—No lo voy a hacer… —jadeo, apretando los dientes.
—¡Más fuerte…!
Sus uñas arañan mi espalda, seguro que dejándome marcas sobre mis tatuajes. Esta tía es una fiera insaciable. Le va el sexo duro. Lo supe desde que la vi y nuestras miradas se cruzaron. Me he acostado con suficientes mujeres como para adivinar sus gustos sexuales con tan solo una mirada. 
Siguiendo sus órdenes, empujo con más brío, escuchando sus jadeos en mi oreja, que muerde con sus dientes.
—¡Ah…! ¡Joder…! —me quejo, en vano, cuando ella no ceja en su empeño.
—¡Oh, joder, Chris! ¡Sigue! —grita, exigiéndome más.
Muevo las caderas con fuerza, hundiéndome en ella, pero el jet lag empieza a hacer mella en mí. He tenido que hacer un hueco en la gira para poder asistir a la boda de Simon, el mejor amigo de mi hermano Max. Soy, de alguna manera, el regalo de su parte para los novios. Me daba mucha pereza venir, y estuve a punto de cancelarlo, pero Lexy me conoce demasiado bien y me llamó para quitármelo de la cabeza. Al final, la boda ha resultado menos peñazo de lo que imaginé. He tenido la oportunidad de compartir tiempo con mi familia, a los que hacía tiempo que no veía y echaba algo de menos, sobre todo a mi padre. También he podido compartir un rato con los Turner, una familia peculiar que me encanta, y con algunos amigos más. He bebido, he bailado y, además, conocí a un par de chicas interesantes. Me enrollé con una de ellas, y cuando parecía que iba a tener final feliz, me crucé con la otra, una morena de rasgos asiáticos y cara de mala leche, creo que amiga de la novia. ¿Cómo me dijo que se llamaba…? Por más que me esfuerce no consigo recordarlo…
—¡Joder, Kim! —Escucho que alguien grita.
—Así se llamaba. Eso es. Gracias —pienso, dibujando una sonrisa de medio lado en los labios.
—¡¿No sabes llamar antes de entrar…?! —se queja Kim, poniendo los pies en el suelo al tiempo que se baja el vestido y me aparta.
—¡Es el guardarropa, Kim! ¡No es un sitio demasiado privado ni reservado que digamos…!
La chica se acerca y rebusca entre los bolsos, chaquetas y pañuelos esparcidos por el suelo, la mayoría por nuestra culpa. Entonces, al girar la cabeza y verme, mira a su amiga de nuevo, con las cejas levantadas.
—¡¿Él?! ¡¿Tenía que ser él?! —dice, apretando los dientes.
—O era él, o me tiraba a un hombre casado. Hay un tal Aaron ahí fuera que está tremendo.
—Es mi padre —me atrevo a intervenir, ya con los pantalones en su sitio.
—¿Ves? Todo queda en casa —ríe Kim, contagiándome.
—¡A mí no me hace ni puñetera gracia! ¡Es el hermano de Max, por el amor de Dios! ¡El mejor amigo de Simon!
—¡Ya sé quién es! ¡Sé perfectamente quién es! —contesta con el mismo tono que la novia, cuyo nombre tampoco recuerdo—. ¡¿Pero tú le has visto bien, Chloe?!
—Sí le he visto, sí.
Las dos giran la cabeza a la vez y me pillan encendiéndome un cigarrillo. Levanto los ojos y, sin moverme aún, las observo con recelo. Al rato, sintiéndome totalmente devorado por su mirada, sonrío y las saludo con una mano.
—Joder, qué tremendo está… —susurra Kim, mordiéndome el labio inferior mientras me mira de arriba abajo.
Chloe resopla desesperada, bajando los brazos, justo antes de caminar hacia la salida.
—Chloe —la llama Kim. Cuando se da la vuelta, prosigue—: ¿Venías a buscar algo, o solo a ponerte cachonda mirándonos…?
—¡Joder, mierda…! Busco un foulard para dejárselo a Faith —susurra Chloe, dando media vuelta. Cuando pasa por mi lado, me fulmina con la mirada—. Ya puedes estar borrando esa sonrisa de superioridad de la cara, guapito. Sé que antes te has enrollado con ella.
—Eso era… Faith… —digo, chasqueando los dedos.
—Oh, mierda. Ni tan siquiera sabías su nombre. Pues que sepas que, si se entera de esto, te cortará las pelotas. Y sin pelotas, tendrás una voz de pito muy poco varonil que seguro que te hará perder miles de fans…
Empieza a rebuscar entre las piezas de ropa esparcidas por el suelo, maldiciendo mientras lo hace. Lejos de calmarse, vuelve a encararme, señalándome con un dedo amenazador.
—No voy a permitir que enfrentes a mis dos mejores amigas… ¿Me entiendes?
