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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Lun 2 Abr - 9:28

Recuerdo del primer mensaje :

The Gravity of Us  - Brittainy C. Cherry 

Graham Russell y yo no estábamos hechos el uno para el otro
Yo estaba impulsada por la emoción; Él estaba apático. Soñaba mientras él vivía en pesadillas. Lloraba cuando no tenía lágrimas que derramar.
A pesar de su corazón congelado y mi disposición a correr, a veces compartíamos segundos. Segundos cuando nuestros ojos se entrelazaron y veíamos los secretos del otro. Segundos cuando sus labios saboreaban mis miedos, y yo respiraba sus dolores. Segundos cuando ambos imaginábamos lo que sería amarnos unos al otro.
Esos segundos nos dejaron flotando, pero cuando la realidad nos golpeó fuerte, la gravedad nos obligó a descender.
Graham Russell no era un hombre que sabía amar, y yo no era una mujer que sabía cómo. Sin embargo, si tuviera la oportunidad de caer de nuevo, caería con él para siempre.
Incluso si estuviéramos destinados a chocar contra el terreno sólido.
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Flower el Jue 5 Abr - 17:45

@axcia escribió:He tenido problema con el ordenador y hoy no puedo poner Capi. Espero que me lo arreglen mañana y poder traero  el siguiente capítulo. Siento las molestias
no hay drama linda, mañana nos pones el doble jajaja


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Flower


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por olsaal81 el Vie 6 Abr - 6:41

Tranquila, esperamos!!!!
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olsaal81


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Maluc el Vie 6 Abr - 16:43

gracias por el aviso, esperamos!!



