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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Lun 2 Abr - 9:28

Recuerdo del primer mensaje :

The Gravity of Us  - Brittainy C. Cherry 

Graham Russell y yo no estábamos hechos el uno para el otro
Yo estaba impulsada por la emoción; Él estaba apático. Soñaba mientras él vivía en pesadillas. Lloraba cuando no tenía lágrimas que derramar.
A pesar de su corazón congelado y mi disposición a correr, a veces compartíamos segundos. Segundos cuando nuestros ojos se entrelazaron y veíamos los secretos del otro. Segundos cuando sus labios saboreaban mis miedos, y yo respiraba sus dolores. Segundos cuando ambos imaginábamos lo que sería amarnos unos al otro.
Esos segundos nos dejaron flotando, pero cuando la realidad nos golpeó fuerte, la gravedad nos obligó a descender.
Graham Russell no era un hombre que sabía amar, y yo no era una mujer que sabía cómo. Sin embargo, si tuviera la oportunidad de caer de nuevo, caería con él para siempre.
Incluso si estuviéramos destinados a chocar contra el terreno sólido.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Vie 13 Abr - 4:33

12

FIN DE AÑO

 

Llegó a la lista de los más vendidos del New York Times el día de hoy. ¿Sabes lo que eso significa, Graham? —preguntó Rebecca, extendiendo un nuevo mantel sobre la mesa del comedor.

—Significa otra razón para que papá se emborrache y muestre su casa a la gente —murmuró, lo suficientemente fuerte como para que lo oyera.

Ella rio disimuladamente y tomó el elegante mantel, le tendió un extremo y tomó el otro en sus manos.
—No será tan malo este año. No ha estado bebiendo tanto últimamente.


Pobre, dulce e ingenua, Rebecca , pensó Graham. Debe haber estado ciega a las botellas de whisky que se posaban en el cajón del escritorio de su padre.

Mientras la ayudaba a preparar la mesa para los dieciséis invitados que llegaban en dos horas, sus ojos viajaron a través de la habitación hacia ella. Estuvo viviendo con él y su padre durante dos años ahora, y nunca supo que podría ser tan feliz. Cuando su padre se enojaba, Graham tenía la sonrisa de Rebecca para recurrir. Ella fue el destello de luz durante las oscuras tormentas eléctricas.

Además, todos los años, tenía un pastel de cumpleaños.

Se veía hermosa esa noche con su elegante vestido de Víspera de Año Nuevo. Cuando se movió, el vestido dorado viajó con ella, arrastrándose ligeramente por el piso detrás de ella. Usaba zapatos de tacón alto que estiraban su pequeño cuerpo, y aun así parecía tan pequeña.

—Te ves bonita —le dijo Graham, haciéndola levantar la mirada y sonreír.
—Gracias, Graham. Te ves bastante guapo.
Él devolvió la sonrisa, porque ella siempre lo hacía sonreír. —¿Crees que algún niño vendrá esta noche? —preguntó. Odiaba cómo las fiestas siempre tenían adultos y nunca niños.
—No lo creo —le dijo—. Pero tal vez mañana pueda llevarte a la YMCA para pasar el rato con algunos de tus amigos.
Eso hizo feliz a Graham. Su padre siempre se encontraba demasiado ocupado para llevarlo, pero Rebecca siempre hacía tiempo.
Rebecca echó un vistazo al elegante reloj en su mano, uno que su padre le dio después de una de sus muchas peleas.
—¿Crees que todavía está trabajando? —preguntó, levantando una ceja.


Él asintió.
—Um sí…
Ella mordió su labio inferior.
—¿Debería interrumpir?
Sacudió la cabeza.
—Nuh-huh.
Rebecca cruzó la habitación, sin dejar de mirar su reloj.


—Se enojará si llega tarde. Iré a comprobarlo. —Caminó hacia su oficina, y fueron solo unos segundos antes de que Graham escuchara los gritos.

—¡Estoy trabajando! ¡Este próximo libro no se va a escribir solo, Rebecca! —gritó Kent justo antes de que Rebecca volviera corriendo al comedor, visiblemente sacudida, con sus labios retorcidos en un fruncido.

Le sonrió a Graham y se encogió de hombros.
—Ya sabes cómo es con las fechas límite —dijo, inventando excusas. Graham asintió. Lo sabía mejor que la mayoría.


Su padre no era más que un monstruo, especialmente cuando estaba atrasado en su conteo de palabras.
Más tarde esa noche, justo antes de que los invitados comenzaran a llegar, Kent se puso su traje de marca justo a tiempo.


—¿Por qué no me avisaste más temprano? —le gritó a Rebecca mientras ella preparaba los aperitivos en la sala de estar—. No estaría tarde si no hubiera visto la hora porque tuve que usar el baño.

Graham le dio la espalda a su padre y puso sus ojos en blanco. Siempre tenía que darle la espalda para burlarse de su padre, de lo contrario sería su padre el que se burlaría de él.

—Lo siento —respondió Rebecca, no queriendo cavar más profundo y molestar a Kent. Era la Víspera de Año Nuevo, una de sus fiestas favoritas, y se negaba a discutir.

Kent resopló y resopló, enderezando su corbata.

—Deberías cambiarte —le dijo a Rebecca—. Tu atuendo es demasiado revelador, y lo último que necesito es que mis amigos piensen que mi esposa es una ramera. —Su voz era pequeña, y ni siquiera miró a Rebecca mientras escupía las palabras.

¿Cómo se lo perdió?, pensó Graham para sí mismo. ¿Cómo su padre no se daba cuenta de lo hermosa que se veía Rebecca?
—Creo que te ves hermosa —expresó Graham.
Kent arqueó una ceja y miró a su hijo.
—Nadie te pidió tu opinión.
Esa noche, Rebecca se cambió a algo más, y todavía se veía hermosa para Graham.
Todavía se veía hermosa, pero sonreía menos, lo que simplemente le rompió el corazón.


Durante la cena, el papel de Graham fue sentarse y estar callado. Su padre prefería que se camuflajeara, casi como si no estuviera en la habitación. Los adultos hablaron sobre lo genial que era Kent, y Graham puso sus ojos en blanco repetidamente.

—Rebecca, qué deliciosa comida —comentó un invitado. Rebecca separó los labios para hablar, pero Kent habló antes que ella.

—El pollo está un poco seco y la ensalada un poco inadecuada, pero por lo demás es comestible —dijo con una sonrisa—. Mi esposa no es conocida por sus habilidades culinarias, pero lo intenta.

—Es mejor que yo —intervino una mujer, haciendo un guiño a Rebecca para aliviar el aguijón del comentario pasivo agresivo de Kent—. Difícilmente hago macarrones y queso de una caja.

La comida continuó con algunas insinuaciones más de Kent, pero declaró sus quejas sobre Rebecca con tal humor que la mayoría de la gente no creía que hablara en serio.

Graham lo sabía mejor, aunque desearía que no.
Cuando ella se estiro por más vino, Kent colocó su mano sobre la de ella, deteniéndola.


—Ya sabes cómo te afecta el vino, mi amor.
—Sí, tienes razón —respondió Rebecca, retirando su mano y colocándola en su regazo. Cuando una mujer preguntó al respecto, sonrió—. Oh, solo me marea un poco, eso es todo. Kent solo me está cuidando. —Su sonrisa se volvió más falsa a medida que avanzaba la noche.


Después de que se sirvió la cena, Graham fue enviado a su habitación por el resto de la noche, donde pasó tiempo jugando videojuegos y mirando la cuenta hacia atrás de la Víspera de Año Nuevo en el canal ABC. Observó la bola caer primero en la ciudad de Nueva York, y luego otra vez cuando volvieron a reproducir el clip para celebrar la medianoche en Milwaukee. Escuchó a los adultos que gritaban en la otra habitación y pudo oír débilmente los sonidos de los fuegos artificiales explotando sobre el Lago Michigan.

Si Graham se ponía de puntillas, echando un vistazo por la ventana hacia la izquierda y levantaba la mirada, podía ver algunos fuegos artificiales pintando el cielo.

Solía verlos todo el tiempo con su madre, pero eso fue hace tanto tiempo que a veces se preguntaba si era un recuerdo real o uno que inventó.

Cuando la gente comenzó a dejar la casa, Graham se metió en la cama y llevó sus palmas de las manos a sus oídos. Hacía todo lo posible por ahogar el sonido de su padre gritándole borracho a Rebecca sobre todos sus errores esa noche.

Fue increíble cómo Kent pudo contener su enojo hasta que su compañía se fue.

Entonces, simplemente se derramó de todos sus poros.
Una cantidad tóxica de ira.


—Lo siento —siempre terminaba diciendo Rebecca, a pesar de que nunca tenía nada por lo que disculparse.
¿Cómo podía su padre no ver lo afortunado que era de tener una mujer como ella? Le dolió el corazón saber que Rebecca sufría. Cuando la puerta de Graham se abrió unos minutos después, fingió estar durmiendo, sin saber si era su padre o no.
—¿Graham? ¿Estás despierto? —susurró Rebecca, parada en su puerta.
—Sí —susurró en respuesta.


Rebecca entró en la habitación y secó sus ojos, eliminando cualquier evidencia de que Kent le causó dolor. Deambuló hasta su cama y peinó su cabello rizado fuera de su rostro.

—Solo quería decir Feliz Año Nuevo. Quería pasar antes, pero tuve que limpiar un poco.
Los ojos de Graham se llenaron de lágrimas mientras miraba los ojos de Rebecca, que se notaban llenos de cansancio. Ella solía sonreír más. —¿Qué es, Graham? ¿Qué pasa?


—Por favor, no... —susurró. Cuando las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y su cuerpo comenzó a temblar en la cama, hizo todo lo posible para ser un hombre, pero no funcionaba. Su corazón seguía siendo el corazón de un niño, un niño que se sentía aterrorizado de lo que sucedería si su padre no trataba mejor a Rebecca.

—¿Por favor, no qué, cariño?

—Por favor, no te vayas —dijo, con la voz tensa por el miedo. Se sentó en su cama y puso sus manos en las de Rebecca—. Por favor, no te vayas, Rebecca. Sé que es malo y te hace llorar, pero te prometo que es por tu bien. Eres buena y él es malo. Él empuja a la gente lejos, lo hace, y puedo decir que te pone tan triste. Sé que te dice que no eres lo suficientemente buena, pero lo eres. Eres lo suficientemente buena, y eres bonita, y tu vestido era hermoso, y tu cena fue perfecta, y por favor, por favor no nos dejes. Por favor, no me dejes. —Ahora lloraba en toda regla, su cuerpo temblando por la idea de que Rebecca se encontraba a dos maletas de dejarlo para siempre. No podía imaginar cómo sería su vida si ella no estaba. Ni siquiera podía comenzar a imaginar cuán oscura sería su vida si se alejaba.

