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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Lun 2 Abr - 9:28

Recuerdo del primer mensaje :

The Gravity of Us  - Brittainy C. Cherry 

Graham Russell y yo no estábamos hechos el uno para el otro
Yo estaba impulsada por la emoción; Él estaba apático. Soñaba mientras él vivía en pesadillas. Lloraba cuando no tenía lágrimas que derramar.
A pesar de su corazón congelado y mi disposición a correr, a veces compartíamos segundos. Segundos cuando nuestros ojos se entrelazaron y veíamos los secretos del otro. Segundos cuando sus labios saboreaban mis miedos, y yo respiraba sus dolores. Segundos cuando ambos imaginábamos lo que sería amarnos unos al otro.
Esos segundos nos dejaron flotando, pero cuando la realidad nos golpeó fuerte, la gravedad nos obligó a descender.
Graham Russell no era un hombre que sabía amar, y yo no era una mujer que sabía cómo. Sin embargo, si tuviera la oportunidad de caer de nuevo, caería con él para siempre.
Incluso si estuviéramos destinados a chocar contra el terreno sólido.
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Flower el Lun 9 Abr - 18:48

coincido con uds, que suerte que empecemos a saber un poco mas de lo que le pasó en la vida a graham. 
Estoy intrigada con respecto a eso, porque quiero saber que lo hizo de esa forma.


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Flower


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Mar 10 Abr - 2:30

8

LUCY

 

Era la mitad de la noche cuando mi teléfono comenzó a sonar. Me di la vuelta en mi cama en busca de Richard, pero no estaba allí. Miré hacia el pasillo, donde brillaba una luz y se

escuchaba música ligera de jazz, lo que significaba que trabajaba en su obra de arte. Mi teléfono seguía sonando, y froté mis ojos cuando fui a responder.

—¿Hola? —Bostecé, haciendo todo lo posible para mantener los ojos abiertos. Las sombras se dibujaban en mi habitación y no se veía la luz del sol, lo que indicaba claramente que se hallaba lejos de ser de mañana.

—Lucille, es Graham. ¿Te desperté? —preguntó, su voz temblorosa. Escuché un bebé llorando al fondo mientras me sentaba en mi cama y bostezaba una vez más.
—No, siempre estoy despierta a las tres de la mañana. —Reí entre dientes—. ¿Qué es? ¿Qué pasa?

—Talon llegó a casa hoy.
—Eso es genial.


—No… —respondió, su voz se quebró—. No deja de llorar. No quiere comer. Cuando está dormida, creo que está muerta, así que verifico los latidos de su corazón, lo que a su vez la despierta y la lleva a llorar nuevamente. Cuando la pongo en la cuna, grita aún más fuerte que cuando está en mis brazos. Necesito... yo…

—¿Cuál es tu dirección?
—No tienes…
—Graham, dirección, ahora.


Cumplió y me dio indicaciones para llegar a su casa en River Hills, lo que me dijo al menos una cosa: vivía una vida cómoda.

Me vestí rápido, arrojé mi desordenado cabello rizado en un moño incluso más desordenado, y corrí a la sala donde vi a Richard sentado. Miraba intensamente uno de sus dibujos de carbón.

—¿Sigues trabajando? —pregunté.
Sus ojos se clavaron en mí, y alzó una ceja.


—¿A dónde vas? —Su rostro lucia diferente, su barba completamente afeitada, dejando solo su bigote.
—No tienes barba —comenté—. Y... sí bigote.
—Sí, necesitaba inspiración, y sabía que afeitarme el rostro provocaría algún tipo de expresión. ¿Te gusta?
—Es... —Moví mi nariz—. ¿Artístico?
—Qué es exactamente lo que este artista está buscando. Así que espera, ¿a dónde vas?
—Graham acaba de llamarme. Llevó a Talon a su casa desde el hospital y está teniendo muchos problemas con ella.


—Son las... —Richard miró su reloj con ojos entrecerrados. Perdió sus lentes en algún lugar del lío de su creación, seguramente—. Tres de la mañana.

—Ya sé. —Me acerqué a él y lo besé en la parte superior de la cabeza—. Eso es exactamente por lo que debes dormir un poco. Me hizo un gesto para que me fuera.
—Las personas que reciben muestras en museos no duermen, Lucy. Ellos crean.
Reí, caminando hacia la puerta principal.
—Bueno, intenta crear con los ojos cerrados por un momento. Volveré pronto.


Cuando entré en el camino de entrada de Graham, quedé aturdida por el tamaño de su casa. Por supuesto, todas las mansiones en River Hills eran impresionantes, pero la suya era inquietantemente impresionante. La propiedad de Graham era muy parecida a su personalidad, aislada del resto del mundo. El frente de la casa se encontraba rodeado de árboles, mientras que el patio trasero tenía un poco de terreno abierto. Había senderos de guijarros que marcaban las áreas que se suponía que se convertirían en jardines, pero el pasto silvestre crecía en esas áreas. Hubiera sido genial para un hermoso jardín. Pude imaginar los tipos de flores únicas y vides que podrían existir en dicho espacio. Detrás del área de campo había más árboles que viajaban muy atrás.

El sol aún no había salido y su casa se veía a oscuras, pero todavía era hermosa. Frente a su porche tenía dos enormes estatuas de leones, y en su azotea tres gárgolas.

Caminé hacia su puerta con dos tazas de café, y justo cuando estaba a punto de tocar el timbre, Graham ya se hallaba allí, llevándome dentro.

—Ella no dejará de gritar —dijo, sin saludarme, solo apurándome a entrar a la casa con el bebé llorando. La casa estaba completamente oscura, a excepción de una lámpara sobre la mesa de la sala. El drapeado de todas las ventanas era de terciopelo rojo pesado, lo que hacía que la casa se sintiera aún más oscura. Me condujo a la habitación de Talon, donde la niña pequeña se encontraba acostada en su cuna, con el rostro rojo como el día en que gritaba.

—No tiene temperatura, y la acosté sobre su espalda, porque ya sabes... —Se encogió de hombros—. Leí mucho sobre el SMSL7, y sé que no puede rodar, pero ¿y si lo hace por error? Y no está comiendo mucho. No estoy seguro de qué hacer, así que iba a intentar el método madre canguro.

Casi río de sus nervios, excepto por el problema de que Talon estaba en peligro. Miré alrededor de la habitación, notando que la habitación de la niña era dos veces más grande que la mía. Dispersos en el piso había docenas de libros para padres abiertos en ciertas páginas, con otras páginas dobladas para poder volver a ellas en otro momento.

—¿Qué es el método madre canguro? —pregunté.

Cuando levanté la vista de los libros, noté un Graham sin camisa parado frente a mí. Mis ojos bailaron sobre su pecho tonificado y su piel color caramelo antes de obligarme a dejar de mirarlo boquiabierta. Para un autor, era desconcertantemente guapo y en forma. Un tatuaje recorría su brazo izquierdo, envolviendo la parte posterior de su omóplato, y sus brazos parecían tener bíceps en sus bíceps, que dieron a luz a sus propios bíceps.

Por un momento, consideré si realmente era un autor y no Dwayne Johnson.

Después de quitarle el mameluco de Talon, dejándola con solo un pañal, metió la mano en la cuna, levantó al bebé llorando en sus musculosos brazos y comenzó a balancearse hacia atrás y hacia delante mientras su oreja se apoyaba en su pecho, sobre su corazón.

—Es cuando el padre y el niño tienen contacto piel con piel para formar un vínculo. Funciona mejor para las madres, creo, aunque las enfermeras me dijeron que debería intentarlo, lo cual parece inútil — refunfuñó mientras el llanto continuaba. La sostuvo como si fuera una pelota de fútbol y se tambaleaba frenéticamente, casi como si se estuviera desmoronando por no poder calmarla.

—Tal vez deberíamos intentar alimentarla de nuevo —ofrecí—. ¿Quieres que haga una botella?

—No. —Negó con la cabeza—. No sabrías cuán caliente debería estar. Sonreí, sin molestarme por su falta de fe en mí.

—Está bien. Aquí, entrégamela y podrás ir a hacer la botella. — Frunció el ceño y la duda se dibujó en su ceño fruncido, profundizándolo. Me senté en la silla gris deslizante en la esquina y extendí mis brazos—. Prometo no dejarla ir.

—Tienes que proteger su cabeza —me dijo mientras lentamente, muy lentamente, colocaba a Talon en mis brazos—. Y no te muevas hasta que regrese.

Reí.
—Tienes mi palabra, Graham.


Antes de salir de la habitación, me miró, como si esperara que el bebé estuviera en el piso o algo ridículo. Aunque no podía culparlo por sus miedos; parecía que a Graham le costaba mucho confiar, especialmente después de que mi hermana lo abandonó.

—Hola, hermosa —le dije a Talon, deslizándome en la silla, sosteniéndola cerca de mí. Era hermosa, casi una obra de arte. Hace unas semanas ella era un maní pequeño, y desde la última vez que la vi, ganó dos kilogramos. Era una sobreviviente, un faro de esperanza. Cuanto más me deslizaba en la silla, más se calmaba. Para cuando Graham regresó a la habitación, ella dormía pacíficamente en mis brazos.

Él arqueó una ceja.
—¿Cómo hiciste eso?
Me encogí de hombros.
—Creo que realmente ama esta silla.


Hizo una mueca y alcanzó a Talon, sacándola de mi agarre y colocando a su durmiente en la cuna.
—Vete.
—¿Qué? —pregunté, confundida—. Perdón, pero, ¿hice algo mal? Creí que querías...
—Puedes irte ahora, Lucille. Tus servicios ya no son necesarios. —¿Mis servicios? —Observé, aturdida por su frialdad—. Solo vine a ayudar. Me llamaste.
—Ahora te estoy des-llamando. Adiós.


Me llevó rápidamente a la puerta de entrada y me acompañó sin decir una palabra más. Ni siquiera mencionó un agradecimiento antes de azotar la puerta en mi cara.

—¡No te olvides de tomar el café que te traje y dejé en el mostrador! —grité, golpeando su puerta—. Es negro, ya sabes, como tu alma.

—¿Te llamó a las tres de la mañana? —preguntó Mari, abriendo la tienda a la mañana siguiente. Cerramos los domingos, pero fuimos a prepararnos para la próxima semana—. Por supuesto, me sentía feliz cuando no viniste a despertarme a las cinco de la mañana para un yoga caliente, pero me preguntaba dónde estabas. ¿Cómo está el bebé?

—Bien, ella está bien. —Sonreí al pensar en ella—. Es perfecta. —¿Y él está... manejándolo todo solo?

—Lo mejor que puede —dije, caminando dentro—. Está luchando, creo. El llamarme fue una gran lucha, lo pude notar.
—Es tan raro que te llame. Apenas te conoce.

—No creo que tenga familia propia. Creo que su padre fue la última familia que tuvo. Además, le di mi número en caso de que necesitara la ayuda.

—¿Y luego te echó?
—Síp.
Mari puso sus ojos en blanco.


—Eso parece totalmente un arreglo de vida estable para un niño. Me di cuenta cuando entró en la tienda que tenía astucia en él.