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Maluc


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Yrisol el Vie 6 Abr - 19:39

Gracias
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Yrisol


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Sáb 7 Abr - 14:12

CAPITULO 2.2



No me dio la oportunidad de contestar antes de seguir hablando.
—Creo que es absurdo vender entradas para un funeral. Me parece
ridículo sacar provecho de la muerte de un hombre, convirtiendo su
despedida final en un circo de tres pistas. Pienso que es aterrador que los individuos pagaran extra para tener acceso a una reunión VIP después, pero entonces, otra vez, la gente pagó para sentarse en el mismo sofá donde Jeffrey Dahmer se sentó. No debería sorprenderme en absoluto por los humanos, pero, aun así, cada día tienden a sorprenderme con su falta de inteligencia.
—Vaya... —Alisé mi vestido blanco y me balanceé de un lado a otro—
. Realmente no te gustaba, ¿verdad?
Su mirada cayó al suelo antes de volver a mirarme.
—En lo más mínimo.
Miré hacia la oscuridad de la noche, mirando las estrellas.
—Es gracioso, ¿no? Cómo el ángel de una persona podría ser el
demonio más grande de otra.
Pero no le interesaban mis pensamientos. Regresó a la puerta y
empezó a golpear de nuevo.
—Maktub. —Sonreí.
—¿Qué?
—Maktub. Significa que todo está escrito, que todo sucede por una
razón. —Sin pensarlo mucho, extendí mi mano hacia Graham—. Soy Lucy, por cierto. Abreviatura de Lucille.
Entrecerró los ojos, sin moverse.
—De acuerdo.
Reí entre dientes y me acerqué más, aún con la mano extendida.
—Sé que a veces los autores pueden perderse las señales sociales,
pero este es el momento en que se supone que debes estrechar mi mano.
—No te conozco.
—Sorprendentemente, es exactamente cuando se supone que debes
estrechar la mano de una persona.
—Graham Russell —dijo, no tomando mi mano—. Soy Graham
Russell
Bajé mi mano, una mueca de vergüenza en mis labios.
—Oh, sé quién eres. No quiero sonar a cliché, pero soy tu mayor fan.
He leído cada palabra que has escrito.
—Eso es imposible. Hay palabras que he escrito que nunca han sido
publicadas.
—Tal vez, pero si lo hicieras, te juro que las leería.
—¿Has leído —La Cosecha—?
Arrugué mi nariz.
—Sí…
Sonrió, no, fue como un retorcijón en sus labios. Mi error.
—Es tan malo como creo que es, ¿no? —preguntó.
—No, yo solo... es diferente a los otros. —Mordí mi labio inferior—.
Es diferente, pero no sé por qué.
—Lo escribí después de que mi abuela murió. —Se movió de un lado
a otro—. Es una mierda y no debería haber sido publicado.
—No —dije con impaciencia—. Todavía me robó el aliento, de una
manera diferente, y créeme, te lo diría si pensara que era una completa
basura. Nunca he sido una buena mentirosa. —Mis cejas se menearon y mi nariz se arrugó mientras me movía de puntillas, como hacía mamá, y volví a mirar fijamente a las estrellas—. ¿Has pensado en plantar un árbol?
—¿Qué?
—Un árbol, en honor a tu padre. Después de que alguien cercano a
mí falleció, fue cremada, y mi hermana y yo plantamos un árbol con sus
cenizas. En los días festivos tomamos su caramelo favorito, nos sentamos
debajo del árbol, y comemos el caramelo en su honor. Es un círculo de
vida completo. Ella entró como energía del mundo, y regresó a él de la
misma manera.
—Realmente alimentas esos estereotipos milenarios, ¿no?
—Es una gran manera de preservar la belleza del medio ambiente.
—Lucille…
—Puedes llamarme Lucy.
—¿Cuántos años tienes?
—Veintiséis.
—Lucy es un nombre para una niña. Si alguna vez quieres hacerlo
en el mundo, deberías ir por Lucille.
—Anotado. Si alguna vez quieres ser el alma de la fiesta, deberías
considerar el apodo de Graham Cracker6.
6 En español Galletas Graham (marca de galletas americanas)
Página40
—¿Siempre eres tan ridícula?
—Solo en funerales donde la gente tiene que comprar entradas.
—¿Cuál era el precio de venta?
—Osciló entre doscientos y dos mil dólares.
Jadeó.
—¿Estás bromeando? ¡¿La gente pagó dos mil dólares para ver un
cadáver?!
Pasé mis manos por mi cabello.
—Más impuestos.
—Estoy preocupado por las generaciones futuras.
—No te preocupes, la generación anterior también se preocupaba por
ti, y es obvio que eres una gran persona brillante y encantadora —me
burlé.
Casi sonrió, creo.
Y fue casi hermoso.
—¿Sabes qué? Debería haber sabido que no escribiste ese discurso
basado en cómo terminó. Era una gran pista de que no lo escribiste tú.
Arqueó una ceja.
—En realidad escribí ese panegírico.
Reí.
—No, no lo hiciste.
No se rio.
—Tienes razón, no lo hice. ¿Cómo lo supiste?
—Bueno… escribes historias de horror y thriller. He leído cada una
de ellas desde que tenía dieciocho años, y nunca terminan felices.
—Eso no es verdad —argumentó.
Asentí.
—Lo es. Los monstruos siempre ganan. Empecé a leer tus libros
después de que perdí a uno de mis mejores amigos, y la oscuridad de ellos me trajo un poco de alivio. Saber que existían otros tipos de heridas en el mundo me ayudó con mi propio dolor. Curiosamente, tus libros me trajeron paz.
—Estoy seguro de que uno terminó feliz.
—Ni uno solo. —Me encogí de hombros—. Está bien. Siguen siendo