—No era mi intención… —contesto, alzando las palmas de las manos en señal de rendición—. Aunque, entre tú y yo, esto me suele pasar a menudo…
—¿Esto…? —me pregunta, confundida.
—Enrollarme y tirarme a varias mujeres en una noche… Y me trae sin cuidado si son amigas del alma, simples conocidas o unas completas desconocidas. Así que, como te habrás dado ya cuenta, me importa una mierda si tus amigas se tiran de los pelos a partir de esta noche.
Chloe me mira frunciendo el ceño, con la boca abierta. Segundos después, se le escapa la risa y empieza a negar con la cabeza.
—Ahora lo entiendo todo… Eres como un puñetero adoptado. No tienes nada que ver con los Taylor “de verdad”. Cuando te vea por la televisión o en las revistas del corazón, reviviré este momento para recordarme a mí misma que eres un capullo que no se parece en nada a su padre o a sus hermanos.
Se da la vuelta de inmediato. Cuando pasa al lado de Kim, esta le tiende un pañuelo que Chloe coge sin siquiera mirarla, dando un portazo a su espalda. Poco después, Kim la sigue sin dirigirme la palabra.
◆◆◆

—¿Nos podemos hacer una foto contigo?
—Claro… —contesto, mientras un grupo de cinco mujeres me rodean, me agarran y se frotan contra mí para sonreír frente a la cámara.
Después del flash de la cámara, todas ellas me besan. Sonrío mirándolas, escuchándolas hablar. Una de ellas llama especialmente mi atención. Es rubia y tiene el pelo corto, con el flequillo cruzando su frente. Me regala una sonrisa arrebatadora mientras me mira de reojo, con las mejillas sonrosadas. Tiene esa mezcla de timidez y belleza que tanto me gusta.
Como ella…
Así pues, cuando se están alejando, agarro su codo y tiro de ella hacia mí.
—¿Quieres bailar?
Por supuesto que quiere, aunque no me contesta. De nuevo se sonroja y mira de forma insistente hacia sus amigas, que la observan con una mezcla de envidia, felicidad y rabia. Sin soltar su mano, camino lentamente hacia la pista de baile y, una vez en el medio, rodeo su cintura con firmeza y la aprieto contra mi cuerpo. Escucho su respiración errática en mi oreja. Está nerviosa, y no puedo hacer otra cosa que sonreír satisfecho.
Me encanta esta sensación. En cuanto me hice famoso, comprobé que las mujeres me deseaban y muchas hacían cualquier cosa por acostarse conmigo. Se me insinuaban… Me tocaban… Me besaban… Durante un tiempo conseguí resistir, pero entonces la presión se hizo cada vez más difícil de sobrellevar, y los viajes eran cada vez más largos, y el tiempo sin vernos era mayor. Y sucedió… Y Jill se enteró… Es difícil ocultar las infidelidades cuando los paparazzi te persiguen a todas horas.
Y así fue como, cuando todo acabó, me convertí en un mujeriego.
—¿Cómo te llamas? —le pregunto.
—April.
—Precioso nombre. Soy Chris.
—Lo sé… —sonríe, agachando la cabeza de nuevo.
Por supuesto que sabes quién soy, pienso.
—¿De parte del novio o de la novia?
—De la novia. Soy su sobrina.
—¿Sobrina? ¿Cuántos años tienes?
—Veinte.
Resoplo sin ningún disimulo al comprobar que es mayor de edad.
—Menos mal… —susurro.
La miro fijamente después de decirlo. Sus ojos, en cambio, me rehúyen. Entonces, me decido a atacar y acerco mi boca lentamente a la suya. Cuando nuestros labios se rozan, escucho un carraspeo cerca de mi oreja.
—Espero que sepas dónde te metes…
—Piérdete, Lexy…
—No puedes enrollarte con todas las mujeres de la boda…
—April, ¿tienes novio? —La chica me mira con los ojos muy abiertos, negando con la cabeza un par de veces—. Y si lo tuvieras, ¿te voy a besar en contra de tu voluntad?
Antes de que conteste, Lexy chasquea la lengua e interviene:
—Haz lo que te dé la gana, Chris, pero…
—Y eso es lo que estoy haciendo… Así que, gracias por estos sabios consejos que, para variar, nadie te ha pedido.
—Vete a la mierda, capullo.
—Yo también te quiero, hermanita. —La observo unos segundos mientras se aleja, antes de volver a centrar mi atención en April. De todos modos, su predisposición ha cambiado y, lentamente, empieza a alejarse de espaldas—. Oh, venga…
—Yo no… No quiero problemas y…
—No hay ningún problema.
—Es igual…
—¡¿Hablas en serio?! ¡¿Sabes lo que te pierdes?!
En ese momento, Harry, el hermano mayor de Simon, me agarra del brazo y me lleva a un aparte.