—Definitivamente es rudo, pero creo que realmente quiere hacerlo bien con Talon. Fue forzado a una situación y pensó que tendría una compañera para ayudarlo, pero ahora lo hace todo por su cuenta.

—No me lo puedo imaginar —dijo mi hermana—. No puedo creer que Lyric simplemente lo dejara. Uno pensaría que estaría más pensativa después de ver lo que pasó con Parker y conmigo.

—Ella abandonó a su bebé recién nacido en el hospital, Mari. Cualquier consideración que creímos que poseía Lyric salió directamente por la ventana y ahora está vacía. —Era una locura cómo podías conocer a una persona durante toda tu vida y luego darte cuenta de que no sabías nada de ellas en absoluto.

El tiempo era una maldición, la forma en que lentamente transformaba las relaciones en asuntos exteriores.
Mari negó con la cabeza.
—Que desastre. Pero, en una nota más brillante, tengo una sorpresa para ti.


—¿Es un batido verde?
Arqueó una ceja.


—Dije una sorpresa, no una planta molida asquerosa. ¡Estamos contratando oficialmente un florista adicional! Entrevistaré a algunas personas durante estas próximas semanas.

Desde que abrimos nuestra tienda de flores, siempre hablamos de contratar más personal, pero no habíamos tenido suficientes ganancias como para hacerlo. Entonces, el hecho de que estábamos ahora en esa etapa en la que podíamos permitirnos contratar más personal fue emocionante. No existía nada más estimulante que ver crecer tu sueño.

Cuando fui a responder, sonó el timbre sobre la puerta principal, lo que hizo que ambas levantáramos la mirada.
—Lo siento, en realidad no estamos abiertos h… —Ni siquiera pude terminar mi frase cuando vi quién se paraba allí con un ramo de rosas.

—Parker —dijo Mari mientras exhalaba, su fuerza se disipó mientras su nombre salía de su lengua. Su cuerpo reaccionó físicamente a él cuando sus hombros cayeron y sus rodillas se doblaron—. ¿Q-Qué estás haciendo, haciendo aquí? —Su voz tembló, y deseé que no fuera así. Distinguió el efecto que tuvo sobre ella, el efecto que obviamente quería tener.

—Yo, um... —Rio nerviosamente y miró las flores—. Creo que es un poco estúpido llevar flores a una florería, ¿eh?

—¿Qué haces aquí, Parker? —dije, mi voz mucho más severa que la de mi hermana. Crucé mis brazos y no aparté la mirada de él por un segundo.

—Es bueno verte también, Lucy —comentó—. Tenía la esperanza de hablar con mi esposa por un minuto.

—Ya no tienes esposa —dije. Cada paso que daba hacia Mari, interferí—. La perdiste cuando hiciste las maletas y te fuiste hace todos esos años.

—Está bien, está bien, es suficiente. Me lo merezco —respondió. Mari murmuró algo en voz baja, haciendo que Parker arqueara una ceja—. ¿Qué dijiste?

—¡Dije que no mereces una mierda! —ladró Mari, su voz aún temblorosa, pero más fuerte ahora. Mari no era alguien quien usualmente maldijera, así que cuando la última palabra se le escapó de la lengua, supe que realmente la sacudió.

—Mari —comenzó Parker. Ella le dio la espalda, pero él siguió hablando—. Habrían sido siete años hace unas semanas.

Ella no se giró para enfrentarlo, pero vi que su cuerpo reaccionaba. Mantente fuerte, hermana.

—Sé que lo arruiné. Sé que parece una verdadera mierda de hacer el aparecer aquí después de todo este tiempo con algunas flores de mierda, pero te echo de menos.

Su cuerpo reaccionó más.

—Nos extraño. Soy un idiota, ¿de acuerdo? Cometí muchos errores de mierda. No te estoy pidiendo que me aceptes hoy, Mari. No te estoy pidiendo que te enamores de mí. Solo soy un chico, parado frente a una chica, pidiéndole que tome un café conmigo.

—Oh, Dios mío. —Gemí.
—¿Qué? —preguntó Parker, ofendido por mi molestia.
—¡Robaste esa línea de Notting Hill!


—¡No exactamente! Julia Roberts le pidió a Hugh Grant que la amara. Solo pedí una taza de café —explicó Parker.

No pude rodar mis ojos lo suficientemente fuerte.
—Lo que sea. Vete.


—No te ofendas, Lucy, pero no vine aquí por ti. Vine por Mari y ella no me ha dicho que...
—Vete —dijo Mari, su voz redescubriendo su fuerza mientras se giraba para mirarlo. Se mantuvo firme, como un fuerte roble. —Mari... —Se acercó más a ella, y ella levantó una mano para detenerlo.
—Dije, vete, Parker. No tengo nada que decir, y no quiero tener nada que ver contigo. Ahora solo vete.
Dudó un segundo antes de dejar las flores sobre el mostrador y se fue.
En el momento en que la puerta se cerró, Mari dejó escapar el aliento que estuvo conteniendo, y corrí a la habitación de atrás. —¿Qué haces? —llamó.


—Conseguir el palo de salvia —grité. Cuando éramos niñas, mamá tenía un palo de salvia en nuestra casa que quemaba cada vez que había una discusión de algún tipo. Siempre decía que las peleas traían mala energía a un espacio, y era mejor limpiarlo de inmediato—. No hay nada bueno en la energía de Parker, y me niego a dejar que su negatividad se filtre en nuestras vidas otra vez. Hoy no, Satanás. —Encendí la salvia y caminé por la tienda, agitándolo.

—Hablando de Satanás —mencionó Mari, recogiendo mi teléfono cuando comenzó a sonar.
Extendí la mano hacia él, y el nombre de Graham apareció en la pantalla.

Cautelosamente, respondí, pasando el palo de salvia a mi hermana. —¿Hola?
—La silla no funciona.
—¿Qué?


—Dije que la silla no funciona. Me dijiste que le gustaba la silla deslizante, y así es como conseguiste que se durmiera, pero no funciona. Lo he intentado toda la mañana y ella no va a dormir. Apenas come y... — Sus palabras se detuvieron por un momento antes de volver a hablar en voz baja—. Vuelve.

—¿Disculpa? —Me apoyé contra el mostrador, estupefacta—. Me empujaste fuera de tu casa.

—Lo sé.
—¿Eso es todo lo que puedes decir? ¿Que lo sabes?
—Escucha, si no quieres venir a ayudar, está bien. No te necesito.


—Siílo haces. Es por eso que llamas. —Mordí mi labio inferior y cerré los ojos—. Estaré allí en veinte minutos.

—Bueno.
Nuevamente, no un gracias.
—¿Lucille?
—¿Sí?
—Que sean quince.
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Mar 10 Abr - 2:31

9

GRAHAM

 

Lucy llegó a mi casa en su destartalado auto color borgoña, y yo abrí la puerta antes de que siquiera saliera de su vehículo. Sostuve a Talon en mis brazos, meciéndola mientras lloraba de

incomodidad.
—Eso fue veinticinco minutos —la regañé.
Solo sonrió. Siempre sonreía.


Tenía una sonrisa que me recordaba mi pasado, una hermosa sonrisa llena de esperanza.
La esperanza era el remedio del hombre débil para los problemas de la vida.

Solo sabía que eso era cierto por el pasado que viví.
—Me gusta llamarlo elegantemente tarde.
Cuanto más se acercaba, más tenso me sentía.
—¿Por qué hueles a hierba?
Rio.
—No es hierba, es salvia. Lo estaba quemando.
—¿Por qué quemabas salvia?
Una sonrisa astuta la encontró y se encogió de hombros.
—Para luchar contra energía negativa como la tuya.


—Ah, cierto, hippie rara. Apuesto a que viajas con cristales y piedras contigo también.
Sin ningún esfuerzo, metió la mano en su bolso sobre el hombro y sacó un puñado de cristales.

Porque, por supuesto que sí.
—Aquí. —Extendió la mano, tomó a Talon de mis manos, y comenzó a mecerla—. Necesitas descansar. La vigilaré. —La culpa que tenía por el hecho de que Talon parecía tan tranquilamente calmada en los brazos de Lucy era fuerte.


—No puedo dormir —dije.

—No, tú puedes. Eliges no hacerlo porque estás paranoico de que algo le suceda a tu hija, lo cual es una reacción muy razonable de la que estoy segura que atraviesan muchos nuevos padres. Pero, no estás solo en este momento, Graham. Estoy aquí.

Dudé, y ligeramente me dio un codazo en el hombro.
—Ve. Puedo hacer esto.
—Dijiste que fuiste niñera antes, ¿verdad?


—Sí, un par de gemelos y su hermano pequeño. Estuve allí desde la primera semana hasta que se fueron a la escuela. Graham, te lo prometo, Talon está bien.

—Está bien. —Pasé mi mano por mi velludo mentón y comencé a caminar hacia mi habitación. Una ducha sonaba agradable. No recuerdo la última vez que me duché... o comí. ¿Cuándo fue mi última comida? ¿Tengo incluso comida en mi refrigerador? ¿Mi refrigerador aún funciona?

Facturas.

¿Pagué mis facturas? Mi teléfono aún no se ha apagado, lo cual es una buena señal, porque tengo que llamar al pediatra de Talon por la mañana.

Doctor.
Cita con el doctor: tengo que programar citas con el doctor. ¿Niñera? Necesito entrevistar a las niñeras.
—Cállate —me ladró Lucy.
—No dije nada.


—No, pero tu mente gira con todo lo que podrías estar haciendo en lugar de dormir. Antes de que puedas ser productivo, tienes que descansar y, ¿Graham?

Me giré para ver sus amables ojos mirando en mi dirección. —¿Sí?
—Estás haciendo todo bien, ya sabes, con tu hija.


Aclaré mi garganta y metí mis manos en los bolsillos de mis vaqueros. Lavandería: ¿cuándo fue la última vez que hice la lavandería? —Ella llora todo el tiempo. No es feliz conmigo.

Lucy rio, la clase de risa donde echa la cabeza hacia atrás y su sonrisa se extiende tan amplia. Reía demasiado fuerte, y en el momento equivocado.

—Los bebés lloran, Graham. Es normal. Esto es nuevo para los dos. Es un mundo completamente nuevo, y ustedes dos hacen lo mejor que pueden para adaptarse.

—Ella no llora contigo.

—Confía en mí —Lucy sonrió, mirando a la algo calmada Talon en sus brazos—, dale unos minutos y te suplicaré que cambies de lugar conmigo, así que vete. Ve a descansar un poco antes de devolvértela.

Asentí, y antes de irme, carraspeé una vez más.
—Me disculpo.
—¿Por?


—La forma en que te empujé lejos esta mañana. Fue grosero, y por eso lo siento.
Su cabeza se inclinó y me miró con ojos inquisitivos.
—¿Por qué siento que hay un millón de palabras flotando en tu mente, pero solo permites que escape cierto número?
No respondí.
Mientras la miraba mecer a mi hija que parecía cada vez más enojada, Lucy sonrió y me guiñó el ojo.
—¿Ves? Te lo dije. Solo está siendo un bebé. Me ocuparé de ella por un tiempo. Continúa y cuídate.
Le di las gracias en mi mente, y ella sonrió como si me escuchara.