obras maestras, pero no tan positivas como el panegírico de esta noche. —Me detuve y volví a reír—. Un panegírico positivo. Esa fue probablemente
la frase más incómoda que he dicho.
Permanecimos en silencio otra vez, y Graham volvió a golpear la
puerta sellada cada pocos minutos. Después de cada intento fallido,
suspiraba con desilusión.
—Lamento lo de tu padre —le dije una vez más, observando lo tenso
que parecía. Fue un día largo para él, y odiaba lo claro que era que quería
estar solo y yo era quien se interponía en su camino. Literalmente fue
enjaulado con un extraño el día del funeral de su padre.
—Está bien. La gente muere.
—Oh, no, no lamento su muerte. Soy de las que creen que la muerte
es solo el comienzo de otra aventura. Lo que quiero decir es que lo siento
por ti, él no fue el hombre que era para el resto del mundo.
Se tomó un momento, pareciendo considerar decir algo, pero luego
eligió el silencio.
—No expresas tus sentimientos muy a menudo, ¿verdad? —pregunté.
—Y tú expresas los tuyos demasiado a menudo —respondió.
—¿Escribiste alguno en absoluto?
—¿Un panegírico? No. ¿Pusiste uno afuera? ¿Era tuyo lo que leí?
Reí.
—No, pero escribí uno durante el servicio. —Fui cavando en mi bolso
y saqué mi pequeño pedazo de papel—. No es tan hermoso como el tuyo, tú
eres una extensión de una palabra, pero son palabras.
Extendió su mano hacia mí, y puse el papel en su mano, nuestros
dedos rozándose ligeramente unos a otros.
Fangirl enloqueciendo en tres, dos...
——Aire sobre mí, tierra debajo de mí, fuego dentro de mí, agua
rodeándome...— —leyó mis palabras en voz alta y luego silbó bajo—. Oh —
dijo, asintiendo lentamente—. Eres una hippie rara.
—Sí, soy una hippie rara. —La comisura de su boca tembló, como si
se estuviera forzando a no sonreír—. Mi madre solía decírselo a mis
hermanas y a mí todo el tiempo.
—Así que tu madre también es una hippie rara.
Un ligero dolor golpeó mi corazón, pero seguí sonriendo. Encontré
un lugar en el suelo y me senté una vez más.
—Sí, lo fue.
—Fue —murmuró, sus cejas juntándose—. Lo siento.
—Está bien. Alguien me dijo una vez que la gente muere, que es un
aspecto bastante común de la vida.
—Sí, pero... —empezó, pero sus palabras se desvanecieron. Nuestros
ojos se quedaron inmóviles y por un momento, la frialdad que tenían se
fue, y la mirada que me miraba se veía llena de tristeza y dolor. Era una
mirada que pasó todo el día escondiéndose del mundo, una mirada que
probablemente pasó toda su vida ocultándose de sí mismo.
—Escribí un panegírico —susurró sentándose en el suelo junto a mí.
Dobló sus rodillas y levantó las mangas de su camisa.
—¿Sí?
—Sí.
—¿Quieres compartirlo? —pregunté.
—No.
—Está bien.
—Sí —murmuró en voz baja.
—De acuerdo.
—No es mucho… —advirtió, buscando en su bolsillo y sacando un
pedazo de papel doblado.
Empujé su pierna.
—Graham, estás sentado afuera de una arena atrapado con una
hippie rara que probablemente nunca volverás a ver. No deberías estar
nervioso por compartirlo.
—De acuerdo. —Aclaró su garganta, sus nervios más intensos de lo
que deberían haber estado—. —Yo odiaba a mi padre, y hace unas noches
murió. Era mi mayor demonio, mi mayor monstruo y mi pesadilla viviente.
Sin embargo, con él muerto, todo a mi alrededor se ha ralentizado y
extraño los recuerdos que nunca existieron—.
Vaya.
Sus palabras eran pocas, pero pesaban tanto.
—¿Eso es todo? —pregunté, con la piel de gallina en mis brazos.
Asintió.
—Eso es todo.
—¿Graham Cracker? —dije suavemente, girando mi cuerpo hacia él,
moviéndome unos centímetros más cerca.
—¿Sí, Lucille? —respondió, girándose más hacia mí.
—Cada palabra que has escrito se convierte en mi nueva historia
favorita.
Mientras sus labios se separaban para hablar de nuevo, la puerta se
abrió, rompiendo nuestra mirada. Me giré para ver a un guardia de
seguridad gritando detrás de él.
—¡Lo encontré! Esta puerta se bloquea una vez cerrada. Supongo
que se quedó atrapado.
—¡Dios mío, ya era la maldita hora! —dijo una voz de mujer. En el
momento en que salió para encontrarnos, mis ojos se entrecerraron con
confusión.
—Jane.
—¿Lyric?
Graham y yo hablamos al mismo tiempo, miramos fijamente a mi
hermana mayor, a la que no había visto en años: mi hermana mayor, que
se encontraba embarazada y tenía los ojos muy abiertos mientras miraba
en mi dirección
—¿Quién es Jane? —pregunté.
—¿Quién es Lyric? —contraatacó Graham.
Los ojos de Lyric se llenaron de emoción y puso las manos sobre su
pecho.
—¿Qué demonios haces aquí, Lucy? —preguntó, su voz temblorosa.
—Traje flores para el servicio —le dije.
—¿Pediste de Monet's Gardens? —le preguntó Lyric a Graham.
Me sorprendió que supiera el nombre de mi tienda.
—Pedí en varias tiendas. ¿Qué importa eso? Espera, ¿cómo se
conocen? —preguntó Graham, todavía confundido.
—Bueno —dije, mi cuerpo temblando mientras miraba fijamente al
estómago de Lyric, y luego a sus ojos, que coincidían con los de mamá.
Sus ojos se llenaron de lágrimas como si se hubiera visto atrapada en la
mentira más grande, y mis labios se separaron para decir la verdad más
grande—. Ella es mi hermana.