Cuando estaba solo con su padre, se sentía muy, muy solo. Pero cuando Rebecca llegó, recordó cómo se sentía ser amado de nuevo.

Y no podía perder ese sentimiento.
No podía perder su luz.


—Graham. —Rebecca sonrió, las lágrimas caían de sus propios ojos mientras trataba de limpiar los suyos—. Estás bien, por favor, está bien. Cálmate.

—Vas a dejarme, sé que lo harás. —Sollozó y cubrió su rostro con sus manos. Eso era lo que hacia la gente… irse—. Es tan malo contigo. Él es demasiado malo para ti y te vas a ir.

—Graham Michael Russell, detente ahora mismo, ¿de acuerdo? — ordenó, sosteniendo sus manos fuertemente en las suyas. Colocó sus manos en sus mejillas y asintió una vez—. Estoy aquí, ¿de acuerdo? Estoy aquí, y no voy a ir a ningún lado.

—¿No te vas a ir? —preguntó, hipando mientras trataba de respirar. Sacudió su cabeza.

—No. No me estoy yendo. Piensas demasiado en todo. Es tarde y necesitas descansar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Lo recostó y lo metió, besando su frente. Cuando se levantó para irse, él la llamó por última vez.


—¿Y estarás aquí mañana?
—Claro, cariño.


—¿Lo prometes? —susurró, su voz aún un poco temblorosa, pero Rebecca se mantuvo fuerte y segura.
—Lo prometo.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Vie 13 Abr - 4:33

13

 

GRAHAM

 

Lucy y yo volvimos a nuestra rutina normal. Por las mañanas, aparecía con su tapete de yoga y hacía su meditación matutina en la terraza interior, y cada vez que no trabajaba en un evento

especial, venía a mi casa por la noche para ayudar a cuidar a Talon mientras trabajaba en mi novela. Cenábamos juntos en la mesa del comedor casi todas las noches, pero no teníamos mucho más de que hablar aparte del resfriado que encontró su camino en el cuerpo de Talon y el mío.

—Bebe —me dijo Lucy, trayéndome una taza de té.
—No bebo té. —Tosí en mis manos. Mi escritorio seguía salpicado de pañuelos de papel y botellas de jarabe para la tos.

—Vas a beber esto dos veces al día durante tres días, y te hará cien por ciento mejor. No tengo ni idea de cómo estás funcionando con esa horrible tos. Entonces, bebe —ordenó. Olí el té e hice una mueca. Ella rio—. Canela, jengibre, limones frescos, pimientos rojos picantes, azúcar, pimienta negra y extracto de menta, además de un ingrediente secreto del que no puedo hablar.

—Huele como el infierno.
Asintió con una pequeña sonrisa.
—Una bebida perfecta para el mismísimo diablo.


Durante los siguientes tres días, bebí su té. Ella casi tuvo que forzarme a comer, pero para el cuarto día, la tos desapareció. Estaba casi seguro de que Lucy era una bruja, pero al menos con su té pude aclarar mi mente por primera vez en semanas.

El siguiente sábado por la noche, la cena estaba en la mesa, y cuando fui a buscar a Lucy, noté que se hallaba en la terraza interna con su teléfono.

En lugar de interrumpir, esperé pacientemente hasta que el pollo asado estuviera frío.

El tiempo pasó rápido. Ella estuvo parada en la terraza interna con su teléfono durante horas. Con sus ojos pegados a la lluvia que caía desde el cielo mientras movía sus labios, hablando con quienquiera que estuviera al otro lado de la línea.

Vagué por la habitación de vez en cuando, mirándola mover las manos para expresarse, viendo cómo las lágrimas caían de sus ojos. Cayeron pesadamente, como la lluvia. Después de un rato, colgó, se sentó con las piernas cruzadas y miró por la ventana.

Cuando Talon estuvo dormida, entré a la terraza para ver cómo estaba.

—¿Estás bien? —pregunté, preocupado por cómo alguien tan brillante como Lucy podría parecer tan oscura esta tarde. Era casi como si ella misma se hubiera mezclado con las nubes grises.

—¿Cuánto te debo? —preguntó, sin girarse hacia mí.
—¿Deberme?


Se giró, sollozando, y permitió que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
—Apostaste a que mi relación terminaría en un mes como máximo y tú ganas. Entonces, ¿cuánto te debo? Tú ganas.
—Lucille... —comencé, pero negó con la cabeza.


—Él, um, dijo que Nueva York es el lugar para artistas. Dijo que era el lugar para que desarrollara su oficio, y que hay oportunidades allí que no tendría en el Medio Oeste. —Resopló un poco más y se secó la nariz con su manga—. Dijo que su amigo le ofreció un sofá en su apartamento, por lo que se quedará allí por un tiempo. Luego dijo que una relación a larga distancia no era algo que realmente le interesara tener, así que mi estúpido corazón se apretó, pensando que me invitaría a estar con él. Sé lo que estás pensando, también. —Soltó una risita nerviosa, luego se encogió de hombros y negó con la cabeza—. Estúpida Lucille, inmadura e ingenua, creyendo que el amor sería suficiente, pensando que era digna de alguien para siempre.

—Eso es... no es lo que pensaba.
—Entonces, ¿cuánto? —preguntó, poniéndose de pie—. ¿Cuánto te debo? Tengo algo de dinero en mi bolso. Déjame ir a buscarlo. —Lucille, detente.
Caminó en mi dirección y puso una sonrisa falsa.
—No, está bien. Una apuesta es una apuesta y ganaste, así que, déjame ir a buscar el dinero.
—No me debes nada.


—Eres bueno para leer a la gente, ¿sabes? Eso es probablemente lo que te hace un fantástico autor. Puedes mirar a alguien durante cinco minutos y conocer toda su historia. Realmente es un don. Viste a Richard por un momento y supiste que rompería conmigo. Entonces, ¿cuál es mi historia, eh? Odio los adelantos, pero me encantaría saberlo. ¿Qué va a pasarme? —preguntó, su cuerpo temblando mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas—. ¿Siempre voy a ser la chica que siente demasiado y termina sola? Porque, yo... yo... —Sus palabras se convirtieron en un desastre borroso cuando sus emociones comenzaron a dominarla. Cubrió su rostro con las manos y se derrumbó justo en el medio de la terraza.

No sabía qué hacer.
No estaba hecho para este tipo de momentos.
No era de los que daban consuelo.


Eso era cierto, pero cuando sus rodillas comenzaron a temblar y sus piernas empezaron a parecer como si fueran a colapsar, hice lo único que podía hacer.

La envolví en mis brazos, dándole algo a lo que aferrarse, dándole algo para sostenerla antes de que la gravedad la obligara a descender a tierra firme. Envolvió sus dedos en mi camisa y lloró sobre mí, empapando mi hombro mientras mis manos descansaban sobre su espalda.

Ella no me soltó, y pensé que no debería pedirle que recobrara la compostura de sus emociones.

Estaba bien que ella y yo manejáramos las cosas de una manera diferente. Ella llevaba su corazón sobre su manga, y yo mantenía mi corazón envuelto en cadenas de acero en lo más profundo de mi alma.

Sin pensarlo, la abracé más cerca mientras su cuerpo continuaba temblando. La mujer que sentía todo se inclinó más cerca del hombre que no sentía nada en absoluto.

Por una fracción de segundo en el tiempo, sentí un poco de su dolor mientras ella se encontraba con mi frialdad, y a ninguno de los dos parecía importarle.
—No puedes irte a casa —le dije, mirando mi reloj, viendo que era


casi medianoche—. Llueve a cántaros y condujiste tu bicicleta hasta mi casa.
—Está bien. Estaré bien —me dijo, tratando de agarrar su chaqueta del armario del frente.
—No es seguro. Yo te llevaré.


—De ninguna manera —argumentó—. Talon tiene un resfriado. No debería salir de la casa, especialmente bajo la torrencial lluvia. Además, tú también estás un poco enfermo —me dijo.

—Puedo manejar un resfriado —dije.

—Sí, pero tu hija no puede. Estaré bien. Además, hay whisky de regreso a casa —bromeó, con los ojos todavía hinchados por su crisis emocional sobre el idiota.

Sacudí levemente mi cabeza, en desacuerdo.

—Quédate aquí por un momento. —Me apresuré a entrar en mi oficina, recogí tres de las cinco botellas de whisky colocadas sobre mi escritorio, y las llevé al vestíbulo donde se encontraba Lucy de pie—. Tuyos para elegir. Puedes tomar todo el whisky que quieras y una de las habitaciones libres para pasar la noche.

Entrecerró sus ojos.
—No vas a dejar que me vaya en mi bicicleta a casa esta noche, ¿no? —No, definitivamente no.
Mordió su labio inferior y entrecerró sus ojos.


—Bien, pero no puedes juzgarme por el intenso romance que Johnnie y yo vamos a tener —dijo, tomando la botella de whisky Johnnie Walker de mi mano.

—Trato. Si necesitas algo, puedes llamar a la puerta de mi oficina. Estaré despierto y puedo ayudarte.

—Gracias, Graham.
—¿Por qué?
—Me atrapaste antes de tocar el suelo.


Toc, Toc, Toc.

Eché un vistazo a la puerta de mi oficina cerrada y arqueé una ceja mientras escribía las últimas oraciones del capítulo veinte de mi manuscrito. Mi escritorio se hallaba cubierto de pañuelos y tenía una media botella de jarabe para la tos a mi lado. Mis ojos quemaban un poco de cansancio, pero sabía que todavía necesitaba otras cinco mil palabras antes de que pudiera dejarlo por hoy. Además, Talon estaría despierta en unas pocas horas por una botella de leche, por lo que parecía inútil ni siquiera considerar ir a la cama.

Toc, Toc, Toc.

De pie, me estiré un poco antes de abrir la puerta. Lucy se quedó allí con un vaso de whisky en la mano y una sonrisa notablemente amplia en los labios.

—Hola, Graham Cracker —dijo, tropezando un poco mientras se balanceaba de un lado a otro.
—¿Necesitas algo? —pregunté, completamente consciente y alerta—. ¿Estás bien?
—¿Eres un psíquico? —preguntó, poniendo el vaso en sus labios y tomando un sorbo—. ¿O un mago?


Arqueé una ceja.
—¿Te ruego me disculpes?