—Chris, te lo pido por favor… No montes un numerito de los tuyos.
—¿Un… numerito de los míos…? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Escucha, si tienes problemas, te puedo recomendar algunas clínicas…
—¿Clínicas?
—No sé a quién pretendes engañar, pero es evidente que tienes un problema de adicción.
—¡¿Y se puede saber quién cojones eres tú para…?!
—Soy alguien al que le trae sin cuidado los ceros que tenga tu cuenta corriente o lo bien parecido que seas. Lo que hagas con tu vida no me incumbe, pero es la boda de mi hermano pequeño, y quiero que te quede clara una cosa, y para ello me voy a rebajar a tu nivel: deja de joder, en el sentido figurado y literal, o me veré obligado a pedirte que te vayas.
—Eso lo tendrá que decir quién me haya invitado a la boda, ¿no?
—Siento ser el portador de malas noticias, pero no te han invitado… te han contratado. Y según veo, tu trabajo aquí ha terminado, así que puedes irte.
Le miro con la boca abierta, intentando procesar sus palabras.
—Mi hermano es el que me dijo que…
—Tu hermano tiene mucha paciencia contigo, pero si sigues así, no tardará en sentirse avergonzado. Así que haznos un favor a todos, incluido a ti mismo, y lárgate antes de que pierdas la poca dignidad que te queda.
Me giro de golpe, acercándome a él hasta dejar mi cara a escasos centímetros de la suya. No tiene pinta de aguantarme más de cinco puñetazos, así que, muy cabreado y, por qué no admitirlo, envalentonado por el alcohol, le agarro de las solapas de la camisa y le enseño mi puño.
—Oh, vamos… ¿Cómo puedes ser tan pueril? ¿Así es como pretendes justificar tu comportamiento? Es un método bastante primitivo, si me permites la observación.
Aprieto la mandíbula, resoplando entre dientes. Al rato, le suelto, dándole la razón a regañadientes. Le empujo con menos fuerza de la que me gustaría y me alejo caminando de espaldas, mirándole de forma desafiante.
—¡Joder! ¡¿No te cansas nunca de ser tan pedante?!
—Nunca me canso de ser yo —me contesta con las manos en los bolsillos, encogiéndose de hombros.
◆◆◆

Acerco la nariz a la fina línea blanca y, tapándome una de las fosas nasales, la esnifo de principio a fin. Me la froto de forma repetida. Levanto la cabeza, mirando al techo, frotándome la cara con ambas manos. Dejo ir un largo suspiro y entonces me preparo la segunda raya.
—Oh, joder… ¡Mierda, Chris!
—¿Qué? No estoy abochornándote en público…
—¿Qué?
—Que me mantengo recluido para que no tengas que disculparme frente a tus amigos.
—Sabes que no es así, Chris.
—Harry vino a pegarme la charla, Max. Sé lo que piensas de mí.
—Y parece que surtió mucho efecto… ¿Por qué te metes esa mierda?
—Si la probaras, no te atreverías a llamarla así…
—Tú eres mejor que todo esto.
—No lo soy.
—¡Claro que lo eres! —grita, con la paciencia totalmente agotada, acercándose hasta la mesa para borrar la raya de cocaína, esparciendo la mayoría por el suelo y limpiándose los restos de la mano.
Preso de una ira irracional, me abalanzo sobre él y, agarrándole de las solapas de la camisa, le empotro contra la pared. Por el camino, arrasamos con un par de sillas, formando un pequeño estruendo. Cuando su espalda choca contra la pared y mi cara se queda a escasos centímetros de la suya, le miro con los ojos inyectados en rabia, escupiendo algo de saliva al respirar. Entonces me fijo en sus ojos, aquellos que hasta hace poco me miraban con orgullo y admiración. Esos que ahora lo hacen con miedo, pena y vergüenza…
—¿Prefieres renunciar a mí antes que a esa mierda? —me pregunta, muy dolido—. ¿Tanto te controla eso?
Le suelto con brusquedad, retirándome hacia atrás rápidamente. Niego con la cabeza, justo antes de agarrarme el pelo con ambas manos y darle la espalda. Entonces vuelvo a escuchar su voz.
—Tú me salvaste, Chris. Tú me hiciste lo que soy. ¡Eras mi hermano mayor, joder! —Escucho un sollozo—. Y, aunque hace tiempo que no te reconozco, sé que detrás de todo esto, sigues siendo ese chico de quince años con el pelo revuelto y ojos vivos que me miraba sonriente mientras tocaba la guitarra.
Escucho sus pasos a mi espalda, acercándose a mí.
—Escucha, Chris… Mamá y Aaron no son ajenos a los rumores… y… empiezan a estar preocupados. Lo sé.
—No hay nada de lo que preocuparse. Lo tengo controlado.