3

GRAHAM


—¿Tu hermana? —pregunté repitiendo las palabras de Lucy, miré perplejamente a mi mujer, quién no se defendía en absoluto—. ¿Desde cuando tienes una
hermana?
—¿Y desde cuando estás casada y embarazada? —preguntó Lucy.
—Es una larga historia —dijo en voz baja, colocando la mano contra su estómago y encogiéndose un poco.
—Graham es hora de irse. Se me están hinchando los tobillos y estoy agotada.
Los ojos de Jane — los ojos de Lyric— se dispararon hacia Lucy, cuyos ojos seguían como platos por la confusión. Sus ojos eran del mismo color, pero esa era la única semejanza que compartían. Un par de ojos chocolate era tan fríos como siempre mientras que el otro par eran suaves y llenos de calidez.
No pude quitar la mirada de Lucy mientras registraba mi mente, tratando de entender cómo alguien como ella podía haber estado relacionada con alguien como mi esposa.
Si Jane tenía un opuesto, esta sería Lucy.
—Graham —espetó Jane, rompiendo mi mirada de la mujer con cálidos ojos. Me giré en su dirección y arqueé una ceja. Ella cruzó los brazos sobre su estómago y resopló fuertemente—, ha sido un día largo, es hora de irnos.
Se dio la vuelta y comenzó a alejarse cuando Lucy habló, mirando a su hermana.
—Mantuviste en secreto las partes más importantes a tu familia. ¿Realmente nos odias tanto? —preguntó Lucy con voz temblorosa. El cuerpo de Jane se congeló por un momento y se irguió, aún sin darse la vuelta.
—Tú no eres mi familia.
Con eso, se marchó.
Estuve ahí parado por un par de segundos, sin estar seguro de si mis pies me permitirían moverme. En cuanto a Lucy, fui testigo de cómo se rompió su corazón justo en frente de mí. Totalmente y sin remordimientos, comenzó a desmoronarse. Una ola de emoción llenó esos dulces ojos, y ni siquiera trató de evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Permitió que sus sentimientos la sobrepasaran por completo, sin oponerse a las lágrimas y a los temblores de su cuerpo. Casi podía ver, cómo colocaba el mundo entero sobre sus hombros, y cómo el mundo la asfixiaba lentamente. Su cuerpo físicamente se dobló, haciéndola parecer más pequeña de lo que era mientras el dolor la recorría. Nunca vi a alguien sentir tan libremente cuando se trataba de las emociones, no desde…
Detente.
Mi mente viajaba de vuelta a mi pasado, a los recuerdos que enterré profundamente dentro de mí. Alejé mi mirada de ella, desenrollé mis mangas, y traté de bloquear el ruido del dolor que ella sentía.
Mientras me acercaba a la puerta, la cual el guardia seguía manteniendo abierta, miré de regreso a la mujer que se desmoronaba y aclaré mi garganta.
—Lucille —llamé, enderezando mi corbata—, un pequeño consejo. —¿Sí? —Envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y, cuando me miró, su sonrisa había desaparecido, remplazada por una seria mueca. —Siente menos. —Exhalé—. No permitas que los demás manejen tus emociones de tal manera. Apágalas.
—¿Apagar mis emociones?
Asentí.
—No puedo —alegó, todavía llorando. Sus manos se posaron sobre su corazón y sacudió la cabeza de un lado a otro—. Esto es quién soy. Soy la chica que lo siente todo.
Podía decir que era verdad.
Era la chica que lo sentía todo, y yo era el hombre que no sentía nada en absoluto.
—Entonces el mundo hará todo lo que pueda para convertirte en nada —le dije—. Cuantos más sentimientos des, más te robarán. Créeme. Recobra la compostura.
—Pero… ella es mi hermana y…
—No es tu hermana.
—¿Qué?
Pasé mi mano contra la parte trasera de mi cuello antes de colocarlas dentro de mis bolsillos.
—Acaba de decir que no eres su familia, lo que significa que le importas una mierda.
—No. —Sacudió su cabeza, sosteniendo el colgante con forma de corazón en su mano—. No lo entiendes. Mi relación con mi hermana es… —Inexistente. Si amaras a alguien, ¿no dirías sus nombres? Ni una sola vez supe de ti.
Permaneció en silencio, pero sus emociones redujeron la velocidad un poco mientras se limpiaba las lágrimas. Cerró los ojos, tomó una profunda respiración y suavemente comenzó a hablar para sí misma.
—El aire por encima de mí, la tierra por debajo, el fuego dentro de mí, el agua rodeándome y el espíritu se convierte en mí.
Se mantuvo repitiendo las palabras, y yo entrecerré los ojos, confundido acerca de quién realmente era Lucy como persona. Estaba por todas partes: voluble, aleatoria, apasionada y emocionalmente sobrecargada. Era como si fuera completamente consciente de sus errores y los permitía existir a pesar de todo. De alguna manera esos errores la completaban.
—¿No te agota? —pregunté—. ¿Sentir tanto?
—¿No te cansa el no sentir nada en absoluto?
En ese momento me di cuenta de que me encontré cara a cara con mi polo opuesto, y no tenía ni idea de qué más decirle a una desconocida tan extraña como ella.
—Adiós, Lucille —dije.
—Adiós, Graham Cracker —respondió.
—No mentí —juró Jane mientras conducíamos de regreso a casa. No la llamé mentirosa, no le hice ninguna pregunta en absoluto acerca de Lucy, o del hecho de que no sabía de ella hasta esta tarde. Ni siquiera le mostré a Jane algún tipo de enfado en relación con el asunto, y, aun así, seguía diciéndome que no mintió.
Jane.
¿Lyric?
No tenía ni idea de quién era la mujer sentada junto a mí, pero, en realidad, ¿realmente sabía quién era antes de la revelación de la hermana de esta tarde?