En el momento en que mi cabeza golpeó la almohada, me quedé profundamente dormido. No sabía que me sentía tan cansado hasta que realmente tuve un momento para descansar. Era como si mi cuerpo se derritiera en mi colchón y el sueño me tragara entero. No me encontraron pesadillas ni sueños, y por eso, me sentía agradecido.

No fue hasta que oí a Talon gritar que me volví y giré en mi cama.

—Jane, ¿puedes traerla? —susurré, medio dormido. Entonces abrí los ojos y miré hacia el otro lado de la cama… seguía completamente hecho, sin arrugas en las sábanas. Mi mano rozó el lugar vacío que me recordó que estaba solo en esto.

Me levanté de la cama y, mientras caminaba por los pasillos, escuché un suave susurro.
—Estás bien, estás bien.

Cuanto más me acercaba al cuarto del bebé, más me calmaba la voz amable. Me quedé en la puerta, mirando a Lucy mientras sostenía a Talon y la alimentaba.

Quizás de muchas maneras, mirar fijamente a mi cama vacía era un recordatorio de que Jane se fue, pero ver a Lucy ante mí era un pequeño recordatorio de que no estaba solo.

—¿Está bien? —pregunté, haciendo que Lucy se girara, sorprendida. —Oh, sí. Simplemente con hambre, eso es todo. —Sus ojos viajaron a través de mi cuerpo—. Veo que ya no hueles a alcantarilla.

Mis manos recorrieron mi cabello todavía húmedo.
—Sí, me di una ducha rápida y una siesta más rápida. Asintió y caminó hacia mí.
—¿Quieres alimentarla?
—Yo… no. Ella no...
Lucy asintió hacia mí sobre la silla mecedora.


—Siéntate. —Comencé a protestar, pero ella negó con la cabeza—. Ahora.

Hice lo que me dijo, y cuando me senté, colocó la bebé en mis brazos. En el momento en que sucedió el intercambio, Talon comenzó a llorar, e intenté devolvérsela rápidamente a Lucy, pero se negó a tomarla.

—No vas a romperla.
—A ella no le gusta cuando la abrazo. No está cómoda.


—No,  no estás cómodo, pero puedes hacerlo, Graham. Solo respira y calma tu energía.

Hice una mueca.
—Tu lado hippie raro se está mostrando.


—Y tu miedo se está mostrando —respondió. Se inclinó, colocó la botella de Talon en mi mano y me ayudó a alimentarla. Después de unos momentos, Talon comenzó a beber y calmarse, cerrando sus ojos cansados—. No vas a romperla, Graham.

Odiaba cómo podía leer mi mente sin mi permiso. Me sentía aterrorizado de que cada toque mío sería el que acabaría con Talon. Mi padre una vez me dijo que todo lo que yo tocaba, se arruinaba, y estaba seguro de que ese sería el caso con mi bebé.

Apenas podía conseguir que tomara una botella, y mucho menos criarla.

La mano de Lucy seguía envuelta en la mía mientras me ayudaba a alimentar a Talon. Su toque era suave, gentil y sorprendentemente acogedor para mi alma no acogedora.

—¿Cuál es tu mayor esperanza?
La confusión me golpeó en su pregunta.
—¿Qué significa eso?


—¿Cuál es tu mayor esperanza para la vida? —preguntó de nuevo—. Mi madre siempre nos preguntaba a las chicas eso cuando éramos niñas. —Yo... yo no tengo esperanza.
Sus labios bajaron, pero ignoré su decepción en mi respuesta. Yo no era un hombre para la esperanza; era un hombre que simplemente existía.

Cuando Talon terminó su botella, se la pasé a Lucy, quien la hizo eructar y luego la recostó en su cuna. Los dos estábamos parados sobre la cuna, mirando a la niña que descansaba, pero el nudo que estuvo en mi estómago desde que nació Talon se mantuvo.

Se retorció un poco con una pequeña mirada gruñona en su rostro antes de relajarse en un profundo descanso. Me preguntaba si soñaba mientras tenía los ojos cerrados, y si algún día tendría una gran esperanza.

—Guau —dijo Lucy, con una pequeña sonrisa en los labios—. Definitivamente tiene tu ceño fruncido.
Reí entre dientes, haciéndola girar en mi dirección.
—Lo siento, ¿acabas de...? —Señaló con un dedo hacia mí y me dio un golpe en el brazo—. ¿Graham Russell acaba de reír?
—Un lapso de juicio. No volverá a suceder —dije secamente, poniéndome de pie.


—Oh, cómo me gustaría que lo hiciera. —Nuestros ojos se entrelazaron mientras estábamos a centímetros de distancia el uno del otro, sin palabras encontrándonos a ninguno de nosotros. Su cabello rubio era salvaje con rizos apretados, y parecía ser su estado natural; incluso en el funeral, su cabello fue un desastre.

Un hermoso desastre, de alguna manera.

Un rizo suelto cayó sobre su hombro izquierdo y extendí la mano para moverlo cuando vi algo atrapado en él. Cuanto más acercaba mi mano, más noté que se tensaba.

—Graham —susurró—. ¿Qué haces?
Pasé mis dedos por su cabello, y ella cerró los ojos, su nerviosismo era evidente.

—Date la vuelta —ordené.
—¿Qué? ¿Por qué?


—Solo hazlo —dije. Enarcó una ceja, y puse mis ojos en blanco antes de lanzar un—: Por favor. —Hizo lo que dije, e hice una mueca—. ¿Lucille? —susurré, inclinándome más cerca de ella, mi boca a unos centímetros de su oreja.

—¿Sí, Graham Cracker?
—Hay vómito en tu espalda.


—¡¿Qué?! —exclamó, girándose en círculos, tratando de ver la parte de atrás de su vestido de verano, que lucía cubierto por la regurgitación de Talon—. Oh, Dios mío. —Gimió.

—También está en tu cabello.

—Oh, fóllame hacia atrás8. —Se dio cuenta de sus palabras y tapó su boca—. Lo siento, quiero decir, oh, mierda. Solo esperaba no volver al mundo real cubierta de vómito.

Casi río de nuevo.
—Puedes usar mi ducha, y puedo prestarte algo de ropa mientras la echo a la lavadora.
Sonrió, algo que hacía muy a menudo.
—¿Es esa tu manera astuta de pedirme que me quede para ayudar con Talon por unas horas más?
—No —dije con dureza, ofendido por su comentario—. Eso es ridículo.
Su sonrisa cayó y rio.


—Estoy bromeando, Graham. No te tomes todo tan en serio. Afloja un poco. Pero, sí, si está bien, me encantaría aprovechar tu oferta. Este es mi vestido de la suerte.

—No puede ser tan afortunado si tiene vómito. Tu definición de suerte está dañada.
—Guau. —Lucy silbó, sacudiendo la cabeza—. Tu encanto es casi repugnante —se burló.

—No quise decirlo en... —Mis palabras se apagaron, y aunque siguió sonriendo, vi el pequeño temblor en su labio inferior. La ofendí. Por supuesto que la ofendí, no a propósito, pero, aun así, sucedió. Me moví antes de pararme más alto. Debería haber dicho más, pero las palabras no vinieron a mi mente.

—Creo que iré a casa para lavarlo —dijo, bajando la voz mientras buscaba su bolso.
Asentí en comprensión; no me gustaría quedarme cerca de mí tampoco.

Mientras ella salía, hablé—: Soy malo con las palabras. Se dio vuelta y negó con la cabeza.

—No, he leído tus libros, y eres genial con las palabras… casi demasiado bueno. Lo que te falta son habilidades con las personas. —Vivo mucho en mi cabeza. No me relaciono con la gente muy a menudo.

—¿Qué hay de mi hermana?
—No hablamos mucho.
Lucy rio.
—Eso hace una relación difícil, estoy segura.
—Estábamos lo suficientemente cerca de estar conformes. Su cabeza se sacudió de un lado a otro, y entrecerró sus ojos. —Nadie enamorado debe estar nada menos que conforme.


—¿Quién dijo algo sobre amor? —respondí. La tristeza que inundó su mirada me hizo mover.
Cuando parpadeó, la tristeza desapareció. Apreciaba la forma en que no vivía demasiado tiempo en la emoción.
—¿Sabes lo que ayudará a tus habilidades con las personas? — preguntó—. Sonreír.
—Sonrío.
—No. —Rio—. Frunces el ceño. Subes la ceja. Haces muecas. Eso es todo. No te he visto sonreír una vez.


—Cuando encuentre una razón válida para hacerlo, me aseguraré de notificarte. Por cierto, lo siento, ya sabes, por ofenderte. Yo... sé que puedo parecer algo frío.

—Subestimación del año. —Rio.

—Sé que no digo mucho, y lo que digo normalmente es incorrecto, así que me disculpo por ofenderte. No has sido más que desinteresada con Talon y conmigo, y por eso estoy un poco perdido. No estoy acostumbrado a que las personas den solo por... dar.
—Graham…


—Espera, déjame terminar antes de decir algo más que arruine todo. Solo quería darte las gracias por hoy y por las visitas al hospital. Sé que no soy fácil de tratar, pero el hecho de que sigas ayudando significa más para mí de lo que nunca sabrás.

—De nada. —Mordió su labio inferior y gimió mientras murmuraba la palabra “Maktub” repetidas veces antes de volver a hablarme—. Escucha, realmente podría terminar arrepintiéndome de esto, pero si quieres, puedo pasar por las mañanas antes del trabajo, y luego puedo ayudar. Sé que en algún momento tendrás que volver a escribir tu próximo éxito de ventas, y puedo cuidarla mientras escribes.

—Yo... puedo pagar por tus servicios.
—No son servicios, Graham, es una ayuda, y no necesito tu dinero. —Me sentiría mejor si te pagara.


—Y me sentiría mejor si no lo hicieras. En serio. No me ofrecería si no lo dijera en serio.

—Gracias, y, ¿Lucille?
Levantó una ceja, esperando mi comentario.
—Es un vestido muy bonito.
Giró levemente de puntillas.
—¿Vómito y todo?
—Vómito y todo.
Bajó la cabeza por un momento antes de mirar hacia mí.


—Eres ambos, tan frío como caliente al mismo tiempo, y no puedo por mi vida descifrarte. No sé cómo leerte, Graham Russell. Me enorgullezco de poder leer personas, pero eres diferente.

—Tal vez soy una de esas novelas en las que tienes que seguir pasando la página hasta el final para entender el significado. Su sonrisa se estiró, y comenzó a caminar hacia atrás hacia mi baño para limpiar el vómito. Sus ojos se mantuvieron clavados en los míos.

—Una parte de mí quiere saltar a la última página para ver cómo termina, pero odio los adelantos, y amo un buen suspenso. —Cuando terminó de limpiarse, se dirigió al vestíbulo—. Voy a enviar un mensaje para ver si me necesitas esta noche, de lo contrario me detendré temprano mañana por la mañana, y, ¿Graham?