—Quiero decir, tienes que ser uno de esos —dijo, bailando por el pasillo, de ida y vuelta, girando, girando, tarareando—. Porque, ¿cómo sabías que Richard... eh, Idiota, rompería conmigo? He estado pensando en eso repetidas veces con Johnnie esta noche, y he llegado a la conclusión de que la única forma en que podrías haberlo sabido es si eres un psíquico. —Se acercó a mí y tocó mi nariz una vez con su dedo índice—. O un mago.

—Estás borracha.
—Estoy feliz.


—No, estás borracha. Simplemente cubres tu tristeza con una manta de whisky.

— Que sera, sera10. —Soltó una risita antes de intentar mirar dentro de mi oficina—. Entonces, ¿es ahí donde sucede la magia? —Soltó una risita y luego se cubrió su boca por un segundo antes de acercarse más y susurrar—: Quiero decir, magia como en tus historias, no en tu vida sexual.

—Sí, lo imaginé, Lucille. —Cerré la puerta de mi oficina, dejándonos de pie en el pasillo—. ¿Te gustaría algo de agua?
—Sí, por favor, del tipo que sabe a vino.
Pasamos por la sala de estar, y le dije que me esperara en el sofá para tomar la bebida.


—Oye, Graham Cracker —gritó—. ¿Cuál es tu mayor esperanza? —Ya te lo dije —grité en respuesta—. No tengo esperanza.

Cuando volví, se hallaba sentada en el sofá con una sonrisa en su rostro.

—Aquí tienes —dije, entregándole el vaso.
Tomó un sorbo de agua y sus ojos se abrieron, aturdidos.


—Oh, Dios mío, sé quién eres ahora. No eres un psíquico, no eres un mago… ¡eres el Jesús opuesto! —exclamó, con los ojos abiertos de par en par en asombro.

—¿El Jesús opuesto?
Asintió rápidamente.


—Has convertido el vino en agua. —Incluso yo no pude contener mi sonrisa por eso, y se dio cuenta rápidamente—. Lo hiciste, Graham Cracker. Sonreíste.

—Un error.
Inclinó su cabeza, estudiándome.
—Mi error favorito hasta el momento. ¿Puedo contarte un secreto? —Por supuesto.


—Puede que no seas psíquico, pero a veces creo que lo eres, y tengo esta psíquica sensación de que algún día voy a llegar a ti.
—Oh, lo dudo. Eres bastante molesta —bromeé, haciéndola reír. —Sí, pero, aun así. Soy como una uña encarnada. Una vez que alguien me deja entrar, entierro mis garras.

—Qué cosa tan desagradable para compararte. —Hice una mueca—. Quiero decir, esa es, literalmente, la peor comparación que he escuchado antes.

Hincó su dedo en mi pecho.
—Si terminas usando eso en una de tus novelas, quiero regalías. —Haré que mi abogado hable con tu abogado. —Sonreí.


—Oh, lo hiciste de nuevo —dijo, inclinándose hacia mí con asombro—. Sonreír te queda bien. No tengo idea de por qué evitas hacerlo. —Simplemente piensas que se ve bien en mí porque estás ebria. —No estoy ebria —insistió, arrastrando sus palabras un poco en el proceso—. Estoy perfectamente sobria.
—No podrías caminar en línea recta si tu vida dependiera de ello —le dije.

Lo tomó como un desafío y saltó del sofá. Cuando comenzó a caminar, extendió sus brazos como si estuviera caminando en una cuerda invisible.

—¡Mira! —dijo un segundo antes de tropezar, forzándome a lanzarme para atraparla. Ella se recostó en mis brazos, miró hacia mis ojos y sonrió—. Lo tenía totalmente.

—Lo sé —le dije.
—Esta es la segunda vez que me atrapas en un día.
—La tercera es la vencida.


Su mano descansó en mi mejilla y me miró a los ojos, haciendo que mi corazón se detuviera por unos momentos.
—A veces me asustas —dijo con franqueza—. Pero la mayoría de las veces tus ojos me ponen triste.
—Lo siento, por cualquier cosa que haya hecho para asustarte. Es lo último que quisiera hacer.
—Está bien. Cada vez que entro y estás jugando al escondite con Talon, veo tu verdadera aura.


—¿Mi aura?
Asintió una vez.


—Para el resto del mundo, pareces tan oscuro y sombrío, pero cuando miras a tu hija, todo cambia. Toda tu energía cambia. Te vuelves más ligero.

—Estás borracha —le dije.
—¡Puedo caminar en línea recta! —discutió de nuevo, tratando de mantenerse en pie, pero fallando—. Oh, espera, no puedo, ¿verdad?

Negué con la cabeza.
—Definitivamente no puedes.
Siguió tocando mi rostro, sintiendo mi barba en sus manos.


—Talon tiene mucha suerte de tenerte como su padre. Eres un humano realmente de mierda, pero un padre increíble. —Su voz se sentía empapada en amabilidad y confianza inapropiada, lo que hizo que mi corazón latiera de una manera que estaba seguro que me mataría.

—Gracias por eso —dije, aceptando por completo ambos de sus comentarios.
—Por supuesto. —Soltó una risita antes de aclarar su garganta una vez—. ¿Graham Cracker?

—¿Sí, Lucille?
—Voy a vomitar.


La tomé en mis brazos y la llevé al baño. En el momento en que la puse en el piso, envolvió sus brazos alrededor del inodoro, y envolví su cabello salvaje en mis manos, manteniéndolo fuera del camino mientras Lucy parecía perder todo lo que alguna vez puso en su estómago.

—¿Mejor? —pregunté después de que terminara.
Se echó hacia atrás un poco y negó con la cabeza.


—No. Se suponía que Johnnie Walker me haría sentir mejor, pero mintió. Me hizo sentir peor. Odio a los chicos que mienten así y rompen corazones.

—Deberíamos llevarte a la cama.
Asintió y se levantó, pero estuvo a punto de caerse.


—Te tengo —le dije, y asintió una vez antes de permitirme levantarla en mis brazos.

—La tercera vez es la vencida —susurró. Cerró sus ojos mientras apoyaba la cabeza contra mi pecho, y los mantuvo cerrados todo el tiempo que aparté las mantas, la acosté y coloqué la manta sobre su pequeño cuerpo.

—Gracias —susurró mientras apagaba la luz.
Dudaba que recordara alguno de los eventos de la noche cuando llegara la mañana, lo cual era probablemente lo mejor.
—Por supuesto.


—Lamento que mi hermana te haya dejado —dijo, bostezando con sus ojos todavía cerrados—. Porque a pesar de que eres frío, todavía eres muy cariñoso.

—Lamento que Idiota te dejara —respondí—. Porque incluso cuando estás enojada, sigues siendo muy amable.

—Duele —susurró, envolviendo sus brazos alrededor de una almohada y acercándola más a su pecho. Sus ojos permanecieron cerrados, y observé algunas lágrimas deslizarse—. Ser dejado atrás duele.

Sí.
Duele.

Me quedé parado por unos momentos, incapaz de apartarme de su lado. Como alguien que fue dejado atrás antes, no quería que se durmiera estando sola. Tal vez no me recordaría allí de pie por la mañana, y tal vez ni siquiera se hubiera preocupado. Pero sabía lo que era irme a la cama solo. Sabía el frío que la soledad dejaba flotando a través de una habitación oscura, y no quería que ella sufriera ese mismo sentimiento. Por lo tanto, me quedé. No pasó mucho tiempo para que se durmiera. Sus respiraciones eran suaves, sus lágrimas se detuvieron, y cerré la puerta. No podría entender por qué una persona dejaría a alguien tan gentil como ella, con o sin su extraño palo de salvia y cristales.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Vie 13 Abr - 4:36

Bueno Richard le ha dejado .... via libre hacia Graham.
¿Qué sois de las que os gusta sentir demasiado aunque luego sufráis mas o ser mas distantes y frios como Graham?
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por marquesa2 el Sáb 14 Abr - 9:33

gracias chicas por los aportes
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Dom 15 Abr - 4:56

14
LUCY
 

Ay, ay, ay.
Lentamente me senté en la cama, dándome cuent rápidamente de que no era mi cama en absoluto. Mis ojos examinaron la habitación, y me moví un poco en las sábanas. Mis manos cayeron sobre mi frente.


¡Ay!

Mi cabeza giraba mientras trataba de recordar lo que sucedió la noche anterior, pero todo parecía borroso. Sin embargo, la información más importante vino a mí inundándome de nuevo… Richard eligió Nueva York por encima de mí.

Giré a mi izquierda y encontré una pequeña bandeja en la mesita de noche con un vaso de jugo de naranja, dos tostadas, un tazón de bayas, un frasco de ibuprofeno y una pequeña nota.

Lo siento por engañarte anoche.
Soy un idiota. Aquí hay algo de medicina y desayuno para compensarte haciéndote sentir como una mierda esta mañana. —Johnnie Walker.


Sonreí y metí unas bayas en mi boca antes de tomar el ibuprofeno. Al enderezarme, caminé hacia el baño y lavé mi rostro… mi rímel se veía corrido por todas partes, haciéndome parecer a un mapache. Luego, utilicé la pasta de dientes del cajón superior y el dedo como el cepillo para limpiar mi desagradable aliento de la mañana después del whisky.

Cuando terminé de lavarme, oí a Talon llorar y rápidamente fui a ver cómo estaba. Entré en su cuarto de bebé y me detuve cuando vi a una señora mayor de pie junto a ella, cambiándole el pañal.

—¿Hola? —pregunté.
La mujer se giró por un momento y luego volvió a su tarea.


—Oh, hola, debes ser Lucy —exclamó la mujer, levantando a Talon en sus brazos y rebotando a la niña sonriente. Se giró hacia mí con una gran sonrisa—. Soy Mary, la esposa de Ollie.

—¡Oh, hola! Encantada de conocerte.

—A ti también, cariño. He escuchado mucho sobre ti de Ollie. No tanto de Graham, pero, bueno, conoces a Graham. —Guiñó un ojo—. ¿Cómo está tu cabeza?

—De alguna manera sigue ahí —bromeé—. Anoche fue duro.
—Los jóvenes y sus mecanismos de afrontamiento. Espero que te sientas mejor pronto.
—Gracias. —Sonreí—. Um, ¿dónde está Graham exactamente?


—Está en el patio trasero. Me llamó temprano esta mañana para pedirme que viniera a ver a Talon mientras él hacía algunos recados. Como sabes, eso es un gran problema para Graham, pedir ayuda a la gente, así que me precipité para vigilarla mientras él se iba y tú descansabas.

—¿Me dejaste el desayuno? —pregunté—. ¿Con la nota?
Sus labios se estiraron más, pero negó con la cabeza.