—Tu nombre es Jane —dije, mis manos agarraron el volante. Asintió—. ¿Y tu nombre es Lyric?
—Sí… —Sacudió la cabeza—. No, bueno, lo era, pero lo cambié hace unos años, antes incluso de que te conociera. Cuando empecé a aplicar para las universidades. Sabía que ningún lugar me tomaría en serio con un nombre como Lyric. ¿Qué tipo de firma de abogados contrataría a alguien llamada Lyric Daisy Palmer?
—Daisy. —Resoplé—. Nunca antes me dijiste tu segundo nombre. —Nunca lo preguntaste.
—Oh.
Alzó una ceja.
—¿No estás furioso?
—No.
—Guau. —Tomó una profunda respiración—. De acuerdo entonces. Si fuera, al contrario, yo estaría tan…
—No es al contrario —la interrumpí, sin tener ganas de hablar después del día más largo de mi vida.
Se removió en su asiento, pero se quedó callada.
El resto del camino a casa, estuvimos sentados en silencio, la cabeza me daba vueltas por las preguntas, una gran parte de mí no quería saber las respuestas. Jane tenía un pasado del que no hablaba, yo tenía un pasado del mismo tipo. Existían partes de todas las vidas que era mejor dejarlas en las sombras, y suponía que la familia de Jane era un ejemplo excelente. No existía motivo para entrar en detalles. Ayer no tenía una hermana y hoy la tenía.
Sin embargo, dudaba que Lucy viniera para Acción de Gracias próximamente.
Me dirigí directamente a nuestra habitación y comencé a desabotonarme la camisa. Solo le tomó unos cuantos segundos seguirme dentro de la habitación con una mirada nerviosa cubriendo su rostro, pero no dijo ni una palabra. Ambos empezamos a desvestirnos, y ella se movió hacia mí, callada, y me dio la espalda, pidiéndome silenciosamente que le bajase la cremallera de su vestido negro.
Hice lo que pidió, deslizó el vestido fuera de su cuerpo antes de ponerse una de mis camisetas, las cuales siempre usa de camisones. Su estómago en desarrollo las estrechaba, pero no me importaba.
Minutos más tarde, nos paramos en el baño, cepillándonos los dientes, sin intercambiar palabras. Nos cepillamos, escupimos y nos enjuagamos. Era nuestra rutina habitual; el silencio era siempre nuestro amigo, y esa noche no cambió nada.
Cuando nos metimos en la cama, apagamos las lámparas colocadas sobre nuestras mesillas y no murmuramos ni una palabra, ni siquiera para decir buenas noches.
Mientras mis ojos se cerraban, hice mi mejor intento por apagar mi cerebro, pero algo de ese día abría mis recuerdos. Por lo que, en vez de preguntarle a Jane por su pasado, me arrastré fuera de la cama y fui a mi oficina para perderme en mi novela. Todavía necesitaba alrededor de noventa y cinco mil palabras, por lo que opté por caer en la ficción para olvidar la realidad por un rato. Cuando mis dedos trabajaban, mi cerebro no se concentraba en nada más que en las palabras. Las palabras me liberaban de la confusión que mi mujer dejó sobre mi regazo. Las palabras me liberaban de recordar a mi padre. Las palabras me liberaban de caer demasiado profundo en mi mente, donde guardaba todo el dolor de mi pasado.
Sin la escritura, mi mundo estaría lleno de pérdida.
Sin las palabras, estaría destrozado.
—Ven a la cama, Graham —dijo Jane, de pie en la entrada. Era la segunda vez en un día que me interrumpía mientras escribía. Esperaba que no se estuviera convirtiendo en algo común.
—Tengo que acabar mi capítulo.
—Estarás despierto por horas, solo como en el último par de días. —No importa.
—Tengo dos —dijo cruzándose de brazos—. Tengo dos hermanas. Hice una mueca y volví a teclear.
—No vamos a hacer esto, Jane.
—¿La besaste?
Mis dedos se congelaron y mis cejas descendieron mientras me giraba hacia ella.
—¿Qué?
Pasó los dedos por su cabello, y las lágrimas caían como riachuelos por su rostro. Lloraba… de nuevo. Demasiadas lágrimas de mi esposa en un día.
—Dije, ¿la besaste?
—¿De qué hablas?
—Mi pregunta es bastante sencilla. Solo respóndela.
—No vamos a hacer esto.
—Lo hiciste, ¿verdad? —Lloró, cualquier tipo de actitud racional que previamente tuvo, era cosa del pasado. En algún lugar entre nosotros apagando nuestras lámparas, y yo dirigiéndome a mi oficina, mi mujer se convirtió en una ruina emocional, y ahora su cabeza se inventaba historias creadas totalmente de fantasías—. La besaste. ¡Besaste a mi hermana!
Mis ojos se entrecerraron.
—Ahora no, Jane.
—¿Ahora no?
—Por favor, no tengas una crisis hormonal en este momento. Ha sido un día largo.
—Solo dime si besaste a mi hermana —repitió, sonando como un disco rayado—. Dilo, cuéntamelo.
—Ni si quiera sabía que tenías una hermana.
—Eso no cambia el hecho de que la besaste.
—Ve a acostarte, Jane. Te va a subir la presión arterial.
—Me has engañado. Siempre supe que pasaría esto. Siempre supe que me engañarías.
—Estás paranoica.
—Solo dímelo, Graham.
Enhebré mis dedos por mi cabello, sin saber qué hacer aparte de contarle la verdad.
—¡Jesús! No la besé.
—Lo hiciste —chilló, limpiando las lágrimas de sus ojos—. Sé que lo hiciste porque la conozco. Conozco a mi hermana. Seguramente sabía que eras mi marido y lo hizo para vengarse de mí. Destroza todo lo que toca.
—No la besé.
—Ella es esta… esta molesta enfermedad que nadie ve. Sin embargo, yo la veo. Es tan parecida a mi madre, arruina todo. ¿Por qué nadie más puede ver lo que hace? No puedo creer que me hayas hecho esto a mí… a nosotros. ¡Estoy embarazada, Graham!