—¿Sí?
—No te olvides de sonreír.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Maluc el Mar 10 Abr - 10:36

gracias por el capi, ello y su bebe lo harán reir



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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por olsaal81 el Mar 10 Abr - 11:18

Muchas gracias por los capis
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Flower el Mar 10 Abr - 18:12

bueno de a poquito va aflojando... pide disculpas y todo. 
Gracias por el capi.


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Jue 12 Abr - 13:49

10

LUCY

 

Las semanas siguientes giraron en torno a los arreglos florales y Talon. Si no me encontraba en Monet's Gardens, estaba ayudando a Graham. Siempre que iba a su casa, apenas

hablábamos. Me pasaba a Talon y luego se dirigía a su oficina, donde cerraba la puerta y escribía. Era un hombre de pocas palabras, y si aprendí algo, era que sus pocas palabras eran duras. Por lo tanto, su silencio no me causó ningún daño.

En todo caso, me trajo paz.

A veces pasaba por su oficina y le oía dejar mensajes de voz para Lyric. Cada mensaje era una actualización de la vida de Talon, detallando sus altos y bajos.

Un sábado por la noche, cuando llegué a la casa de Graham, me sorprendió un poco ver una camioneta marrón esperando en la entrada. Estacioné mi auto, me acerqué a la puerta principal y toqué el timbre.

Mientras esperaba, balanceándome de un lado a otro, mis oídos se levantaron cuando escuché la risa que venía de dentro.

¿Risas?
¿De la casa de Graham Russell?


—Quiero que tengas menos grasa y más músculo la próxima vez que vuelva —dijo una voz unos segundos antes de que se abriera la puerta. Cuando vi al hombre, sonreí ampliamente—. Hola, jovencita —dijo alegremente.

—Profesor Oliver, ¿verdad?
—Sí, sí, pero por favor, llámame Ollie. Tú debes ser Lucille. — Extendió su mano para que le sacudieran, y yo le di la mía.

—Puedes llamarme Lucy —le dije—. Graham piensa que Lucy es demasiado informal, pero yo soy una chica muy informal. —Sonreí a Graham, que se paró unos metros atrás, sin decir una palabra.

—Ah, Graham, el caballero formal. Hace años que intento que deje de llamarme Profesor Oliver, pero se niega a llamarme Ollie. Cree que es infantil.

Es infantil —insistió Graham, agarrando la sombrilla marrón de Ollie y dándosela directamente—. Gracias por venir, Profesor Oliver. —Por supuesto, por supuesto. Lucy, es un placer conocerte. Graham habla muy bien de ti.

Me reí. 
—Encuentro eso difícil de creer.
Ollie agitó la nariz y rio.


—Cierto, cierto. No ha hablado mucho de ti. Es un poco idiota silencioso de esa manera, ¿no? Pero, verás, Lucy, si pudiera contarte un secreto.

—Me encantaría escuchar cualquier secreto y consejos que pueda conseguir.
—Profesor Oliver —dijo severamente Graham—. ¿No dijo que tenía otro compromiso al que ir?

—Oh, se está poniendo irritable, ¿no? —Ollie rio y siguió hablando— . Pero aquí hay una pista para tratar con el Sr. Russell: no habla mucho con la boca, pero cuenta una historia completa con los ojos. Si lo miras de cerca, sus ojos te contarán la historia completa de cómo se siente. Es realmente un libro abierto si aprendes a leer su idioma, y cuando le pregunté por ti, me dijo que estabas bien, pero sus ojos me dijeron que se sentía agradecido por ti. Lucy, la chica con los ojos marrones, Graham piensa que eres lo máximo, aunque no lo diga.

Miré hacia Graham, y noté un ceño fruncido en sus labios, pero también una pequeña chispa de suavidad en sus ojos que derritió mi corazón. Talon tenía la misma belleza en su mirada.

—Está bien, viejo, creo que ya hemos tenido suficiente de tus tonterías. Está claro que has exagerado tu bienvenida.
Su sonrisa se agrandó, y parecía completamente indiferente a la frialdad de Graham.

—Y, sin embargo, sigues pidiéndome que vuelva. Te veré la semana que viene, hijo, y por favor, menos grasa, más músculo. Deja de venderte a ti mismo con una escritura media cuando estás muy por encima de ella. — Ollie se giró hacia mí y se inclinó un poco—. Lucy, fue un placer. —El placer fue todo mío.

Mientras Ollie pasaba junto a mí, se puso el sombrero, y silbó todo el camino hasta su auto con un poco de saltos en su paso.

Sonreí a Graham, que no devolvió la sonrisa. Nos quedamos en el vestíbulo durante unos momentos en silencio, simplemente mirándonos fijamente. Fue incómodo, eso era seguro.

—Talon está durmiendo —me dijo, arrancando su mirada de la mía. —Oh, bien.
Sonreí.
Hizo una mueca.
Lo de siempre.


—¿Bueno, puedo hacer un poco de meditación en tu terraza si te parece bien? Me llevaré el monitor del bebé conmigo, y revisaré a Talon si se despierta.

Asintió una vez, y pasé junto a él antes de que volviera a hablar. —Son las seis de la tarde.
Me di la vuelta y levanté una ceja. 
—Sí, lo es.
—Ceno a las seis en mi oficina.
—Sí, lo sé.


Aclaró su garganta y se movió en sus zapatos. Su mirada se posó en el suelo durante unos cuantos latidos antes de mirarme.
—La esposa del Profesor Oliver, Mary, me envió dos semanas de cenas congeladas.

—Oh, guau, eso fue dulce de su parte.
Asintió una vez.


—Sí. Una de las comidas está ahora en el horno, y preparó cada sartén con lo suficiente para más de una persona.
—Oh. —Se quedó mirándome fijamente, pero no dijo nada—. ¿Graham?

—¿Sí, Lucille?
—¿Me estás pidiendo que cene contigo esta noche?
—Si quieres, hay suficiente.


Un momento de incertidumbre me llegó cuando me pregunté si soñaba o no, pero, sabía que si no respondía rápidamente, el momento desaparecería en un santiamén.

—Me encantaría
—¿Tienes alguna alergia alimentaria? ¿Vegetariana? ¿Sin gluten? ¿Intolerancia a la lactosa?

Reí, porque todo sobre Graham era tan seco y serio. La mirada en su rostro cuando enumeró cada artículo era tan severa e intensa, que no pude evitar reírme yo misma.

—No, no, lo que sea estará bien.
—Es lasaña —dijo, su voz agudizándose como si no pudiera estar bien.

—Eso está bien.
—¿Estás segura?
Me burlé.
—Graham Cracker, estoy segura.
No mostró ninguna emoción, solo un asentimiento.
—Pondré la mesa.


Su mesa de comedor era ridículamente grande, lo suficientemente grande como para sentar a doce personas. Puso el revestimiento y la vajilla de plata en cada extremo de la mesa, y me hizo un gesto para que tomara asiento. Parecía asombrosamente tranquilo mientras servía la comida, y se sentaba en el otro extremo.

No había muchas luces en la casa de Graham, y a menudo las sombras se dibujaban sin dejar pasar mucha luz solar en absoluto. Sus muebles también eran oscuros y escasos. En toda su casa, estaba segura de que yo era el objeto más brillante que existía con mi colorida ropa y mi escandaloso cabello salvaje y rubio.

—El clima es agradable afuera, ya sabes, para un día de primavera en Wisconsin —dije después de varios minutos de incómodo silencio. La charla sobre el clima era la más suave de todas, pero era todo en lo que podía pensar. En el pasado, ese gusto por la conversación siempre ayudó a aliviar cualquier situación.

—¿Lo es? —murmuró, sin interés—. No he salido.
—Oh. Bueno, lo es.


No hizo ningún comentario en absoluto, solo siguió comiendo su cena.
Hmph.

—¿Has pensado en poner un jardín afuera? —pregunté—. Es el momento perfecto para empezar a plantar cosas, y tienes un hermoso patio trasero. Todo lo que necesitaría es un poco de tapicería y podrías alegrar el lugar

—No estoy interesado en eso. Es un desperdicio de dinero.
—Oh. Bueno, está bien
Hmph.


—Ollie parece amable —mencioné, intentando una última vez—. Es todo un tipo, ¿verdad?
—Está bien por lo que es —murmuró.
Incliné mi cabeza, observando su mirada, aplicando el consejo que Ollie compartió conmigo.
—Realmente te preocupas por él, ¿verdad?
—Era mi profesor universitario y ahora es mi entrenador de escritura… nada más ni nada menos
—Te oí reír con él. No ríes con mucha gente, pero te oí reírte con él. No sabía que tenías sentido del humor.
—No tengo.
—Claro, por supuesto —concordé, sabiendo que mentía—. Pero parecía que ustedes dos eran íntimos.


No contestó, y ese fue el final de nuestra conversación. Continuamos la cena en silencio, y cuando el monitor del bebé nos alertó de Talon llorando, ambos saltamos para ir a verla.

—Iré por ella —dijimos al unísono.
—No, yo… —empezó, pero sacudí mi cabeza.


—Por eso estoy aquí, ¿recuerdas? Termina tu comida y gracias por compartirla conmigo

Asintió, y fui a ver cómo estaba Talon. Tenía sus ojos muy abiertos y dejó de llorar, las lágrimas reemplazadas por una pequeña sonrisa en su rostro. Era como imaginaba que sería la sonrisa de Graham. Cuando le preparé una botella y comencé a darle de comer, Graham entró en la habitación y se apoyó contra el marco de la puerta.

—¿Está bien? —preguntó él.
—Solo hambrienta.
Asintió y aclaró su garganta.


—El Profesor Oliver tiene una fuerte personalidad. Es atrevido, hablador y lleno de tonterías el noventa y nueve por ciento del tiempo. No tengo ni idea de cómo su esposa o su hija soportan su ridiculez y sus payasadas salvajes. Para un hombre de unos ochenta años, actúa como un niño, y a menudo parece como un culto payaso.

—Oh. —Bueno, al menos sabía que no le gustaba a todos tanto como yo no le gustaba.
La cabeza de Graham se inclinó y miró fijamente a sus dedos, que juntó.
—Y es el mejor hombre y amigo que he conocido.


Se dio la vuelta y se alejó sin decir otra palabra, y así como así, durante una pequeña fracción de segundo, Graham Russell me mostró un vislumbre de su corazón.

Alrededor de las once de esa noche, terminé de limpiar la habitación de Talon y me dirigí a la oficina de Graham donde escribía, su enfoque se centraba completamente en sus palabras.

—Oye, me voy a casa.
Tomó un segundo, terminó de escribir su oración, y se giró para enfrentarme.
—Gracias por tu tiempo, Lucille.


—Por supuesto. Oh, y solo un aviso, el viernes no creo que pueda hacerlo. Mi novio va a tener una exposición de arte, así que tendré que estar allí.

—Oh —dijo, un pequeño tic en su labio inferior—. De acuerdo. Tiré la correa de mi bolso por encima del hombro.