—No, señora. Todo eso fue Graham. Lo sé… estoy tan sorprendida como tú. No sabía fuera capaz.
—¿Qué hace en el patio trasero? —pregunté, caminando en esa dirección.


Mary me siguió, haciendo rebotar a Talon todo el camino. Entramos en la terraza y miramos por los amplios ventanales a Graham mientras cortaba el pasto. Sobre el pequeño cobertizo tenía bolsas de tierra y palas.

—Bueno, parece que está haciendo un jardín.
Mi pecho se apretó ante la idea, y las palabras no vinieron a mí.
Mary asintió una vez.


—Le dije que esperara para cortar el pasto, ya que llovió ayer por la noche, pero parecía ansioso por empezar.

—Eso es increíble.
Asintió.—También pensé lo mismo.
                   

—Puedo cuidar a Talon por ti, si necesitas irte —ofrecí.

—Solo si te sientes bien. Necesito irme si voy a preparar la ceremonia religiosa de la tarde. Aquí tienes. —Me entregó a Talon y besó su frente—. Es increíble, ¿no? —preguntó—. Cómo hace unos meses, no estábamos seguros de si ella iba a lograrlo, pero ahora está más aquí que nunca.

—Tan, tan increíble.
Colocó su mano en mi antebrazo, un toque suave, y me dio una sonrisa cálida, al igual que su marido.


—Me alegra que finalmente pudiéramos conocernos.
—Yo también, Mary. Yo también.


Salió de la casa unos minutos más tarde. Talon y yo nos quedamos en la terraza acristalada, observando a Graham trabajar duro afuera, girando su cabeza de vez en cuando para toser. Tenía que estar helado allí después de la fría lluvia de la noche anterior, y no podría haber estado haciendo nada bueno para su resfriado.

Caminé hacia la puerta trasera que conducía al patio y la abrí, una brisa fría rozando mi cuerpo.

—Graham, ¿qué haces?
—Solo arreglando el patio trasero.
—Hace mucho frío aquí, y estás empeorando tu resfriado. Entra. —Ya casi termino, Lucille. Solo dame unos minutos más. Arqueé una ceja, confundida de por qué parecía tan decidido. —Pero, ¿por qué? ¿Qué haces?


—Me pediste que hiciera un jardín —dijo, secando su frente con el dorso de la mano—. Así que te estoy haciendo un jardín.

Mi corazón.
Explotó.
—¿Estás haciendo un jardín? ¿Para mí?


—Has hecho mucho por mí —respondió—. Has hecho aún más por Talon. Lo menos que puedo hacer es construir un jardín para que puedas tener otro lugar para meditar. Compré una tonelada de fertilizante orgánico… me dijeron que era el mejor, y pensé que un bicho raro hippie como tu disfrutaría de la parte orgánica. —No se equivocaba—. Ahora cierra esa puerta antes de hacer que mi hija se congele.

Hice lo que me dijo, pero ni por un segundo quité mis ojos de él. Cuando terminó, estaba cubierto de tierra y sudor. El patio trasero lucia hermosamente recortado, y lo único que faltaba eran las plantas.

—Me imagino que puedes elegir las flores, las semillas o las jardineras de cualquier jardín —me dijo mientras limpiaba su frente—. No sé nada sobre este tipo de cosas.

—Sí, por supuesto. Guau, esto es solo... —Sonreí, mirando al patio— . Guau.
—Puedo contratar a alguien para plantar lo que elijas —me dijo.


—Oh, no, por favor déjame. Esa es mi parte favorita de la primavera… hundir las manos en la tierra en el suelo y sentirme a mí misma reconectarme con el mundo. Es muy sólido.

—Y una vez más, tu lado raro se está mostrando —dijo con un pequeño brillo en los ojos, como si estuviera... ¿burlándose de mí?—. Si te parece bien, me gustaría ducharme. Entonces puedo tomar a Talon para que comiences tu día.

—Sí, por supuesto. Sin prisa.
—Gracias.
Comenzó a alejarse, y yo lo llamé.
—¿Por qué hiciste esto? —pregunté—. ¿El jardín?
Bajó su cabeza y se encogió de hombros antes de mirarme a los ojos.


—Una mujer inteligente una vez me dijo que era un humano de mierda, y hago mi mejor esfuerzo para ser un poco menos de mierda. —Oh, no. —Puse el cuello de mi camisa sobre el rostro y arrugué mi nariz—. Lo dije anoche, ¿no?

—Lo hiciste, pero no te preocupes. A veces la verdad necesita ser expresada. Era mucho más fácil escucharlo de alguien tan risueño, borracho y amable como tú.

—Lo siento, ¿vamos de nuevo? —me preguntó Mari esa tarde mientras caminábamos con nuestras bicicletas hacia la ruta de senderismo. La primavera siempre era emocionante porque podíamos andar en bicicleta mucho más y explorar la naturaleza. Claro, me encantaba más que a mi hermana, pero en algún lugar profundo, profundo, profundo de su alma, estaba segura de que se sentía agradecida de tenerme para mantenerla sana.

—Lo sé. —Asentí—. Es raro.

—Es más allá de lo extraño. No puedo creer que Richard rompiera contigo a través de una llamada telefónica. —Jadeó. Luego hizo una mueca—. Bueno, pensándolo bien, me sorprende que hayan tardado tanto en romper.

—¡¿Qué?!
—Quiero decir, solo digo. Ustedes dos eran muy parecidos al principio, Lucy. Fue un poco molesto la clase de pareja perfecta que ustedes dos eran, pero con el tiempo, ambos parecieron... cambiar.


—¿De qué hablas?
Se encogió de hombros.


—Solías reírte todo el tiempo con Richard, pero últimamente... no puedo pensar en la última vez que te hizo reír. Además, dime la última vez que te preguntó cómo te iba. Cada vez que lo veía, él hablaba de sí mismo.

Escuchar eso de parte de Mari no hizo que fuera más fácil lidiar con el hecho de que Richard rompió conmigo. Sabía que ella también tenía razón. La verdad del asunto era que Richard no era el mismo hombre que se enamoró de mí hace tantos años, y yo estaba lejos de ser la chica que él sabía que era.

—Maktub —susurré, mirando hacia abajo a mi muñeca. Mari sonrió en mi dirección y saltó sobre su bicicleta.

—Maktub, de hecho. Puedes mudarte conmigo, entonces no estarás atrapada en su departamento. Será perfecto. Necesito más tiempo de hermana. Míralo de esta manera… al menos ahora no tienes un bigote yendo hacia abajo.

Reí.
—Richard no ha ido abajo en lo que parecen años.
Su boca se abrió con incredulidad.


—Entonces deberías haber roto con él hace años, hermana. Un tipo que no baja no tiene derecho a tus servicios una vez que sube. Mi hermana se encontraba llena de conocimiento irrefutable. —No pareces tan triste por eso —mencionó Mari—. Estoy un poco sorprendida.

—Sí, bueno, después de beber mi peso en whisky ayer por la noche y pasar el resto de la mañana meditando hoy, me siento bien. Además, Graham me hizo un jardín esta mañana.

—¿Un jardín? —preguntó, sorprendida—. ¿Es esa su forma de disculparse?
—Creo que sí. También compró una tonelada de fertilizante orgánico.


—Bueno, él obtiene una A por eso. Todo el mundo sabe que el camino hacia el perdón de Lucy es a través de la tierra y el fertilizante orgánico.

Amén, hermana.

—Entonces, ¿todavía vamos a ir a visitar el árbol de mamá al norte para la Pascua? —pregunté mientras comenzábamos a andar en bicicleta por el sendero. Todas las vacaciones, Mari y yo hacíamos todo lo posible para compensar la visita de mamá. Uno de los viejos amigos de mamá tenía una cabaña en el norte que no usaba a menudo, y allí fue donde plantamos el árbol de mamá hace tantos años, rodeado de gente de todo el país que formaban su familia.

Si aprendí algo de todos mis viajes con mamá, fue que la familia no era construida por sangre, sino que era construida por el amor. —Así que me vas a odiar, pero voy a visitar a un amigo ese fin de semana —dijo Mari.
—¿Oh? ¿Quién?


—Iba a tomar el tren a Chicago para ver a Sarah. Ella está de vuelta en los Estados Unidos visitando a sus padres, y pensé que aparecería, ya que no la había visto desde que estoy mejor. Han pasado muchos años.

Sarah era una de las amigas más cercanas de Mari y una viajera del mundo. Era casi imposible determinar dónde estaría Sarah un mes después, así que comprendía completamente la elección de Mari. Simplemente apestaba porque con Richard fuera, serían las primeras vacaciones que estaría pasando sola.

¡Ay, Maktub!


Última edición por axcia el Dom 15 Abr - 4:58, editado 1 vez
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Dom 15 Abr - 4:57

15

GRAHAM

 

El Profesor Oliver se hallaba sentado frente a mí en mi escritorio, sus ojos vagando por el primer borrador de los capítulos diecisiete al veinte de mi novela. Me senté esperando impacientemente mientras volteaba cada página lentamente, sus ojos entrecerrados, sumido en sus pensamientos.

De vez en cuando miraba en mi dirección, hacía un leve tarareo y luego volvía a leer. Cuando finalmente terminó, volvió a colocar los papeles en mi escritorio y permaneció en silencio.

Esperé, arqueé una ceja, pero, aun así, sin sonido.
—¿Bien? —pregunté.


El profesor Oliver se quitó las gafas y cruzó la pierna sobre su rodilla. Con una voz muy tranquila, finalmente habló—: Es como si un mono tomara una gran mierda e intentara escribir en ella su nombre con la cola. Solo que el nombre del mono es John y él escribió María.

—No es tan malo —argumenté.
—Oh, no. —Sacudió la cabeza—. Es peor.
—¿Qué está mal con él? —pregunté.
Se encogió de hombros.
—Es solo algo sin valor. Todo gordo, sin carne.


—Es el primer borrador. Se supone que es una mierda.

—Sí, pero se supone que es mierda humana, no mierda de mono. Graham, eres uno de los más vendidos del New York Times. Eres uno de los más vendidos del Wall Street Journal. Tienes millones de dólares en tu cuenta bancaria gracias a tu destreza en la creación de historias, y hay numerosos admiradores en todo el mundo con tus palabras tatuadas en sus cuerpos. Por lo tanto, es una pena que hayas tenido el valor de entregarme esta completa y absoluta mierda. —Se puso de pie, alisó su traje de terciopelo y negó con la cabeza—. Talon puede escribir mejor que eso.

—Bromeas. ¿Leíste la parte sobre el león? —pregunté.
Rodó los ojos con tanta fuerza, tanto que seguramente sus ojos se perderían en la parte posterior de su cabeza.