— ¡No la besé!—grité, mi garganta ardió mientras que las palabras saltaban de mi lengua. No quería saber nada más del pasado de Jane. No le pedí que me hablara de sus hermanas. No indagué. No la acosé, pero, aun así, de alguna manera terminamos discutiendo acerca de una mujer que difícilmente conocía—. No tengo ni idea de quién es tu hermana, y no me interesa saber nada más de ella. No sé qué demonios está consumiéndote en la cabeza, pero deja de desquitarte conmigo. No te he mentido. No te he engañado. No he hecho nada malo esta noche, así que para de atacarme, precisamente hoy.
—Para de actuar como si te importara este día. —Susurró, dándome la espalda—. Ni siquiera te importaba tu padre.
Mi mente tuvo un fogonazo.
Aún con él ausente, todo a mi alrededor de alguna manera se ralentizó y extraño los recuerdos que nunca existieron.
—Ahora es un buen momento para parar de hablar —advertí. No lo hizo.
—Es verdad y lo sabes. No significaba nada para ti. Era un buen hombre y no significaba nada para ti.
Permanecí en silencio.
—¿Por qué no me preguntaste acerca de mis hermanas? —preguntó— ¿Por qué no te importa?
—Todos tenemos pasado del que no hablamos.
—No he mentido —dijo una vez más, pero yo nunca la llamé mentirosa. Era como si estuviera tratando de convencerse de que no mintió, cuando, de hecho, eso era exactamente lo que hizo. La cosa era que no me importaba, porque si aprendí algo de los humanos, era que todos mentían. No confiaba en nadie.
Una vez que una persona rompía la confianza, una vez que la mentira se daba a conocer, todo lo que han dicho, verdadero o falso, se sentía como si, como mínimo, estuvieran parcialmente cubiertas por la traición.
—Bien. De acuerdo, vamos a hacer esto. Vamos a poner todo ahí sobre la mesa. Todo. Tengo dos hermanas, Mari y Lucy.
Me encogí.
—Para, por favor.
—No hablamos. Soy la mayor y Lucy la más pequeña. Ella es una ruina emocional. —Era una declaración irónica, viendo cómo Jane en este momento se hallaba en medio de su propia crisis nerviosa—. Y es la viva imagen de mi madre, quien murió hace años. Mi padre nos abandonó cuando yo tenía nueve años, y ni siquiera puedo culparle… mi madre era una chiflada.
Bajé las manos golpeándolas sobre mi escritorio y me di la vuelta para enfrentarla.
—¿Qué quieres de mí, Jane? ¿Quieres que diga que estoy molesto contigo por no contármelo? Bien, estoy molesto. ¿Quieres que sea comprensivo? Bien, lo comprendo. ¿Quieres que diga que has hecho lo correcto al abandonar a esas personas? Genial, has hecho lo correcto al abandonarlas. Ahora, ¿puedo volver a trabajar?
—Háblame de ti, Graham. Háblame de tu pasado… ya sabes, ese del que nunca hablas.
—Déjalo en paz, Jane. —Era muy bueno manteniendo a raya mis sentimientos. Muy bueno en no involucrarme emocionalmente, pero ella me presionaba, poniéndome a prueba. Deseaba que parara, porque cuando daba rienda suelta a los sentimientos de la oscuridad de mi alma, no era tristeza o pena lo que salía disparado.
Era ira.
La ira se acercaba sigilosamente, y golpeaba mentalmente un mazo contra mí.
Me obligaba a convertirme de nuevo en el monstruo que no había sabido que se tumbaba a su lado cada noche.
—Vamos, Graham. Háblame de tu infancia. ¿Qué hay de tu madre? Tienes que tener una de esas, ¿verdad? ¿Qué le sucedió?
—Detente —dije, cerrando fuertemente los ojos, mis puños formaron puños, pero ella no lo dejaría pasar.
—¿No te amó lo suficiente? ¿Engañó a tu padre? ¿Murió?
Salí de la habitación, porque la sentía subiendo a la superficie. Sentí mi ira volviéndose muy grande, demasiado, demasiado predominante. Hice mi mejor intento para huir de ella, pero me siguió a través de la casa.
—De acuerdo. No quieres hablar de tu madre. ¿Qué te parece si hablamos de tu padre? Cuéntame por qué desprecias tanto a tu padre. ¿Qué hizo? ¿Te molestó que fuera un trabajador ocupado todo el tiempo?
—No quieres hacer esto —advertí una vez más, pero había ido demasiado lejos. Quería hacer el papel de mala, pero jugaba con la persona equivocada.
—¿Te quitó tu juguete favorito? ¿De niño no te dejó tener una mascota? ¿Olvidó tu cumpleaños?
Mis ojos se hicieron más pesados y ella lo notó cuando mi mirada se encontró con la suya.
—Oh —murmuró—, se perdió un montón de cumpleaños.
— ¡La besé!—estallé finalmente, girando el rostro hacia mi mujer, cuya mandíbula colgaba abierta—. ¿Es lo que quieres? ¿Esa es la mentira que quieres que cuente? —siseé—. Juro que actúas como una idiota. Estrelló sus manos contra mí.
Fuerte.
Cada vez que me golpeaba, otra emoción comenzaba a llegar a la superficie. Cada vez que me abofeteaba, un sentimiento alcanzaba mi estómago.
Esta vez, era arrepentimiento.
—Lo siento —dije con una exhalación—. Lo siento.
—¿No la besaste? —preguntó mientras su voz temblaba. —Claro que no.
—Ha sido un día largo y… ay —susurró mientras se doblaba de dolor—. ¡Auch!
—¿Qué es? —Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, mi pecho se desplomó. Sus manos agarraron su estómago y sus piernas estaban empapadas y temblando mientras se quedaba parada en mi estrecha camiseta—. ¿Jane? —susurré nervioso y confundido—. ¿Que acaba de suceder?
—Creo que se me ha roto la fuente.