—¿Te crees tus propias palabras? Porque sé leer… Veo lo que sale en las revistas… Veo fotos tuyas borracho en varios clubs, enrollándote con cientos de mujeres… Eso no puede hacer ningún bien a tu carrera profesional, no digamos ya a la personal…
—Es eso, ¿no? Tienes envidia de la cantidad de mujeres que me tiro…
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Yo no…! ¡Joder, Chris! ¡Madura un poco! ¿Sabes qué? Haz lo que te dé la gana —dice con desgana, totalmente derrotado, mientras se aleja hacia la puerta.
En cuanto me quedo solo, preso por la locura, arraso con algunas sillas, tirándolas de pura rabia. En el fondo, sé que tiene razón. Mi vida se ha convertido en un caos. Me siento como si me hundiera en arenas movedizas y, por más que intento salir, cada vez que hago algo, me hundo más y más. Y lo único que me mantiene despierto, lo único que me da fuerzas para seguir adelante, para subir noche tras noche a los escenarios, es este polvo blanco.
Lanzo una silla con fuerza contra la puerta, haciéndola pedazos al instante.
—¿Chris? Me ha dicho Max que estabas aquí… ¿Estás bien…? —Nada más escuchar la voz de mi padre, me giro hacia la puerta. Con los brazos a ambos lados del cuerpo, mi pecho sube y baja con rapidez. Siento el sudor poblando mi frente, además de varias gotas resbalando por mi espalda—. ¿Hola? ¿Chris?
Me froto la cara con ambas manos, intentando acicalarme, recobrar la compostura, como si mis manos fueran mágicas y pudiera borrar cualquier rastro de mi perdición. Luego, froto las palmas de las manos contra el pantalón y empiezo a caminar hacia la puerta. Antes de abrirla, hecho un vistazo hacia atrás, para comprobar que no hay restos visibles de cocaína.
—Hola… —saludo nada más abrir.
—¿Estás… bien? —me pregunta mirándome de arriba abajo.
Ha sido policía durante muchos años, y sé que su instinto está recibiendo señales de alerta. Primero mira más allá de mi espalda, para luego volverme a mirar a mí. Me mira a los ojos, frunciendo el ceño, justo en el momento en el que agacho la cabeza, fijando la vista en el suelo.
—¿Chris? —insiste.
Trago saliva antes de mirarle a los ojos.
—Estoy bien.
Se queda callado durante unos segundos que se me antojan horas. Incapaz de sostenerle la mirada, señalo hacia el pasillo y hago el ademán de empezar a caminar.
—Iba a… Yo… ya me iba.
—Chris, ¿qué pasa?
—Nada.
—¿En serio va a ser así?
—¿Cómo…? No entiendo…
—¿Me tomas por imbécil, Chris?
—¿Qué…? No… Yo… Estoy bien…
—Es evidente que no lo estás. ¿Cuánto hace que te drogas? Y no intentes negarlo. Tampoco intentes decirme que lo tienes controlado porque es evidente que no es así. Dime qué puedo hacer. —Hago un intento de negación, aturdido y sorprendido—. Quiero ayudarte.
—No…
—Chris, mamá y yo…
—No —repito.
—Chris.
—No.
—Chris, escúchame.
—¡No! ¡No hace falta que me sermonees! ¡Ni que te preocupes por mí! ¡Ni tú ni nadie!
—Necesitas ayuda, Chris. Aunque no lo creas.
—¡Cállate! —le grito, agarrándome la cabeza con ambas manos.
—No me pienso rendir, por mucho que me grites.
—¡Que te calles!
—Estoy aquí para recordarte que puedes contar conmigo para lo que necesites. Como siempre.
Su tono de voz calmado me saca de mis casillas, a pesar de que sus palabras deberían reconfortarme.
—¡¿Como siempre?! ¡¿Estás seguro?! ¡Me parece que olvidas quince años de mi vida!
—Chris… No voy a tener en cuenta esas palabras… Pensaba que todo eso estaba… superado y…
—¡No es tan fácil borrar quince años de mi vida!
—Sabes lo mucho que me arrepiento de aquello… —se excusa, frunciendo el ceño—. Sabes que puedes contar conmigo y con tu madre para lo que…
—¡Ella no es mi madre! —grito entonces, totalmente fuera de mí, apretando los puños. Lejos de alterarse, mi padre niega con la cabeza, lentamente, y luego se da la vuelta. Su comportamiento me cabrea. Su falta de respuesta me saca de quicio. Necesito que se enfrente a mí para tener una razón para seguir enfadado—. ¡Eso es! ¡Huye! ¡Pasa de mí!
—No paso de ti, paso de la versión de ti controlada por las drogas. Necesito que vuelvas a ser el de siempre. Hasta entonces, te quedas solo.
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA MAYO: Cuando todo acabó - Anna Garcia

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