—¡¿Por qué diablos hay un león suelto en la Bahía de Tampa?! No… simplemente no. Encuentra una forma de relajarte, ¿de acuerdo? Debes relajarte, liberarte un poco. Tus palabras se leen como si tuvieras un palo en el culo, y el palo ni siquiera te está molestando.

Aclaré mi garganta.
—Eso es realmente raro de decir.
—Sí, bueno, al menos no escribo mierda de mono.
—No. —Sonreí—. Solo la hablas.


—Escucha atentamente, ¿de acuerdo? Como el padrino de Talon, estoy orgulloso de ti, Graham.
—¿Desde cuándo eres su padrino?


—Es un título autoproclamado, y no mates mi espíritu, hijo. Como decía, estoy orgulloso de cuán gran padre eres para tu hija. Cada minuto de tu día lo pasas cuidando de ella, lo cual es increíble, pero, como tu mentor de escritura, te pido que te tomes un tiempo para ti. Fuma un poco de crack, folla a un extraño, come hongos extraños. Solo relájate un poco. Te ayudará con tus historias.

—Nunca antes tuve que relajarme —le dije.
—¿Antes tampoco follabas? —respondió con una ceja arqueada. Bueno, mierda.


—Adiós, Graham, y por favor, no me llames hasta que estés drogado o tengas sexo.
—Probablemente no voy a llamarte mientras estoy teniendo sexo.


—Está bien —dijo, agarrando su sombrero de fieltro del escritorio y colocándolo en su cabeza—. Probablemente no duraría lo suficiente como para que marques mi número de todos modos —se burló.

Dios, odiaba a ese hombre.
Lástima que fuera mi mejor amigo.


—Oye, Talon está lista para una siesta. Solo quería ver si querías que ordenara una piz... —Las palabras de Lucy se desvanecieron cuando entró en mi oficina—. ¿Qué haces? —preguntó cautelosamente.

Dejé mi teléfono sobre mi escritorio y aclaré mi garganta.
—Nada.
Sonrió y sacudió la cabeza.
—Te tomabas una selfie.


—No lo hacía —argumenté—. Una pizza está bien. Solo queso en mi mitad.
—No, no, no, no puedes cambiar el tema. ¿Por qué te tomas selfies mientras estás vestido con traje y corbata?
Me enderecé la corbata y volví a mi escritorio.
—Bueno, si tienes que saberlo, necesito una foto mía para subirla a este sitio.


—¿Que sitio? ¿Te unirás a Facebook?
—No.


—Entonces, ¿en qué sitio? —Soltó una risita para sí misma—. Cualquier cosa menos Tinder y estarás bien.

Mi mandíbula se tensó, y dejó de reír.
Oh, Dios mío, ¡¿te unirás a Tinder?! —vociferó.


—Dilo un poco más fuerte, Lucille. No estoy seguro de que los vecinos te hayan escuchado.

—Lo siento, yo solo... —Entró hacia mi oficina y se sentó en el borde de mi escritorio—. G.M. Russell se unirá al mundo de Tinder... sabía que se sentía un poco fría la casa.

—¿Huh?

—Quiero decir, cuando te conocí por primera vez, pensé que eras el demonio, lo que significaba que tu hogar era un infierno, lo que significa que ahora que está haciendo frío, que…

—El infierno finalmente se ha congelado. Inteligente, Lucille.
Agarró mi teléfono celular y comenzó a intentar desbloquearlo.
—¿Puedo ver tus fotos?
—¿Qué? No.


—¿Por qué no? Sabes que Tinder es como... un sitio de buscar parejas, ¿verdad?

—Soy plenamente consciente de lo que es Tinder.
Sus mejillas enrojecieron y mordió su labio inferior.
—Estás tratando de follar, ¿eh?


—El Profesor Oliver está convencido de que mi escritura sufre por el hecho de que no he tenido sexo en un tiempo para relajarme. Piensa que estoy tenso.

—¡¿Qué?! —Jadeó—. ¡¿Tú?! ¡¿Tenso?! ¡De ninguna manera! —De todos modos, está cien por ciento equivocado sobre el manuscrito. Es bueno.

Frotó sus manos, cautivada.
—¿Lo es? ¿Puedo leerlo?
Dudé, y puso sus ojos en blanco.


—Soy tu mayor fan, ¿recuerdas? Si no me gusta, sabrás que Ollie tenía razón. Si me encanta, sabrás que tienes razón.
Bueno, me encantaba tener razón.


Le di los capítulos, y se sentó a leer, sus ojos recorriendo las páginas de un lado a otro. De vez en cuando me miraba con una mirada preocupada. Finalmente, terminó y aclaró su garganta.

—¿Un león?
Mierda.
Puse mis ojos en blanco.
—Tengo que follar.
—Quítate la corbata, Graham.
—¿Disculpa?


—Necesito que desbloquees tu teléfono y te quites la corbata y la chaqueta del traje. Ninguna chica que intenta tener sexo está en busca de un hombre con un maldito traje y corbata. Además, abrochaste el botón superior de tu camisa.

—Es elegante.
—Parece que tu cuello tiene un muffin en la parte superior.


—Estás siendo ridícula. Este es un traje de diseñador hecho a medida.

—Ustedes los ricos y sus etiquetas. Todo lo que escucho es que no es un pene, y por lo tanto elimina tus oportunidades de tener sexo. Ahora, desbloquea tu teléfono y quítate la corbata.

Enfadado, seguí sus órdenes.
—¿Mejor? —pregunté, cruzando los brazos.
Hizo una mueca.


—Un poco. Aquí, desabrocha los tres botones superiores de tu camisa.
Hice lo que me dijo, y asintió, tomando fotografías.


—¡Sí! Pelo en el pecho… las mujeres que tratan de acostarse aman un poco de vello en el pecho. Se sienten como los tres cerditos; tiene que ser la cantidad correcta. No demasiado, no muy poco, tu cabello es simplemente correcto. —Sonrió.

—¿Has estado bebiendo de nuevo? —pregunté.
Rio.
—No. Esta soy solo yo.
—Eso es a lo que me temía.


Después de tomar algunas fotos, las estudió con el ceño fruncido más grande que jamás haya visto.

—Sí, no. Tienes que quitarte la camisa por completo.
—¿Qué? No seas ridícula. No me quitaré la camisa frente a ti.


—Graham —se quejó Lucy, poniendo sus ojos en blanco—. Te quitas la camisa cada dos días haciendo esa cosa de canguro con Talon. Ahora cállate y quítate la camisa.

Después de discutir un poco más, finalmente cedí. Incluso me hizo cambiar a unos vaqueros negros oscuros… para “lucir más varonil". Empezó a tomar fotografías, diciéndome que girara a la izquierda y a la derecha, que sonriera con mis ojos, fuera lo que fuese lo que eso significara, y ser temperamental pero sexy.

—Bien, una más. Gira hacia un lado, baja un poco la cabeza y desliza las manos en los bolsillos traseros. Mira como si odiaras todo acerca de que esté tomándote fotos.

Suficientemente fácil.
—Allí —dijo, sonriendo de oreja a oreja—. Tus imágenes ahora están cargadas. Ahora todo lo que queda por hacer es perfeccionar tu biografía. —No es necesario —le dije, alcanzando mi teléfono—. Ya hice esa parte.
Levantó una ceja, parecía insegura, y luego fue a leerla.


—“Autor más vendido del New York Times que tiene una hija de seis meses. Casado, pero la esposa se escapó. Buscando pareja. Además, mido un metro ochenta”.

—Todo el mundo parece poner su altura. Supongo que es algo. —Esto es horrible. Aquí, lo arreglaré.

Me apresuré hacia ella, parándome detrás para mirar lo que escribía.

Buscando sexo. Soy un gran idiota11.
—Creo que quieres decir que tengo una gran polla —comenté. Respondió maliciosamente—: No, quise decir lo que escribí. Gruñí y fui a agarrar mi teléfono.
—Está bien, está bien, ¡intentaré de nuevo!
Buscando sexo casual, sin compromiso alguno.
A menos que te guste estar atada.
Buscándote, Anastasia12.

—¿Quién es Anastasia? —pregunté.
Lucy arrojó mi teléfono y rio para sí misma.


—Todo lo que importa es que las mujeres lo entenderán. Ahora todo lo que tienes que hacer es deslizar el dedo hacia la derecha si las encuentras atractivas, a la izquierda si crees que no lo son. Entonces, solo espera a que suceda la magia.

—Gracias por tu ayuda.

—Bien, me diste un jardín, así que lo menos que puedo hacer es hacer que folles. Ahora voy a ordenar la pizza. Estoy agotada después de todo eso.

—¡Solo queso en mi mitad! ¿Oh, Lucille?
—¿Sí?
—¿Qué es Snapchat13?
Entrecerró sus ojos y negó con la cabeza dos veces.


—No, ni siquiera toques ese tema. Solo una aventura en redes sociales por noche. Dejaremos el snapping para otro día.

 

11 En inglés Dick, que en español también significa Polla.
12 Haciendo referencia al personaje de Anastasia Steele de Cincuenta Sombras de Grey.
13 Aplicación de mensajería, con soporte multimedia de imagen, videos, etc.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Dom 15 Abr - 4:57

16

LUCY

 

La primera cita de Graham en Tinder fue un sábado, y antes de irse, lo obligué a cambiar su traje y corbata y ponerse una camiseta blanca y vaqueros oscuros.

—Se siente demasiado informal —se quejó.

—Um, no es como si tu ropa se fuera a quedar de todos modos. Ahora ve. Ve y separa algunas piernas, haz algunos movimientos pélvicos, y luego regresa a casa y escribe sobre historias de terror y monstruos.

Se fue a las ocho y media de la noche.
A las nueve, regresó.
Arqueé una ceja.


—Um, no pareces totalmente irrespetuoso con tu hombría y todo eso... fue la ronda de sexo más rápida en la historia del sexo. —No me acosté con ella —respondió Graham, dejando caer sus llaves sobre la mesa del vestíbulo.

—¿Qué? ¿Por qué?
—Resultó ser una mentirosa.


—¡Oh, no! —Fruncí el ceño, sintiendo que mi pecho se tensaba por él—. ¿Casada? ¿Niños? ¿Cien kilos más grande que su foto? ¿Tenía un pene? ¿Se llamaba George?

—No —dijo con dureza, desplomándose sobre el sofá de la sala. —Entonces, ¿qué era?
—Su cabello.
—¿Huh?


—Su cabello. En la aplicación, era morena, pero cuando llegué allí, era rubia.

Parpadeé repetidamente. Con la mirada completamente en blanco. —¿Podrías repetirlo?