Última edición por axcia el Sáb 7 Abr - 14:48, editado 1 vez
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axcia


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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Sáb 7 Abr - 14:15



4


GRAHAM


—Es demasiado pronto, es demasiado pronto, es demasiado pronto —seguía murmurando Jane para sí misma mientras la llevaba al hospital. Sus manos

reposaban sobre su estómago mientras las contracciones seguían llegando.

—Estás bien, todo está bien. —La tranquilicé en voz alta, pero en mi cabeza, me sentía aterrado. Es demasiado pronto, es demasiado pronto, es demasiado pronto…

En cuanto llegamos al hospital, fuimos precipitados a una habitación en donde estábamos rodeados de enfermeras y doctores haciendo preguntas mientras trataban de averiguar lo que pasó. Cada vez que hacía una pregunta ellos sonreían y me decían que tenía que esperar para hablar con el asistente en neonatología. El tiempo pasaba lentamente, y cada minuto se sentía como una hora. Sabía que era demasiado pronto para el niño… solo tenía treinta y un semanas. Cuando por fin el neonatólogo entró en la habitación, tenía el historial de Jane en su mano y una pequeña sonrisa en su rostro mientras tiraba de la silla de al lado de su cama.

—Hola, soy el Doctor Lawrence, y soy del que te vas a hartar muy pronto —comenzó, ojeando su carpeta y pasando una de sus manos contra su velluda barbilla—. Me parece que tu bebé te está dando bastante pelea en estos momentos, Jane. Dado que todavía es demasiado precoz en el embarazo, estamos preocupados por la seguridad de llevar a cabo el parto cuando todavía hay unas buenas doce semanas más hasta que estés preparada.

—Nueve —corregí—. Solo quedan nueve semanas.
Las pobladas cejas del Doctor Lawrence descendieron mientras ojeaba su papeleo.

—No, definitivamente doce, lo cual ocasiona algunos pequeños problemas complejos. Sé que seguramente ya has revisado todas estas preguntas con las enfermeras, pero es importante saber qué está pasando contigo y con el bebé. Así que, en primer lugar, ¿has estado bajo algún tipo de estrés últimamente?
—Soy abogada, así que esa es la definición de mi vida —responde. —¿Algún tipo de alcohol o drogas?
—No y no.
—¿Fumas?
Dudó.
Alcé una ceja.
—Vamos, Jane. ¿En serio?

—Solo ha sido un par de veces a la semana —explicó, dejándome atónito. Se giró hacia el Doctor y trató de explicarse—. He estado bajo un montón de estrés en el trabajo. Cuando descubrí que me encontraba embarazada intenté dejarlo, pero un par de cigarrillos al día era mejor que mi medio paquete.
—Me dijiste que lo habías dejado —dije a través de los dientes apretados.
—Lo intenté.
—¡Eso no es lo mismo que dejarlo!

—¡No tienes que gritarme! —vociferó, temblando—. Cometí un error, tengo mucho dolor y que me grites no va a ayudar nada. Jesús, Graham, a veces deseo que pudieras ser más amable, como tu padre.

Sentí sus palabras profundamente en mi alma, pero hice mi mejor esfuerzo por no reaccionar.
El Dr. Lawrence hizo una mueca antes de recuperar de nuevo esa pequeña sonrisa.