—Sabes, si quieres, puedes traer a Talon al evento. Podría ser agradable sacarla y llevarla a otros lugares que no sean el consultorio del médico

—No puedo. Tengo que terminar estos capítulos para el sábado. —Oh, está bien... bueno, que tengas una gran noche.
—¿A qué hora? —dijo justo cuando entré en el pasillo.
—¿Umm?
—¿A qué hora es el espectáculo?
Un bulto de esperanza se formó en mi tripa.
—A las ocho en punto, en el museo de arte.
Asintió una vez. 
—Podría terminar temprano. ¿Vestimenta elegante?
Ni siquiera pude mantener la sonrisa para mí misma.
—Corbata negra.


—Anotado. —Debe haber notado mi emoción porque entrecerró sus ojos—. No es una promesa de que lo haré. Prefiero estar informado por si acaso asisto.

—No, por supuesto. Te pondré en la lista de invitados, por si acaso. —Buenas noches, Lucille.
—Buenas noches, Graham Cracker.


Mientras me alejaba, no podía evitar pensar en la forma en que progresó la noche. Para la persona promedio, sus interacciones habrían parecido normales en el mejor de los casos, pero yo sabía que, para Graham, fue un día extraordinario.

Por supuesto, no me garantizó que llegaría al espectáculo, pero existía una pequeña posibilidad. Si éste era el hombre al que se convirtió después de una visita del Profesor Oliver, en secreto rezaba para que viniera todos los días.

 

Hubo pequeños momentos a veces que presencié con Graham mientras cuidaba de su hija. Esos momentos eran los que yo guardaba cuando él era más frío que el hielo. A menudo lo veía sin camisa, tendido en el sofá con Talon en los brazos. Todos los días se preocupaba de hacer el método madre canguro, por miedo a no relacionarse con Talon. Pero estaban más unidos de lo que él podría haber notado. Ella lo adoraba, tal como él la adoraba. Una vez, mientras descansaba en la sala de estar, lo escuché en el monitor del bebé hablando con su hija mientras trataba de calmar su llanto.

—Eres amada, Talon. Prometo cuidarte siempre. Prometo ser mejor para ti.

Nunca habría mostrado ese lado de su corazón si estuviera junto a mí. Nunca se le habría visto en un estado mental tan vulnerable. Sin embargo, el hecho de que no temiera amar a su hija con tanto cuidado en la tranquilidad de su hogar, me animaba por dentro. Resultó que la bestia no era un monstruo después de todo. Era simplemente un hombre que fue herido en el pasado y se abría lentamente debido al amor de su hija.

Llegué al museo poco después de las ocho debido a una entrega floral tardía, y cuando entré usando mi vestido púrpura brillante, me sorprendió la cantidad de gente que ya estaba allí. La exhibición de Richard se colocaba en el extremo oeste del museo, y los presentes iban vestidos como si estuvieran en la Met Gala de Nueva York.

Encontré mi vestido a la venta en Target.
Mis ojos corrieron por la habitación en busca de Richard, y cuando lo vi, me apresuré.

—Hola. —Sonreí, entrando en la conversación que tenía con dos mujeres sobre una pieza de su obra de arte. Las mujeres lucían impresionantes en sus vestidos rojos y dorados que llegaban hasta el suelo. Llevaban su cabello perfectamente atado y su maquillaje era impecable.

Richard me miró y me dio una media sonrisa.
—Oye, oye, lo lograste. Stacy, Erin, ella es Lucy.


Las dos señoras me miraron de arriba abajo mientras me acercaba más a Richard y les tendía la mano a cada una de ellas. 
—Su novia.
—No sabía que tenías novia, Richie —dijo Erin, estrechando mi mano con una expresión de desagrado en sus labios.
—Yo tampoco —contestó Stacy.
—De cinco años —dije apretando los dientes, tratando de dar una sonrisa falsa.
—Oh —dijeron al unísono, la incredulidad goteando de la palabra. Richard aclaró su garganta, colocó su mano en la parte baja de mi espalda, y empezó a guiarme lejos. 
—Señoras, vayan a tomar algo. Le voy a mostrar a Lucy un poco los alrededores.


Se fueron, y Richard se inclinó un poco hacia mí. 
—¿De qué iba eso?


—¿De qué hablas? —pregunté, intentando resaltar el hecho de que no fui completamente normal en esa interacción
—Toda tú, “este es mi hombre, apártate, perra”, persona allí atrás.

—Lo siento —murmuré, parándome derecha. No era una chica celosa, pero el sentimiento que esas señoras me dieron era tan incómodo; era como si estuvieran disgustadas por toda mi existencia.

—Está bien, de verdad —dijo Richard, quitándose las gafas y limpiándolas con un paño de bolsillo—. Tu vestido es corto —mencionó, mirando alrededor de la habitación.

Me giré un poco. 
—¿Te gusta?


—Es corto, eso es todo. Además, tus tacones altos son de color amarillo brillante y muy altos. Eres más alta que yo.
—¿Y eso es un problema?
—Me hace sentir un poco socavado, eso es todo. Cuando te presente, me veré como el chico pequeño junto a su novia gigante.


—Son solo unos centímetros.
—Pero aun así, es denigrante.


No sabía cómo tomar sus palabras, y antes de poder contestar, me comentó sobre mi cabello.
—Y hay pétalos de rosa en tu cabello.

Sonreí y toqué la corona de flores que hice en la floristería antes de venir. Estaba hecha de rosas, tulipanes y aliento de bebé, y se sentaba sobre mi cabello, que llevaba colocado en una gran trenza francesa que se extendía sobre mi hombro izquierdo.

—¿Te gusta? —pregunté.

—Luce un poco infantil —contestó, colocando sus gafas de nuevo—. Pensé que te dije lo importante que es este evento para mí, Lucy. Por mi carrera.

Entrecerré mis ojos.
—Lo sé. Richard, todo esto es increíble. Lo que has hecho es increíble.
—Sí, pero parece un poco extraño que llegues vestida así.


Mis labios se separaron, sin saber qué decir, pero antes de que pudiera contestar, se disculpó diciendo que necesitaba ir a saludar a algunas personas muy importantes.

Aclarando mi garganta, me alejé por mi cuenta y recorrí la habitación antes de llegar al bar, donde un simpático caballero me sonrió. —Hola, ¿qué puedo servirte?
—Un vestido diferente —bromeé—. Y tal vez un par de tacones más cortos.

—Te ves hermosa —comentó—. Y entre tú y yo, creo que eres la mejor vestida de la habitación, pero, ¿qué sé yo? Solo soy un camarero, no un artista.

Sonreí.
—Gracias. Solo tomaré un agua con una rodaja de limón por ahora. Alzó una ceja.


—¿Segura que no quieres vodka? Esto parece una habitación que necesita grandes cantidades de vodka.
Me reí, sacudiendo la cabeza.

—Aunque estoy de acuerdo, creo que ya estoy llamando la suficiente atención. No hay necesidad de permitir que la versión borracha de mí misma escape. —Le agradecí por el agua helada, y cuando me di la vuelta, vi la espalda de un hombre parado frente a una de las pinturas de Richard. A su lado se hallaba un asiento de seguridad que sostenía a la niña más hermosa del mundo. Una ola de consuelo me acompañó al verlos ante mí. Era difícil explicar cómo ver esos dos rostros familiares me proporcionó un nivel de confianza.

—Lo lograste —exclamé, dirigiéndome a Talon y agachándome para besar ligeramente su frente.
Graham se giró un poco hacia mí antes de mirar hacia atrás al cuadro.

—Lo hicimos. —Se puso de pie en un traje negro con una corbata gris profunda y puños grises. Sus zapatos brillaban, como si estuvieran recién pulidos para la gala. Tenía el cabello peinado con un poco de gel y su barba bien arreglada.

—¿Eso significa que terminaste tus capítulos?
Sacudió la cabeza una vez. 
—Terminaré una vez que llegue a casa.


Mi pecho se apretó. Ni siquiera terminó su trabajo, pero aún tenía tiempo para aparecer.

—¿Lucille?
—¿Sí?


—¿Por qué estoy mirando una pintura de tres por tres metros de tu novio desnudo?
Solté una risita para mí misma, sorbiendo mi agua.

—Es una colección de autodescubrimiento donde Richard se sumergió profundamente para expresar sus pensamientos, miedos y creencias internas a través de cómo se ve a sí mismo usando diferentes medios, como la arcilla, el carbón vegetal y los pasteles.

Graham miró alrededor de la sala el resto de los autorretratos y creaciones de barro de Richard. 
—¿Es esa una estatua de un metro ochenta de alto de su pene? — preguntó.

Asentí incómodamente. 
—Ésa es una estatua de un metro ochenta de alto de su pene.


—Hmph. Está bastante confiado en su… —Inclinó ligeramente la cabeza y aclaró su garganta—… hombría

—Me gusta creer que la confianza es mi segundo nombre —bromeó Richard, acercándose a nuestra conversación—. Lo siento, no creo que nos conozcamos.

—Oh, sí, claro, lo siento. Richard, este es Graham. Graham, este es Richard.

—El novio de Lucy —dijo Richard con un poco de fuerza en sus palabras mientras intentaba estrechar la mano de Graham—. Así que, ¿tú eres el que ha estado robando el tiempo de mi novia día y noche, eh?

—Más Talon que yo —respondió, tan seco como siempre.

—¿Y tú eres un autor? —preguntó Richard, sabiendo muy bien que Graham era realmente G. M. Russell—. Lo siento, no estoy seguro de haber oído hablar de tus novelas. Creo que nunca he leído nada que hayas publicado. —Se comportaba extrañamente agresivo, haciendo que toda la situación fuera incómoda.

—Eso está bien —respondió Graham—. Suficiente gente lo ha hecho, así que tu falta de conciencia no inflige ningún daño a mi éxito. Richard rio a carcajadas y golpeó a Graham en el hombro.

—Eso es gracioso. —Rio torpemente y luego metió las manos en sus bolsillos. Los ojos de Richard viajaron al vaso en mi mano y levantó una ceja—. ¿Vodka?

Sacudí la cabeza. 
—Agua.


—Bien, bien, bien. Probablemente es mejor que no bebas esta noche, ¿verdad, cariño?

Le di una tensa sonrisa, pero no contesté.
Graham hizo una mueca. 
—¿Por qué es eso? —preguntó.


—Oh, bueno, cuando Lucy bebe, se vuelve un poco... tonta. Muy habladora, si puedes creerlo. Es como si aumentara todas sus rarezas, y puede ser mucho que manejar a veces.

—Parece lo suficientemente madura para tomar sus propias decisiones —respondió Graham.
—Y su elección fue no beber esta noche —respondió Richard sonriendo.
—Estoy seguro de que puede hablar por sí misma —dijo Graham, con la voz fría—. Después de todo, le dieron sus propias cuerdas vocales. —Sí, pero habría dicho exactamente lo que yo he dicho. Graham dio una forzada y tensa sonrisa. Era la sonrisa más infeliz que vi en mi vida. 
—Por favor, discúlpenme, debo ir a otro lugar que no sea aquí mismo —dijo fríamente Graham, levantando la silla de bebé y caminando.


—Guau. —Richard silbó bajo—. Qué imbécil.
Empujé ligeramente su hombro.
—¿Qué fue eso? Fuiste un poco agresivo, ¿no crees?