—Solo digo que es obvio que, si miente sobre algo así, mentiría sobre la gonorrea y la clamidia. —La forma en que lo dijo con un rostro tan serio me hizo estallar en un ataque de risa.

—Sí, Graham, así es exactamente cómo funciona. —Reí, me dolía el estómago por reír tanto.

—Esto no es divertido, Lucille. Resulta que no soy una persona que puede simplemente dormir al azar con alguien. Estoy en una fecha límite, y no puedo imaginar cómo voy a terminar a tiempo para enviar el libro a mi editor. Se suponía que estuviera listo cuando Talon naciera. Eso fue hace más de seis meses.

Sonreí ampliamente y mordí mi labio inferior.
—¿Sabes qué? Creo que tengo una idea, y estoy ciento por ciento segura de que vas a odiarla.
—¿Qué es? —preguntó.
—¿Alguna vez has oído hablar del yoga caliente?


—Soy el único hombre aquí —susurró Graham mientras entraba en el estudio de yoga conmigo el domingo por la mañana. Él usaba una camiseta sin mangas blanca con pantalones deportivos grises, y lucía aterrorizado.

—No seas tonto, Graham Cracker. El instructor es un chico. Toby. Encajarás bien.
Mentí.


No encajaba bien, pero al menos ver a un hombre adulto con músculos en la parte superior de los músculos tratando de hacer un saludo al sol fue lo más destacado de mi vida, y de las vidas de todas las mujeres en clase esa mañana.

—Ahora viaja de la cobra al perro acostado hacia el pichón con movimientos controlados —instruyó Toby.
Graham gimió, haciendo los movimientos, pero quejándose todo el tiempo.
—Cobra, pichón, camello, ¿Por qué cada movimiento lleva el nombre de una posición sexual? —preguntó.
Solté una risita.
—Sabes, la mayoría de la gente diría que esos son nombres de animales, Graham Cracker, no de posiciones sexuales.
Giró hacia mí y después de un segundo, la comprensión se abrió paso. Una pequeña sonrisa se formó.
Touché.
—Estas súper tenso —señaló el instructor a Graham mientras caminaba para ayudarlo.
—Oh, no, no tienes que… —comenzó a decir Graham, pero ya era demasiado tarde. Toby lo ayudaba a ajustar sus caderas.
—Relájate —dijo Toby con su voz tranquilizadora—. Relájate.


—Es difícil relajarse cuando un extraño está tocando mi... —Los ojos de Graham se abrieron de par en par—. Sí, ese es mi pene. En realidad, me estás tocando el pene —murmuró Graham mientras el instructor lo ayudaba con una de las posiciones.

No podía dejar de reírme de lo ridículo e incómodo que parecía Graham. Su rostro era tan severo, y cuando Toby hizo que Graham sacudiera el trasero, las lágrimas rodaban por mis mejillas por la risa.

—Bien, clase, un respiro final. Entran las buenas energías, salen las malas. Namasté. —Toby se inclinó ante todos nosotros, y Graham simplemente se quedó allí, tirado en el piso en una pila de sudor, lágrimas y su hombría.

Seguí riéndome para mí misma.

—Vamos, levántate. —Me acerqué a él, y tomó mi mano mientras lo levantaba. Cuando se puso de pie, sacudió su desagradable y sudoroso cabello sobre mí—. ¡Ew! Eso es asqueroso.

Con una sonrisa astuta, dijo—: Hiciste que me tocaran en público, así que disfruta mi sudor.
—Créeme, tienes suerte de que sea Toby quien te haya tocado en vez de las mujeres que ahora te están mirando en la esquina justo ahora.


Se giró para ver a las mujeres que lo miraban, saludando. —Ustedes, mujeres y sus mentes impulsadas por el sexo —bromeó.

—Dice el hombre que hace el camello como una posición sexual. ¿Qué haces exactamente? ¿Simplemente te sientas de rodillas y "empujas sus caderas" haciendo esto repetidas veces? —Seguí haciendo el movimiento de joroba, que volvió el rostro de Graham aún más rojo de lo que fue durante la clase.

—Lucille.
—¿Sí?
—Deja de follar al aire.


—Lo haría, pero tu vergüenza es muy gratificante en este momento. —Reí. Era tan fácil humillarlo, y sabía que estar cerca de mí en público sería horrible para él. Tomaría todas las oportunidades para hacerme parecer una tonta—. Está bien, no hace falta decir que el yoga caliente no es lo tuyo.

—De ningún modo. En todo caso, me siento más estresado y un poco violado —bromeó.

—Bueno, déjame probar algunas cosas más para ver si te ayudan. Él arqueó una ceja como si pudiera leer mi mente.

—Vas a quemar salvia en mi casa, ¿verdad? ¿O poner cristales en el alféizar de mi ventana?
—Oh, sí. —Asentí—. Voy a salir de tu casa con hippies extraños, y luego me vas a ayudar en el jardín.



Pasé las siguientes semanas en el patio trasero, enseñándole a Graham los pormenores de la jardinería. Plantamos frutas, vegetales y hermosas flores. Hice líneas de girasoles que se verían tan hermosas a medida que crecieran. En un rincón del patio había un banco de piedra, que sería perfecto para las meditaciones energéticas de la mañana y excelente como un rincón de lectura por la tarde. Lo rodeé con hermosas flores que iluminarían la zona: lirios peruanos, nepeta faasseniiscoreopsis, nomeolvides y margaritas de gloriosa. Los colores serían hermosos mezclados. Los rosas, azules, amarillos y morados agregarían un toque de color a la vida de Graham, eso era seguro.

Cuando el monitor de bebé comenzó a sonar, Graham se levantó de la tierra.

—La voy a buscar.
Solo pasaron unos minutos antes de escucharlo gritar mi nombre. —¡LUCILLE!


Me senté en el suelo, alarmada por la urgencia en el grito de Graham.
—¡LUCILLE, DE PRISA!
Me levanté de un salto, mi corazón latía con fuerza en mi pecho, la tierra cubría mi rostro y corrí a la casa.


—¿Qué pasa?! —vociferé de vuelta.
—¡En la sala de estar! ¡Apresúrate! —gritó una vez más.


Corrí, aterrorizada por lo que estaba a punto de presenciar, y cuando llegué al espacio, mi corazón aterrizó en mi garganta mientras cubría mi boca con mis manos.

—Oh, Dios mío —dije, mis ojos se llenaron de lágrimas mientras miraba a Talon.

—Lo sé, ¿verdad? —dijo Graham, sonriendo a su hija. Durante mucho tiempo, hizo todo lo posible para mantener sus sonrisas, pero no había podido últimamente. Cuanto más reía y sonreía Talon, más se abría el corazón de Graham.

Él sostenía a Talon en sus brazos, alimentándola.
Bueno, él no la alimentaba… ella se estaba alimentando, sosteniendo la botella con sus propias manos por primera vez. Mi corazón estalló de emoción.


—Estaba alimentándola, y ella envolvió sus manos alrededor de la botella y comenzó a sostenerla por si misma —me dijo, sus ojos abiertos de par en par con orgullo.

Mientras la animábamos, Talon comenzó a reírse y escupió leche en el rostro de Graham, haciéndonos reír a ambos. Agarré un trapo y limpié la leche de su mejilla.

—Ella me sorprende todos los días —dijo, mirando a su hija—. Es una pena que Jane... —Hizo una pausa—. Que Lyric se esté perdiendo de eso. No tiene idea de lo que dejó atrás.

Asentí estando de acuerdo.
—Se está perdiendo todo. Es triste.
—¿Cómo fue crecer juntas? —Preguntó.


Me sentía un poco sorprendida, habíamos pasado meses juntos y él no me preguntó ni una vez sobre mi hermana.
Me senté en el sofá junto a él y me encogí de hombros.


—Nos mudamos mucho. Nuestra madre era un poco indecisa, y cuando mi papá no pudo soportar más, nos dejó. Lyric era mayor y notó más problemas que Mari y yo. Todos los días con mi madre se sentían como una nueva aventura. La falta de un hogar real nunca me molestó porque nos teníamos la una a la otra, y cada vez que necesitábamos algo, sucedía algún tipo de milagro.

—Pero Lyric no lo vio de esa manera. Ella se parecía mucho a nuestro padre, con los pies en la tierra. Odiaba no saber de dónde vendría nuestra próxima comida. Odiaba que a veces mamá diera el poco dinero que teníamos para ayudar a un amigo necesitado. Odiaba la inestabilidad de nuestras vidas, así que cuando finalmente tuvo suficiente, cuando ya no podía tomar a la persona que era mamá, hizo exactamente lo mismo que nuestro padre, se fue.

—Siempre ha sido una corredora —afirmó.

—Sí, y una parte de mí quiere odiarla por lo distante y fría que se volvió, pero otra parte comprende. Tuvo que crecer rápido, y de alguna manera, Lyric no se equivocaba. Nuestra madre era de alguna manera una niña, lo que significaba que no tuvimos mucha crianza cuando crecíamos. Lyric sintió como si tuviera que asumir ese papel y ser madre de sus padres.

—Por eso probablemente nunca quiso tener hijos —dijo—. Ya había hecho el papel de padre.
—Sí. Quiero decir, no perdona sus acciones, pero las hace más comprensibles.


—Creo que podría decir cuando la conocí que era una corredora. Además, estoy seguro que ella podría decir que yo era frío, que nunca le pediría que se quedara.

—¿La extrañas? —pregunté, mi voz baja.

—No —respondió rápidamente, sin vacilación alguna—. Ella y yo nunca estuvimos enamorados. Tuvimos un acuerdo tácito de que, si alguno se sentía listo para irse en algún momento, era libre de hacerlo. El arreglo matrimonial fue algo que pensó que la ayudaría a avanzar en su carrera.

—Simplemente éramos compañeros de habitación que a veces tenían sexo. Antes de Talon, hubiera estado bien si se hubiera ido. Hubiera sido completamente aceptable. Demonios, me sentía algo sorprendido de que se quedara tanto tiempo. No me habría importado, pero ahora... —Le sonrió a Talon mientras eructaba para él, y luego la acostó sobre la manta en el suelo—. Ahora la llamo cada noche y le pido que regrese, no por mí, sino por nuestra hija. Sé lo que es crecer sin una madre, y nunca querría eso para Talon.

—Lo siento mucho.
Se encogió de hombros.
—No es tu culpa. De todos modos, ¿cómo está el jardín?


—Perfecto. Es perfecto. Gracias de nuevo por el regalo. Significa más para mí de lo que puedas imaginar.
Asintió.