—Bueno, lo siento. No sé lo cómodo que me siento contigo estando en su casa todo el tiempo.
—Estoy allí ayudando a cuidar de Talon, que es mi sobrina, mi familia. Sabes esto.

—Sí, pero parece que dejaste de lado el hecho de que parece un maldito dios griego, Lucy. Jesucristo, ¿qué clase de autor tiene brazos del tamaño del Titanic? —exclamó Richard, sus celos en voz alta y clara.

—Se ejercita cuando tiene bloqueo de escritor.

—Debe haber mucho bloqueando a ese escritor. De todos modos, ven aquí. Hay algunas personas que necesito que conozcas. —Tomó mi brazo y empezó a empujarme hacia delante. Cuando me di la vuelta para ver a Graham, se hallaba sentado en un banco, sosteniendo a Talon y mirándome fijamente. Su mirada era intensa, como si su mente estuviera corriendo con un millón de pensamientos.

Richard me llevó por la habitación, presentándome a un grupo de gente que vestía mucho más elegante que yo. Cada vez hablaba de mi ropa, mencionando lo extraño que era, como mi corazón. Lo dijo con una sonrisa, pero pude sentir el ceño fruncido debajo.

—¿Puedo tomarme un descanso? —pregunté después de hablar con una mujer que me miraba como si fuera basura.
—Solo dos personas más. Esto es importante… son la pareja con la que hablar esta noche.
Aparentemente mi descanso tendría que esperar.
—El Sr. y la Sra. Peterson —dijo Richard, extendiendo su mano para estrechar la mano—. Estoy tan feliz de que hayan podido venir.


—Por favor, no seas tan formal, Richard. Solo llámenos Warren y Catherine —dijo el caballero mientras ambos nos saludaban con cálidas sonrisas.

—Claro, por supuesto. De nuevo, estoy tan feliz de que estén aquí.

Catherine llevaba un chal de piel alrededor de sus hombros, y su cuerpo iba adornado con joyas caras, haciendo que su sonrisa brillara aún más. Llevaba sus labios pintados de fucsia, y lo cargaba a sí misma como si fuera de la realeza.

—No nos lo habríamos perdido por nada del mundo, Richard. Y tú debes ser Lucy. —Sonrió y tomó mi mano en la suya—. He estado preguntando mucho sobre la dama en la vida de este talentoso hombre.

—Esa soy yo. —Reí sin entusiasmo, tirando de la parte inferior del vestido con mi mano libre, esperando que Richard no hiciera comentarios al respecto—. Lo siento, ¿cómo es que ustedes dos se conocen?

—El Sr. Pet… Warren es uno de los artistas más grandes del mundo, y es de Milwaukee, Lucy —explicó Richard—. Te he hablado de él muchas veces.

—No —dije en voz baja—. No estoy segura de que lo hayas hecho. —Sí, lo he hecho. Estoy seguro que lo has olvidado.
Warren rio entre dientes.


—No te preocupes, Lucy. Mi propia esposa se olvida de mí unas cincuenta veces al día… ¿no es eso cierto, Catherine?

—Lo siento, ¿te conozco? —bromeó su esposa, guiñándole un ojo a su marido. Aunque no eran más que agradables, podía decir que Richard se sentía un poco molesto conmigo, aunque estaba segura de que nunca oí hablar de ellos.

—Entonces, Richard, ¿cuál es el siguiente paso en tu carrera? — preguntó Warren.
—Bueno, un amigo mío me invitó a una exhibición en Nueva York — dijo.
—¿Oh? —pregunté, sorprendida de oírlo en ese momento—. No tenía ni idea.


—Ocurrió esta tarde —dijo, inclinándose y dándome un beso—. ¿Recuerdas a Tyler? Va a una gran gala de arte en la ciudad y dijo que podía quedarme en su apartamento.

—Oh, ¿la Gala de Arte Rosa? —preguntó Warren, asintiendo—. Pasé muchos años en la Rosa. Es una semana de magia. Juro que cada artista debe participar en ella al menos una vez. He encontrado algunas de mis influencias artísticas más fuertes durante esos tiempos.

—Y también perdió muchas neuronas —bromeó Catherine—. De vapores de pintura, alcohol y marihuana.

—Será increíble, eso es seguro —concordó Richard.
—¿Tú también vas, Lucy? —preguntó Warren.


—Oh, no. En realidad, está dirigiendo una floristería —interrumpió Richard, ni siquiera me dio la oportunidad de responder. Ni siquiera me invitó—. Pero ojalá pudiera venir.

—¿Eres florista? —preguntó ansioso Warren—. Deberías considerar emparejarte con un artista para el espectáculo floral que el museo alberga aquí. Haces un arreglo floral, y luego el artista pinta una pieza basada en tu creación. Es muy divertido.

—Eso suena increíble —concordé.

—Si necesitas un artista, avísame y veré qué puedo hacer. Estoy seguro de que también puedo poner tu nombre en el programa. —Warren sonrió.

—Ahora es el momento de la pregunta más importante de la noche: ¿qué estás bebiendo, Lucy? —preguntó Catherine.

—Oh, solo agua.
Ella hizo curvar su brazo con el mío y empezó a caminar conmigo. —Bueno, eso no servirá. ¿Eres una chica de ginebra? —preguntó.


Antes de que pudiera contestar, Richard habló—: Oh, le encanta la ginebra. Ella tendrá lo que tú tengas, estoy seguro.
Cuando los cuatro empezamos a caminar hacia el bar, Catherine se detuvo.

—¡Oh Dios mío, Warren! ¡Warren, mira! —Asintió en dirección a Graham, que ponía una Talon dormida de nuevo en su asiento del auto—. ¿Es ese G. M. Russell?

Warren metió la mano en su bolsillo y sacó sus gafas.
—Creo que lo es.
—¿Conocen su trabajo? —preguntó Richard, sin excusas.


—¿Conocerlo? Estamos enamorados de él. Es uno de los mejores autores… además de su padre, por supuesto. Que descanse en paz —dijo Warren.

—Oh, no. Es mucho mejor que Kent. Escribe con tanto dolor que es encantadoramente hermoso.
—Sí. —Warren asintió—. Estoy completamente de acuerdo. De hecho, mi serie Sombras se inspiró en su novela Amargo.
—Esa es una de mis favoritas —relaté, recordando la novela que tenía un lugar permanente en mi librería—. ¡Y ese giro!
—¡Oh, Dios mío, cariño, ese giro! —concordó Catherine, sus mejillas se volvieron rojas—. Oh, me encantaría conocerlo.


No estaba segura si era posible que mi novio pudiera estar lleno de más basura en una noche, pero seguro que seguía sorprendiéndome con sus mentiras fuera de este mundo.

—En realidad es un buen amigo de Lucy —dijo sin esfuerzo. Graham se encontraba lejos de ser mi amigo, aunque era lo único que se sentía bien en la habitación aquella noche—. Lucy, ¿crees que puedes presentarlo?

—Um, claro, por supuesto. —Sonreí a la pareja emocionada y los llevé a hablar con Graham—. Hola, Graham.
Se levantó y alisó su traje y luego puso sus manos frente a él, con los dedos atados.

—Lucille.
—¿Te diviertes? —pregunté.


Permaneció en silencio, torpemente. Después de un momento, aclaré mi garganta y señalé a la pareja.
—Estos son Warren y Catherine. Son…

—Dos de tus mayores fans —exclamó Catherine, extendiéndose y cogiendo la mano de Graham, agitándola rápidamente. Graham le dio una gran sonrisa, que era falsa y forzada, también conocida como su “marca de autor”, asumí.

—Gracias, Catherine. Siempre es un placer conocer a los lectores. He sido informado esta noche de que algunos no han oído hablar de mi trabajo, pero el hecho de que ustedes dos lo hayan hecho es refrescante — respondió Graham.

—¿No han oído hablar de tu trabajo? ¡Blasfemia! No puedo pensar en un alma que no supiera de ti —dijo Warren—. Eres una leyenda viviente en cierto sentido.

—Lamentablemente, el bueno de Richard parece estar en desacuerdo —se burló Graham.
—¿En serio, Richard? ¿No conoces el trabajo de Graham? —dijo Catherine, un poco de decepción en su voz.

Richard rio nerviosamente, frotando su nuca. 
—Oh, no, claro que conozco su trabajo. Solo bromeaba.


—Tu definición de broma es un poco inadecuada —respondió secamente Graham.

Talon empezó a quejarse un poco, y me agaché para recogerla, sonriendo a su dulce rostro mientras Graham y Richard libraban una extraña guerra entre ellos.

El grupo pudo sentir la tensión, y Warren sonrió mucho antes de mirar a su alrededor.

—Así que, Richard, tu trabajo es bastante único.
Richard se levantó, orgulloso.


—Sí. Me gusta pensar en ello como un despertar a todas mis sombras más profundas y oscuras. Ha sido un proceso para mí cavar tan profundo, y durante mucho tiempo tuve muchas fallas emocionales acerca de ser tan vulnerable y abierto conmigo mismo, y mucho menos la idea de permitir que otros entraran en mi alma. Fue un momento muy duro para mí, eso seguro, muchas lágrimas, pero lo hice.

Graham resopló, y Richard le disparó una mirada severa. —Lo siento, ¿dije algo gracioso?

—No, excepto por cada palabra que salió de tu boca —respondió Graham.
—Parece que lo sabes todo, ¿no? Bueno, adelante, dime lo que ves cuando miras a tu alrededor —instó Richard.
No lo hagas, Richard. No despiertes a la bestia.
—Confía en mí, no quieres saber mis pensamientos —dijo Graham, orgulloso de sí mismo.


—No, vamos, ilumínanos, porque estoy harto de esa actitud — contestó Richard—. Tu tono pretencioso es extremadamente injustificado, y francamente, extremadamente irrespetuoso.

—¿Falta de respeto? ¿Pretencioso? —preguntó Graham, arqueando una ceja.

Oh, no. Tomé nota de la vena que salía del costado del cuello de Graham, y aunque mantenía su voz calmada, se irritaba cada vez más mientras hablaba.

—Estamos parados en una sala llena de pinturas y esculturas de tu pene, que, si soy honesto, parece ser nada más que un hombrecito tratando de sobre compensar por algo que le falta en la vida. A juzgar por su estatura y la necesidad de obligar a la gente a entrar en una habitación para mirar sus genitales caricaturescos y sobredimensionados, le falta un poco.

Las bocas de todo el mundo se abrieron, aturdidas por las palabras de Graham. Mis ojos se mantuvieron abiertos, mi pecho apretado mientras tiraba del brazo de Graham.

—¿Puedo tener unas palabras en la otra habitación? —pregunté, pero era mucho más una demanda que una petición educada. —¡¿De qué iba eso?! —grité en voz baja, llevando a Talon a la oscura exhibición donde Graham se dirigía.

—¿De qué hablas?
—Tú. Todo ese número de ahí atrás.
—No sé de qué hablas —respondió.


—¡Vamos, Graham! Por una vez en tu vida, ¿no puedes dejar de ser condescendiente?

—¿Yo? ¿Condescendiente? ¿Bromeas? Hizo retratos, de sí mismo, desnudo, y lo consideró una obra de arte cuando en realidad es una mierda de moda que no pertenece a este museo.

—Tiene talento.
—Tu idea de talento está trastornada.
—Lo sé —contesté con dureza—. Después de todo, leo tus libros.


—Muy buena, Lucille. Realmente lo dijiste —dijo, poniendo sus ojos en blanco—. Pero a diferencia de tu supuesto novio, conozco mis defectos en cuanto a mi destreza. Él cree que es el mejor de los mejores.

—¿Qué quieres decir? ¿Qué quieres decir con “supuesto” novio? —Él no te conoce —dijo asertivamente, haciéndome levantar una ceja.
—Hemos estado juntos por más de cinco años, Graham.

—Y aun así no tiene ni idea de quién eres, lo que no es sorprendente, porque parece tener la cabeza tan metida en su propio culo que no tiene tiempo para concentrarse en nadie más.

—Guau —dije, completamente desconcertada por sus palabras—. No lo conoces.

—Conozco su tipo, el tipo de personas que tienen el más pequeño sabor del éxito y sienten que pueden desechar las cosas y la gente de su pasado. No sé cómo solía mirarte, pero te mira como si ahora no fueras nada. Como si estuvieras por debajo de él. Le doy a tu relación dos semanas. Apuesto a que acabará en un mes, como mucho.

—Estás siendo un imbécil.

—Te estoy diciendo la verdad. Es un pedazo de mierda arrogante. ¿Sabes cuál es el apodo de Richard? Es Idiota, lo que es tan apropiado9. Quiero decir, Lucille, sabes cómo escogerlos.

Hervía, su rostro rojo brillante mientras jugaba con sus puños sin parar. Nunca lo vi tan enojado, tan lejos de su normal yo no emocional.

—¿Por qué estás tan enfadado? ¿Qué pasa contigo?
—No importa, olvídalo. Entrégame a Talon.


—No, no puedes hacer eso. No vas a explotar y ser irrespetuoso con mi novio y luego me dices que lo olvide.
—Puedo, y lo hice.
—No. Graham, basta. Por una vez en tu vida, solo di lo que realmente sientes.


Separó sus labios, pero las palabras no escaparon de él —¿De verdad? ¿Ni una palabra? —pregunté.
—Ni una palabra —contestó suavemente.
—Entonces creo que tienes razón. Creo que es hora de que te vayas.


—Estoy de acuerdo. —Se paró a centímetros de mí, sus calientes respiraciones derritiéndose contra mi piel. Mi corazón golpeó contra mi caja torácica mientras me preguntaba qué hacía, y se tomó unos segundos antes de acercarse. Enderezó su corbata, bajó la voz, y habló tan severamente—. Solo porque sonrías y actúes libre no significa que la jaula no exista. Solo significa que has bajado tus estándares para saber hasta dónde te vas a permitir volar.

Lágrimas quemaron en la parte de atrás de mis ojos mientras agarraba a Talon de mi agarre y se giraba para irse. Justo antes de salir del área oscurecida, se detuvo y respiró profundamente. Se giró hacia mí, mirándome a los ojos, y sus labios se separaron un poco como si fuera a hablar de nuevo, pero yo levanté la mano.

—Por favor, solo vete —susurré, mi voz temblorosa—. No creo que pueda aguantar más esta noche, señor Russell.
Mi frialdad usando su apellido le hizo ponerse de pie más recto, y cuando desapareció, mis lágrimas comenzaron a caer. Mis dedos se envolvieron alrededor de mi collar y respiré profundamente.

—Aire sobre mí, tierra debajo de mí, fuego dentro de mí, agua alrededor de mí... —repetí las palabras hasta que mis latidos del corazón volvieron a un ritmo normal. Repetí las palabras hasta que mi mente dejó de girar. Repetí las palabras hasta que borré la conmoción que Graham causó en mi alma. Luego volví a la gala con una sonrisa falsa en los labios, y en la cabeza repetí mis palabras un poco más.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Jue 12 Abr - 13:49

11

LUCY

 

—¿Todavía te está llamando? —pregunto Richard, limpiando su cepillo de dientes en el lavabo del baño. Me recosté sobre la pared del pasillo, viendo fijamente

el nombre de Graham que parpadeaba en la pantalla.
—Síp. —No había visto a Graham desde que explotó en la gala de Richard hace cinco días y no dejó de llamarme desde entonces.


—¿Y no deja un mensaje?
—Nop.
—Bloquéalo. Él es la definición de psicópata.
—No puedo. ¿Qué si algo le pasa a Talon?
Richard me miro con una ceja arqueada.


—Sabes que en realidad ella no es tu responsabilidad ¿verdad? En el sentido de que no es tu hija.
—Lo sé, es solo que… —Mordí mi labio inferior y miré hacia mi teléfono—. Es difícil de explicar.


—No, lo entiendo, LuLu. Eres una persona generosa, pero debes tener cuidado, porque un hombre como él es solo un oportunista. Tomará todo de ti y te tratará como una mierda.

En mi mente pensé en la cena que Graham y yo tuvimos la semana pasada, la noche cuando me mostró una pequeña y suave parte de él de la que me maravillé. La cosa sobre Graham Russell es que siempre vivió completamente en su mente. Realmente nunca invitó a una persona a ver sus propios pensamientos o sentimientos. Así que, la noche en que explotó en la exposición de arte, fue un completo ochenta por ciento de quien yo creía que era.

En lugar de involucrarme en más conversaciones sobre Graham, cambié la conversación.
—¿Realmente tienes que irte por una semana?
Richard pasó junto a mí, a la sala de estar donde sus maletas se hallaban abiertas.


—Lo sé, desearía no tener que hacerlo, pero ahora que estoy en el museo, tengo que mantenerme por el momento y cuando te invitan a la gala en Nueva York, debes ir.

Caminé detrás de él y coloqué mis brazos a su alrededor. —¿Estás seguro de que la novias no puede seguirte a todas partes? —bromeé.

Se dio vuelta con una sonrisa y besó mi nariz.
—Lo desearía. Te voy a extrañar.


—También te voy a extrañar. —Sonreí, dándole un beso suave—. Y si quieres podría mostrarte exactamente lo mucho que te voy a extrañar. Richard hizo una mueca y miró su reloj.
—Aunque suena realmente tentador, tengo que irme para el aeropuerto en unos veinte minutos y casi no he terminado de empacar. Separó nuestros cuerpos y volvió a sus maletas para empacar sus brochas.
—Bien. Bueno, ¿estás seguro que no quieres que te lleve al aeropuerto?


—No, está bien, en verdad. Tomare un taxi. Vas a entrenar a la chica nueva hoy, ¿cierto? —Miró su reloj una vez más antes de mirarme—. Creo que ya llegas tarde.

—Sí, tienes razón. Bien, bueno. Escríbeme un mensaje antes de que el avión despegue y llama cuando aterrices. —Me incliné sobre él y lo besé en los labios.

—Bueno, suena bien… y, ¿nena?
—¿Sí?
—Bloquea ese número.


—Lamento llegar tarde —dije corriendo por los Monet´s Gardens a través de la puerta trasera.

Mari revisaba los pedidos semanales con Chrissy, nuestra nueva florista. Chrissy era una hermosa mujer cerca de los setenta años quien una vez fue dueña de su propia tienda de flores. Enseñarle las entradas y salidas de la tienda era fácil… sabía más que Mari y yo cuando se trataba de flores.

Cuando mencionamos que ella estaba sobre calificada para el empleo, estuvo en desacuerdo, diciendo que fue una solicitada florista y dueña de su tienda por muchos años, pero que había sido mucho trabajo para seguirle el ritmo. Dijo que sus amigos le recomendaron retirarse, pero su corazón sabía que necesitaba estar rodeada de flores por un poco más de tiempo y el empleo en nuestra tienda era perfecto.

—No te preocupes. —Sonrió Chrissy—. Ya comencé a organizar los pedidos para hoy.

—Sí, y también me enseñó este nuevo sistema de organización de computadoras… en otras palabras, creo que contratamos a un mago — bromeó Mari—. ¿Richard se va a Nueva York?

—Síp, por desgracia, pero regresara pronto.
Mari entrecerró sus ojos.


—Esta es la primera vez que ustedes dos pasan una semana separados… ¿estás segura que puedes manejar la separación? —Estoy planeando atracarme con comida chatarra… como chips de coles risadas y guacamole.
—Encanto, sin ofender, pero los chips de coles risadas no son comida chatarra —dijo Chrissy con descaro.


—¡Eso es lo que le he estado diciendo durante el último millón de años! —dijo Mari con un suspiro mientras se acercaba a la puerta delantera y abría la tienda—. Pero, bueno, me voy a llevar a Chrissy conmigo para organizar una boda en Wauwatosa, ¿necesitaras algo de nosotras?

Sacudí mi cabeza.
—No, ¡diviértanse! Estaré aquí cuando vuelvan.


Mientras ellas caminaban cerca de la puerta de entrada, un caballero mayor con un sombrero de fieltro entró y se quitó el sombrero. Mi pecho se apretó al verlo y cuando su mirada conecto con la mía, sonrió ampliamente.

—Lucy —dijo cálidamente, inclinado su sombrero en mi dirección. —Hola, Ollie. ¿Qué haces aquí?
Él caminó un poco alrededor, estudiando las flores de la tienda.


—Tenía la esperanza de comprar unas pocas rosas para una mujer especial. —Me dio su sonrisa encantadora y empezó a silbar mientras paseaba por la tienda—. Sin embargo, no estoy seguro de cuáles le gustarían. ¿Me ayudarás?

—Por supuesto. Cuéntame un poco sobre ella.

—Bien, ella es hermosa. Tiene esos ojos que simplemente te atrapan y cuando te mira, te hace sentir como la persona más importante del lugar.

Mi corazón se calentó al oírlo hablar tan cariñosamente sobre la mujer, mientras continuaba, caminamos alrededor de la tienda, tirando de una flor por cada faceta de su personalidad.

—Es gentil y cariñosa. Tiene una sonrisa que ilumina la habitación. Es inteligente también, muy inteligente. No tiene miedo a ayudar, aun cuando sea difícil. Y la última palabra que la describe… —dijo, extendiendo la mano y tomando una rosa roja—. Es pura. Ella es pura, no ha sido tocada por la crueldad del mundo. Simple, fácil y hermosamente pura.

Tomé la rosa que él tenía, una sonrisa descansaba en mis labios. —Suena como una mujer maravillosa.
Asintió.
—De hecho, lo es.


Caminé hacia el mostrador y comencé a cortar las flores para Ollie, mientras el escogía un jarrón rojo. Las flores eran un adorno de diferentes colores y estilos, una impresionante colección. Esta era la parte favorita de mi trabajo: cuando la gente llegaba a la tienda y no tenían ni idea de lo que querían. Las rosas eran esplendidas, sí, y los tulipanes eran bonitos, pero existía algo tan creativamente gratificante en ser capaz de tener una gama libre y crear una pieza que expresara la personalidad artística de la persona a quien amaba el cliente.