—Por supuesto. Supongo que te irás este fin de semana, ¿para las vacaciones? —Se deslizó del sofá al suelo y comenzó a jugar al escondite con Talon, lo que hizo que mi corazón hiciera volteretas.

—Se suponía que debía estarlo, pero resulta que pasaré sola las vacaciones.
—¿Qué? ¿Por qué?
Le expliqué que Mari estaría fuera de la ciudad, y que normalmente hacía el viaje al norte, pero no quería hacer el viaje sola.
—Deberías venir a la casa del Profesor Oliver con Talon y conmigo — ofreció Graham.


—¿Qué? No. No, está realmente bien.
Sacó su teléfono y marcó un número.
—¿Hola? Profesor Oliver, ¿cómo está?


—¡Graham, no! —susurré-gritando, extendiendo mí brazo para detenerlo, pero se puso de pie y no me permitió agarrar el teléfono.

—Bien, estoy bien. — Pausa—. No, no estoy tratando de echarme atrás. Te llamo para ver si puedes agregar otra silla a tu mesa. Parece que Lucille iba a sentarse en su apartamento para Pascua y llorar con una pinta de helado Ben & Jerry's, y aunque creo que eso es algo completamente normal, pensé que vería si pudieras alojarla en tu casa.

Otra larga pausa.
Graham sonrió.


—Muy bien. Gracias, Profesor Oliver. Te veremos este fin de semana. —Colgó y se giró hacia mí—. Tomaran un almuerzo a la una. Seremos nosotros, el Profesor Oliver y Mary, y su hija, Karla, y su prometida, Susie. Deberías traer un plato.

—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —grité, agarrando una almohada del sofá y lanzándola hacia él. Él sonrió aún más.
Dios, esa sonrisa.
Si hubiera sonreído con más frecuencia antes, seguramente Lyric nunca habría podido dejar su lado.
Levantó la almohada y me la arrojó, haciéndome caer hacia atrás sobre el sofá.
—Podemos conducir allí juntos. Puedo recogerte en tu casa. —Perfecto. —Agarré la almohada y se la arrojé—. ¿Código de vestimenta?
Me la arrojó por última vez y mordió su labio inferior, dejando que apareciera el pequeño hoyuelo en su mejilla derecha.
—Cualquier cosa que uses será lo suficientemente buena para mí. 
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por olsaal81 el Dom 15 Abr - 15:06

Me encanta el Graham que está empezando a despertar... muchas gracias por los capítulos
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olsaal81


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Lun 16 Abr - 13:28

Gracias a ti por seguir la lectura. Estoy contigo en que me gusta este nuevo Graham
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Lun 16 Abr - 13:29

17

GRAHAM

 

Llegué a la casa de Lucy para recogerla para el almuerzo de Pascua, y cuando bajó por la escalera del apartamento, me senté más recto en el asiento del conductor de mi auto. Talon balbuceó, y asentí una vez.

—Exactamente. —Lucy se veía hermosa. Usaba un vestido amarillo con tul debajo de la falda que lo hacía brillar. Su maquillaje era escaso a excepción del lápiz labial rojo manzana que combinaba con sus tacones altos. Llevaba su cabello trenzado con margaritas enhebradas, como una corona.

Salí del auto y corrí al lado del pasajero para abrirle la puerta. Ella me sonrió con un ramo de flores en una mano y un plato en la otra. —Bueno, no eres simplemente apuesto. —Sonrió.
—Solo un traje y una corbata —dije, quitándole el plato. Caminé hacia el otro lado del auto y abrí la puerta, colocando el plato en el asiento. Cuando volví a subir al asiento del conductor, cerré la puerta y miré una vez a Lucy.


—Te ves preciosa.
Rio y le dio unas palmaditas a su cabello antes de alisarse el vestido. —No se equivoca, señor.


Condujimos a la casa del Profesor Oliver, y cuando llegamos, le presenté a Lucy a la hija de Ollie, Karla, y a su prometida, Susie.

—Es un placer conocerte, Lucy —dijo Karla mientras entrábamos en la casa—. Diría que he oído hablar mucho de ti, pero conoces a Graham, el tipo no habla —bromeó.

—¿En serio? —pregunto Lucy sarcásticamente—. No puedo hacer que el chico se calle nunca.

Karla rio, tomó a Talon de mis brazos y besó su frente.
—Sí, esa es una boca muy ruidosa.


Karla era lo más cercano que tuve a una hermana, y discutíamos así también. Cuando era niña, ella entró y salió del programa de crianza y se encontró en muchos problemas con las drogas y el alcohol. Aunque nunca la conocí en ese momento. Cuando la encontré, ella ya había descubierto la vida. Era esta hermosa mujer afroamericana que era una fuerte activista para niños que no tienen un lugar al que llamar hogar.

El Profesor Oliver y Mary no se dieron por vencidos cuando era una adolescente, y Karla siempre dijo que, por eso, algo cambió en su corazón. No se les pediría a muchos niños ser adoptados a la edad de diecisiete años, sin embargo, Oliver y Mary no la dejarían ir.

Tenían esa habilidad sobre ellos, ver las cicatrices de las personas y llamarlas hermosas.

—Aquí, tomaré ese plato —ofreció Susie, tomando la bandeja de Lucy de ella. Susie también era una persona sensacional. Era una bella mujer asiática que luchaba arduamente por los derechos de las mujeres. Si alguna vez hubo una pareja destinada a una verdadera historia de amor, eran Karla y Susie.

Nunca fui una persona de personas, pero estas personas eran buenas.

Como Lucy.
Solo personas sinceras que no pidieron nada más que amor.


Cuando entramos en la cocina, Mary se hallaba allí, cocinando, y se apresuró a darme un beso en la mejilla y hacer lo mismo con Talon y Lucy.

—Te han pedido que te unas a Ollie en su oficina, Graham. Se suponía que debías traerle nuevos capítulos de tu libro para leer, y está esperando —dijo Mary. Miré a Lucy y Mary rio—. No te preocupes por ella, encajará bien. Cuidaremos bien de ella.

Lucy sonrió, mi corazón se expandió, y luego me dirigí a la oficina del Profesor Oliver.



Se sentó en su escritorio leyendo los últimos capítulos que le presenté, y esperé con impaciencia mientras sus ojos se movían de un lado a otro.

—Saqué el león —le dije.
—¡Shh! —ordenó, volviendo a leer. De vez en cuando hacía expresiones faciales mientras pasaba las páginas, pero, sobre todo, nada— . Bueno —dijo, terminando y bajando los papeles—. ¿No tuviste sexo?


—No.
—¿Y nada de cocaína?
—No.


—Bien. —Se recostó en su silla con incredulidad—. Eso es impactante, porque sea lo que sea lo que te hizo intensificar tu juego, es alucinante. Esto... —Sacudió la cabeza con incredulidad—. Este es el mejor trabajo que has escrito.

—¿Me estás jodiendo? —pregunté con un nudo en mi estómago. —No te jodo. Lo mejor que he leído en años. ¿Qué cambió? Me encogí de hombros y me levanté de la silla.
—Empecé a trabajar en el jardín.
—Ah. —Sonrió conocedor—. Lucy Palmer sucedió.


—Entonces, Karla, te debo cincuenta dólares —dijo Oliver, llegando a la mesa del comedor para el almuerzo después que terminamos de hablar en su oficina. Se enderezó la corbata y se sentó a la cabecera de la mesa—. Tenías razón sobre Graham, él todavía sabe cómo escribir. Resulta que no es una maravilla de veintisiete libros.

Lucy rio entre dientes, y sonaba hermosa.
—¿Apuestas contra las palabras de Graham?
Él arqueó una ceja.
—¿Leíste su último borrador?
Ella hizo una mueca.
—¿Cuál fue el trato con el león?
—Lo sé, ¡verdad! —vociferó, asintiendo—. ¡Ese maldito león!


—Está bien, está bien, entendimos, apesta. ¿Podemos seguir con la conversación? —pregunté.

Lucy me dio un codazo en el brazo.
—Pero el león.
—Era espantoso —coincidió el Profesor Oliver.
—Mal escrito.
—Extraño.
—Impar.
—Completa basura —dijeron los dos al unísono.
Puse mis ojos en blanco.


—Dios mío, Lucille, eres como la versión femenina de Oliver, mi peor pesadilla.

—O tu sueño favorito hecho realidad —se burló el Profesor Oliver, moviendo las cejas de una manera cómplice. Lo que él sabía... demonios si pudiera decirlo. Extendió la mano sobre la mesa en busca de tocino, y Karla le dio una palmada en la mano.

—Papá, no.
Gimió, y agradecí el cambio de tema.


—Unos trozos de tocino no me matarán, cariño. Además, es un día festivo.
—Sí, bueno, tu corazón no sabe que es feriado, así que dedícate al tocino de pavo que mamá hizo para ti.
Él hizo una mueca.


—Eso no es tocino. —Le sonrió a Lucy y se encogió de hombros—. Tienes un mini ataque al corazón una vez y tres cirugías menores de corazón, y la gente se toma esas cosas tan en serio por el resto de tu vida —bromeó.

Mary le sonrió a su marido y le dio unas palmaditas en la mano.

—Llámanos sobreprotectores, pero solo te queremos alrededor para siempre. Si eso incluye que nos odies por forzarte a comer tocino de pavo —Puso tres tiras en su plato—, que así sea.

— Touché, touché. —El Profesor Oliver asintió, mordiendo el tocino sin tocino—. Realmente no puedo culparlos. También me gustaría estar rodeado por mí para siempre.

Pasamos el resto del almuerzo riendo entre todos, intercambiando historias embarazosas y compartiendo recuerdos. Lucy escuchó las palabras de todos con tanta gracia, haciendo preguntas, deseando más detalles, participando plenamente en las conversaciones. Adoraba eso sobre ella, cómo era una persona tan popular. Hacía que cada habitación se llenara de luz cada vez que entraba al espacio.

—Lucy, estamos muy felices que te hayas unido a nosotros hoy. Tu sonrisa es contagiosa —dijo Mary mientras terminábamos la tarde. Todos nos sentamos en la mesa del comedor, llenos y disfrutando de la buena compañía.

Lucy sonrió ampliamente y alisó su vestido.
—Esto realmente ha sido increíble. Hubiera estado en casa sentada sola. —Rio.
—Normalmente no pasas las vacaciones sola, ¿verdad? —cuestionó Karla frunciendo el ceño.


—Oh, no. Siempre estoy con mi hermana, pero este año una vieja amiga suya regresó a los Estados Unidos por un corto período, así que fue a visitarla. Normalmente, Mari y yo vamos a la cabaña de un amigo a visitar el árbol de mi madre cada día festivo.