Mientras ataba un lazo alrededor del jarrón, Ollie entrecerró sus ojos hacia mí.

—Estás ignorando sus llamadas.
Hice una mueca por un segundo, buscando a tientas el lazo. —Es complicado.


—Por supuesto que lo es —concordó—. Después de todo, estamos hablando de Graham. —Bajó la voz y sostuvo su sombrero de fieltro contra su pecho—. Cariño, lo que sea que haya hecho, lo siente.

—Fue cruel —susurré, el moño no era lo suficientemente perfecto, lo que me llevó a desatar la cinta para comenzar de nuevo.

—Por supuesto que lo fue —concordó—. Después de todo, estamos hablando de Graham. —Soltó una risita suavemente—. Pero, de nuevo, él es Graham, lo que significa que no es lo que quiso decir.

No dije nada más sobre el tema.

—Así que, las flores cuestan cuarenta y cuatro dólares con treinta y dos, pero te daré el descuento de visita por primera vez, llevándolo a treinta y cuatro dólares con treinta y dos.

—Eso es muy amable de tu parte, Lucy. Gracias. —Metió la mano en su billetera y me entregó el dinero. Luego se colocó el sombrero de fieltro sobre la cabeza y se giró para irse.

—Ollie, olvidas tus flores —le llamé.
Se giró hacia mí y negó.


—No, señora. Un amigo mío me pidió que pasara a escogerlas para ti. Le pregunté algunas características sobre ti y esa es la creación que surgió.

—¿Graham dijo esas cosas sobre mí? —pregunté, mi pecho tensándose un poco mientras miraba fijamente el arreglo.

—Bueno, me dio una de las palabras, y yo me limité a reunir las demás por mi cuenta, basándome en los pocos momentos que pasamos juntos. —Aclaró su garganta e inclinó la cabeza—. Escucha, no estoy diciendo que tengas que volver, pero si lo haces, demostrarás que se equivoca.

—¿Demostrar que se equivoca?

—Graham vive una vida en la que cree que todos se van. Si su pasado le ha enseñado algo, es eso. Entonces, una parte de él siente alivio de que te hayas ido. Después de todo, estaba seguro de que desaparecerías eventualmente, de todos modos. Es por eso por lo que no puede soportarme en su vida. Sin importar qué, sigo apareciendo, y eso lo vuelve loco. Así que, si de alguna manera o forma deseas regresarle algo a Graham por lastimarte, la mejor venganza es demostrarle que se equivoca, que no todos se van a ir. Te lo prometo, actuará como si te odiara por ello, pero recuerda: la verdad está en sus ojos. Sus ojos te lo agradecerán un millón de veces.

—¿Ollie?
—¿Sí?
—¿Qué palabra te dio él? ¿Para describirme?


—Pura, querida. —Volvió a inclinar su sombrero una vez más y abrió la puerta—. Él te llamó pura.
Su ceja fruncida y los brazos cruzados me recibieron cuando me acerqué a él.


—Regresaste —dijo Graham, sonando sorprendido mientras me quedaba parada en frente al porche de su casa—. Honestamente, pensé que regresarías días atrás.

—¿Por qué pensarías eso? —pregunté.
—El Profesor Oliver me dijo que recibiste las flores.
—Sí.
Levantó una ceja.
—Eso fue hace cuatro días.
—Umm sí.


—Bueno, te tomó suficiente tiempo venir a decir gracias. —Sus palabras duras y secas no fueron impactantes, pero, aun así, por alguna razón, me sacudieron.

—¿Por qué debería darte las gracias por las flores? Ni siquiera las elegiste.
—¿Qué importa eso? —preguntó, acariciando la parte posterior de su cuello—. Aun así, las recibiste. Pareces desagradecida.


—Tienes razón, Graham. Soy la grosera aquí. De todos modos, solo estoy aquí porque dejaste un mensaje que decía que Talon se enfermó. — Entré a la casa sin que me invitara, me quité la chaqueta y la puse en la silla de su sala de estar.

—Una pequeña fiebre, pero no estaba seguro de… —Hizo una pausa. —. ¿Regresaste porque se enfermó?

—Por supuesto que volví. —Resoplé—. No soy un monstruo. Si Talon me necesita, aquí estoy para ella. Simplemente no dejaste un mensaje antes de hoy.

—Sí, por supuesto. —Asintió—. Escucha…
—No te disculpes, parece demasiado débil.
—No iba a pedir disculpas. Iba a decir que te perdono.
—¡¿Perdonarme?! ¿Por qué?


Se movió, recogiendo mi chaqueta del sofá y colgándola en el armario delantero.

—Por ser infantil y desaparecer por días.
—¿Bromeas, no?
—No soy de los que bromean.


—Graham… —comencé a hablar, cerré los ojos y respiré profundamente para evitar decir algo de lo que me arrepentiría—. ¿Puedes al menos por un segundo aceptar algún tipo de culpa por tu actuación en el museo?

—¿Culpa? Quise decir cada palabra que te dije esa noche.
—¿Cada palabra? —Resoplé, sorprendida—. Así que, ¿no lo sientes?


Se irguió orgulloso y puso sus manos en los bolsillos de sus vaqueros.
—Por supuesto que no. Solo dije la verdad, y es una pena que seas demasiado emocional para aceptarla por completo.


—Tu definición de verdad y mi definición de verdad son muy diferentes. Nada de lo que dijiste tenía algo de verdad. Solo expresabas tus pensamientos obstinados, los cuales no fueron solicitados.

—Él te trató como…

—Solo detente, Graham. Nadie te preguntó cómo me trató. Nadie vino a ti por tus pensamientos. Solo te invité al evento porque pensé que sería lindo alejarte a ti y a Talon de las mismas cuatro paredes. Mi error.

—No pedí tu compasión.
—Tienes razón, Graham. Tonta por tender la mano a alguien, por tratar de construir una relación de algún tipo con el padre de mi sobrina.


—Bueno, es tu culpa. Tu necesidad de encontrar vida en todo y todos es ridícula y revela tus estilos infantiles. Dejas que tus emociones impulsen todo lo que eres, lo que a su vez te debilita.

Mis labios se abrieron con incredulidad y sacudí ligeramente mi cabeza.

—El hecho de que no sea como tú no significa que soy débil.
—No hagas eso —dijo en voz baja.
—¿Hacer qué?
—Hacer que me arrepienta de mis comentarios.
—No te obligué a hacer eso.
—Entonces, ¿qué hago?
—No sé, tal vez tu conciencia.


Sus ojos oscuros se entrecerraron y cuando Talon comenzó a llorar, comencé a ir en su dirección.
—No lo hagas —dijo—. Puedes irte, Lucille. Tus servicios ya no son necesarios.


—Estás siendo ridículo —le dije—. Puedo ir por ella.
—No. Solo vete. Es obvio que quieres irte, así que vete.


Graham era un monstruo nacido de las circunstancias más feas. Era dolorosamente hermoso de una manera tan oscura y trágica. Sus palabras me instaron a irme mientras sus ojos me suplicaban que me quedara.

Pasé por delante de él, nuestros hombros rozando el uno contra el otro, y me erguí, mirando sus ojos oscuros.
—No voy a ir a ningún lado, Graham, así que puedes dejar de malgastar tu aliento diciéndome que me vaya.
Entrando en la habitación de Talon, en parte esperaba que Graham intentara detenerme, pero nunca me siguió.


—Hola, cariño —dije, extendiendo los brazos a Talon y tomándola en ellos. Sabía que solo pasó una semana desde la última vez que la vi, pero juré que parecía más grande. Su cabello rubio se veía más largo, y sus ojos color chocolate sonreían por sí mismos.

También sonreía más, incluso con su poco de tos y su frente algo cálida. La acosté en el suelo para cambiar su pañal y silenciosamente tarareé para mí mientras ella me sonreía alegremente.

Me pregunté si la sonrisa de su padre se parecería a la de ella si alguna vez tomaba parte en la expresión. Me pregunté cómo serían sus labios carnosos si se curvaran hacia arriba.

Durante unos treinta minutos, Talon se sentó en su columpio y leí los libros que tenía en su pequeña estantería. Ella sonrió y soltó una risita, e hizo los sonidos más lindos del mundo mientras su pequeña nariz funcionaba. Eventualmente, se durmió, y no tuve el valor de intentar llevarla de vuelta a su cuna. Se veía más allá de lo cómodo mientras la silla se balanceaba hacia delante y hacia atrás.

—Necesitaré darle el medicamento en aproximadamente una hora — dijo Graham, haciendo que apartara la mirada de la bebé dormida. Miré hacia la puerta, donde se hallaba parado con un plato en la mano—. Yo, emm… —Movió sus pies y evitó el contacto visual—. Mary preparó pastel de carne y puré de patatas. Pensé que estarías hambrienta y que no querrías comer conmigo, así que… —Lo colocó en el tocador y asintió una vez—. Aquí tienes.

Le hizo daño a mi mente con la forma en que torcía mis opiniones acerca de la persona que realmente era comparada con la persona que se presentaba a sí mismo. Era difícil seguirle el ritmo.

—Gracias.
—Por supuesto. —Todavía evitaba el contacto visual, y vi como sus manos se apretaban y soltaban repetidamente—. Me preguntaste qué sentía esa noche. ¿Recuerdas? —preguntó.


—Sí.
—¿Puedo compartirlo ahora?
—Por supuesto.


Cuando su cabeza se levantó y nuestros ojos se encontraron, juré que de alguna manera apretó mi corazón con su mirada. Cuando movió los labios, bebí cada palabra que salía de su lengua.

—Sentí enojo. Sentí tanta ira contra él. Te miró como si fueras indigna de su atención. Insultó tu ropa toda la noche mientras te presentaba a la gente. Te discutió como si no fueras lo suficientemente buena, y por el amor de Dios, miró boquiabierto a otras mujeres cada vez que le dabas la espalda. Fue insensible, grosero y completamente idiota.

Dejó caer su cabeza por una fracción de segundo antes de volver a mirarme a los ojos, su mirada una vez fría ahora suave, gentil, cuidadosa mientras sus labios seguían moviéndose.

—Fue un completo idiota por pensar que no eras la mujer más hermosa en esa habitación. Sí, lo entiendo, Lucille… eres un bicho raro hippie y todo sobre ti es ruidoso y extravagante, pero, ¿quién es él para exigirte que cambies? Eres un premio de mujer, con pétalos de rosa en tu cabello y todo y te trató como si no fueras nada más que un esclavo indigno.

—Graham… —comencé, pero levantó una mano.

—Me disculpo por hacerte daño y ofender a tu novio. Esa noche solo me recordé un pasado que una vez viví y estoy avergonzado por haberlo hecho de esa manera.

—Aprecio y acepto tus disculpas.
Me regaló una media sonrisa y se giró para irse, dejándome intrigada por saber que sucedió en su pasado que lo molestaba tanto.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Flower el Jue 12 Abr - 18:38

ayyyyyyyyy mas tierno!!! me dio justo en el corazon!


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Vie 13 Abr - 4:33

Se esta ablandando poco a poco
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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