—¿Su árbol? —preguntó Susie.

—Sí. Después de que mi madre falleció hace años, plantamos un árbol para honrar su memoria, quitar una vida y hacerla crecer, incluso después de la muerte. Entonces, cada día de fiesta que vamos, comemos regaliz, el dulce favorito de mamá, y nos sentamos alrededor del árbol, escuchando música y respirando en la tierra.

—Eso es tan hermoso. —Karla suspiró. Se giró hacia Susie y le dio una palmada en el brazo—. Cuando muera, ¿plantarás un árbol en mi memoria?

—Plantaré una cerveza, parece más adecuado —respondió Susie.
Los ojos de Karla se abrieron de par en par y ella se inclinó para besar a Susie.


—Voy a casarme contigo tan duro en tres meses, mujer.
Los ojos de Lucy se abrieron de alegría.
—¿Cuándo se van a casar?


—Fin de semana del Cuatro de Julio, el fin de semana que nos encontramos —dijo Karla, mareada—. Íbamos a esperar hasta el próximo año, pero no puedo esperar más. —Se giró hacia el Profesor Oliver, sonriendo ampliamente—. Solo necesito que mi papá me lleve por el pasillo y me entregue a mi amor.

—Va a ser el mejor día —respondió Oliver, tomando la mano de su hija y besándola—. Solo superado por el día en que te convertiste oficialmente en mi hija.

Mi corazón se expandió aún más.

—Bueno, si necesitas una florista, sería un placer —ofreció Lucy.
Susie abrió sus ojos de par en par.
—¿En serio? Eso sería sorprendente. Me gusta, más que increíble.


Si no fuera por el amor que vi entre el Profesor Oliver y Mary, y el amor entre Karla y Susie, hubiera estado seguro que el amor era una leyenda urbana, algo hecho solo para libros de cuento de hadas.

Pero la forma en que esas personas se miraban entre sí, la forma en que amaban con tanta libertad y en voz alta...

Es verdad, el amor romántico era real.
Incluso si nunca hubiera podido sentirlo por mí mismo.


—Sabes, Graham aún necesita un acompañante para la ceremonia. Pista, pista. —Susie sonrió ampliamente.
Puse mis ojos en blanco, sintiendo un nudo en mi estómago. Un cambio de tema era necesario.


—Susie y Karla son increíbles cantantes —le dije a Lucy, inclinándome y empujándola en el costado—. Así es como se conocieron, en un escaparate de música del Cuatro de Julio. Deberías pedirles que canten algo.

—Graham está lleno de mierda —respondió Karla, arrojándole un trozo de pan.

—No, no lo está. —Mary sonrió—. Podría ser un poco parcial, pero son increíbles. Vamos, chicas, canten algo. —Justo en ese momento, el monitor de bebé de Talon comenzó a sonar, diciéndonos que se levantó de su siesta—. La agarraré, y ustedes, damas, elijan una canción —ordenó Mary.

—Mamá, cielos, no hay presión, ¿eh? —Karla puso sus ojos en blanco, pero había un poco de luz en su mirada que reveló cuánto le gustaba actuar—. De acuerdo. ¿Qué piensas, Susie? ¿Andra Day?

—Perfecto —concordó, poniéndose de pie—. Pero no cantaré en la mesa. Esta diva necesita un escenario.

Todos nos dirigimos a la sala de estar, y me senté en el sofá junto a Lucy. Mary entró con mi hija en sus brazos, y por un momento consideré que así era como una abuela debía lucir. Contenta. Saludable. Todo. Llena de amor.

Talon no tenía idea de lo afortunada que era de tener a Mary. No tenía ni idea de lo afortunado que era de tener a Mary también.

Karla se sentó al piano en la esquina, estiró los dedos y comenzó a tocar “Rise Up” de Andra Day. La música que flotaba desde el piano era impresionante por sí sola, pero cuando Susie comenzó a cantar, pensé que toda la habitación sentía escalofríos. Los ojos de Lucy permanecieron pegados a la actuación, mientras que los míos se quedaron pegados a ella. Su cuerpo comenzó a temblar, y sus piernas temblaban mientras veía a las chicas actuar. Era como si las palabras se la tragaran por completo mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

Sus lágrimas caían cada vez más rápido a medida que la letra de la canción encontraba su corazón y plantaba sus semillas. Se sonrojó nerviosamente y trató de secarse las lágrimas, pero cuando se las limpió, llegaron más.

La próxima vez que fue a limpiarlas, tomé su mano en la mía, deteniéndola. Se giró hacia mí, confundida, y apreté ligeramente su mano. —Está bien —susurré.

Sus labios se separaron como si fuera a hablar, pero luego solo asintió una vez antes de girarse hacia las chicas y cerrar sus ojos. Las lágrimas seguían cayendo mientras escuchaba las bellas voces, su cuerpo se balanceaba ligeramente mientras yo sostenía su mano.

Por primera vez, comencé a comprenderla por completo. La hermosa chica que sentía todo.
Sus emociones no eran lo que la debilitaba.
Eran su fortaleza.


Cuando las chicas terminaron de tocar, Lucy comenzó a aplaudir, las lágrimas aún caían.
—Eso fue tan increíble.
—¿Estás segura que no estás llorando porque apestamos? —Rio Karla.
—No, fue tan increíble. Mi madre hubiera... —Hizo una pausa por un momento y respiró hondo—. A ella simplemente le hubiera encantado. Mis ojos se posaron en nuestras manos, que seguían juntas, y liberé mi agarre, junto con la sensación de tirón en mi pecho.
Cuando llegó la noche, empacamos nuestras cosas, agradeciendo a todos por incluirnos.


—Fue increíble —les dijo Lucy a Mary y Ollie cuando los abrazó con fuerza—. Gracias por evitar que me quedara sentada en mi sofá comiendo Ben & Jerry's esta noche.

—Siempre eres bienvenida aquí, Lucy —dijo Mary, besando su mejilla.

—Voy a poner a Talon en su asiento del auto —me dijo Lucy, tomando a Talon de mis brazos antes de darles las gracias a todos una vez más.

Mary me dio una sonrisa tensa y me dio un abrazo. —Me gusta —susurró mientras me daba unas palmaditas en la espalda—. Ella tiene buen corazón.
No se equivocaba.
Una vez que volvió adentro, el Profesor Oliver se quedó parado en el porche delantero, sonriendo ampliamente.
—¿Qué? —pregunté, mis cejas se anudaron.
—Oh, señor Russell —cantó, colocando las manos en los bolsillos, meciéndose adelante y atrás.


— ¡¿Qué?!
Silbó bajo, moviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás.


—Es gracioso que te suceda a ti de todas las personas, y pareces cien por ciento ignorante de ello.
—¿De qué hablas?
—Creo que es más difícil ver la trama cuando eres el que vive la historia.
—¿Alguien se olvidó de tomar sus píldoras locas de nuevo? — pregunté.
—En cada historia, llega el momento en que los personajes pasan del primer acto, el viejo mundo, al segundo acto, el nuevo mundo. Tú lo sabes.


—Sí... pero, ¿qué tiene eso que ver con algo?
El Profesor Oliver asintió hacia Lucy.
—Tiene todo que ver con todo.
La realidad se hizo presente y aclaré mi garganta, irguiéndome. —No, eso es ridículo. Ella solo me ayuda con Talon.
—Mhmm —dijo, casi burlonamente.


—No, de verdad, y, a pesar de tus extravagantes juegos mentales, ella es la hermana de Jane.

—Mhmm —respondió, volviéndome loco—. El caso es que el corazón nunca escucha la lógica del cerebro, Sr. Russell. —Me dio un codazo en el costado con un tirón omnisciente en su voz—. Simplemente siente.

—Realmente empiezas a molestarme.
Él rio y asintió.


—Es gracioso, ¿no? Cómo los personajes principales nunca saben sobre las aventuras que están a punto de seguir.

Lo que más me molestaba acerca de sus palabras era cuánta verdad contenían. Sabía que mis sentimientos por Lucy crecían, y sabía lo peligroso que era permitirme desarrollar cualquier tipo de emoción hacia ella.

No podía recordar la última vez que me sentí de la manera que lo hice cuando tomé su mano, o cuando la vi cuidando de Talon, o incluso cuando la vi simplemente existir.

—¿Qué piensas de ella, Graham? —preguntó el Profesor Oliver. —¿Qué pienso de Lucille?

—Sí. Tal vez si no puedes estar con ella, tal vez todavía tengas espacio para una amistad.

—Es todo lo contrario a mí —le dije—. Lucille es un personaje tan extraño, un fenómeno de la naturaleza. Es torpe y siempre habla fuera de lugar. Su cabello siempre es salvaje, y su risa es a veces molesta y demasiado fuerte. Todo sobre ella es desastroso. No es más que un desastre.

—¿Y aun así? —me instó a seguir.

Y, aun así, quería ser como ella. Quería ser un personaje extraño, un fenómeno de la naturaleza. Quería tropezar y reír a carcajadas. Quería encontrar su hermoso desastre y mezclarlo con mi propio desastre. Yo quería la libertad en la que nadaba, y su valentía de vivir en el momento.

Quería saber qué significaba ser parte de su mundo.
Ser un hombre que sentía todo.


Quería abrazarla, pero aun así dejar que se moviera libremente en mis brazos. Quería probar sus labios y respirar una parte de su alma mientras le daba un vistazo a la mía.

No quería ser su amigo, no.
Quería ser mucho más.


Sin embargo, sabía que la posibilidad de eso era imposible. Ella era la única cosa fuera de los límites, y lo único que anhelé. No era justo, la forma en que esta historia se desarrollaba para mí, sin embargo, no era para nada impactante. Nunca escribí felices para siempre, y Lucy nunca aparecería en mi último capítulo.

—Estás pensando demasiado en algo ahora, Graham, y te insto a creer en lo contrario —me dijo—. Jane se ha ido hace casi un año y, admitámoslo, nunca la miraste de la misma forma en que miras a Lucy. Tus ojos nunca se iluminan como lo hacen cuando entra a una habitación. Pasaste la mayor parte de tu vida luchando para evitar abrazar una forma de felicidad, hijo mío. ¿Cuándo diablos te permitirás liberarte de las cadenas que colocaste sobre ti? Esta vida es corta, y nunca sabes cuántos capítulos te quedan en tu novela, Graham. Vive cada día como si fuera la última página. Respira cada momento como si fuera la última palabra. Sé valiente, hijo mío. Sé valiente.

Puse mis ojos en blanco y comencé a bajar los escalones. —¿Profesor Oliver?
—¿Sí?
—Cállate.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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