—De acuerdo, fumar puede conducir a muchas complicaciones diferentes cuando se trata del parto, y, a pesar de que es imposible saber la razón exacta de ello, es bueno que tengamos esta información. Considerando que eres muy prematura y estás teniendo contracciones, vamos a darte medicamentos tocolíticos para intentar detener el parto prematuro. El bebé todavía tiene que crecer mucho, así que vamos a hacer todo lo posible para mantenerlo dentro un poco más. Te mantendremos aquí y te monitorizaremos durante las próximas cuarenta y ocho horas.
—¿Cuarenta y ocho horas? Pero, ¿qué pasa con mi trabajo… —Te escribiré un justificativo médico muy bueno. —El Dr. Lawrence guiñó el ojo y se puso de pie para marcharse—. Las enfermeras volverán en un momento para controlarte e iniciar el tratamiento.
Mientras se marchaba, me levanté rápidamente y le seguí fuera de la habitación.
—Dr. Lawrence.
Se giró hacia mí y dio un paso hacia mí.
—¿Sí?
Me crucé de brazos y entrecerré los ojos.

—Tuvimos una pelea justo antes de que rompiera la fuente. Grité y… —Hice una pausa y pasé una mano por mi cabello antes de cruzarme de brazos de nuevo—. Solo quería saber si esa fue la causa… ¿Yo hice esto?
El Dr. Lawrence sonrió por el lado izquierdo de su boca y sacudió la cabeza.
—Estas cosas suceden. No hay forma de saber la causa, y echarte la culpa no le va a hacer ningún bien a nadie. Todo lo que podemos hacer en estos momentos es vivir el presente y asegurarnos de hacer lo mejor para tú esposa y tu bebé.
Asentí y le di las gracias.
Hice mi mejor esfuerzo en creer sus palabras, pero en el fondo de mi mente, sentía como si todo fuese mi culpa.

Después de cuarenta y ocho horas, y de que la presión del bebé descendiera, el doctor nos informó de que no tenía otra opción más que dar a luz al bebé vía cesárea. Todo se hizo borroso cuando sucedió, y mi corazón se atascó en mi garganta todo el tiempo. Estuve parado en el quirófano, inseguro de qué sentir una vez que el bebé fuera dado a luz.
Cuando los médicos terminaron con la cesárea y el cordón umbilical fue cortado, todo el mundo alrededor se apresuró, gritándose el uno al otro.
Ella no lloraba.
¿Por qué no lloraba?
—Un kilo y cien gramos —declaró una enfermera.
—Vamos a necesitar una CPAP —dijo otra.

—¿CPAP? —pregunté cuando me sobrepasaron apresuradamente.
—Presión positiva continua en las vías respiratorias, para ayudarla a respirar.
—¿No está respirando? —le pregunté a otra.

—Lo está, solo que la respiración es muy débil. Vamos a trasladarla a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, y tendremos a alguien que se ponga en contacto con usted cuando esté estable.
Antes de que pudiera preguntar algo más se marcharon con el bebé a toda prisa.
Unas cuantas personas se quedaron para ocuparse de Jane, y una vez que fue desplazada a la habitación de hospital, pasó un par de horas descansando. Cuando finalmente despertó, el doctor nos puso al corriente sobre la salud de nuestra hija. Nos informaron de sus problemas, de cómo hacían todo lo posible para cuidar de ella en la Unidad de Cuidados Intensivos, y cómo su vida seguía en riesgo.

—Si algo le sucede, que sepas que fue tu culpa —me dijo Jane cuando el doctor dejó la habitación. Alejó su cabeza de mí, hacia la ventana—. Si muere, no es mi culpa. Es la tuya.
—Comprendo lo que dice, Sr. White, pero… —Jane se hallaba de pie en la Unidad de Cuidados Intensivos con su espalda hacia mí mientras hablaba por su móvil—. Lo sé, señor, lo entiendo totalmente. Es solo que mi hija ha estado en la Unidad de Cuidados Intensivos, y… —Se detuvo, moviendo sus pies nerviosamente, y asintió—. De acuerdo. Lo entiendo. Gracias, Sr. White.

Colgó el teléfono y sacudió la cabeza de un lado para otro, secándose los ojos antes de darse media vuelta hacia mí.
—¿Está todo bien? —pregunté.
—Solo cosas del trabajo.
Solo asentí una vez.

Nos quedamos quietos, bajando la mirada, hacia nuestra hija, quien luchaba con su respiración.
—No puedo hacer esto —susurró Jane y su cuerpo comenzó a temblar—. No puedo solo quedarme aquí sin hacer nada. Me siento tan inútil.
La noche anterior, creímos que habíamos perdido a nuestra pequeña chica, y en ese momento, sentí que todo dentro de mí comenzaba a derrumbarse. Jane no lo manejaba para nada bien, y no consiguió ni un minuto de sueño.
—Está bien —dije, pero no lo creía.
Sacudió la cabeza.

—No firmé para esto. No firmé para nada de esto. Nunca quise niños. Solo quería ser Abogada. Tenía todo lo que quería. Y ahora…´—Jane seguía moviéndose nerviosamente—. Se va a morir, Graham —susurró y se cruzó de brazos—. Su corazón no es lo suficientemente fuerte. Sus pulmones no están desarrollados. A duras penas está siquiera aquí. Sobrevive solo por todo esto —Hizo un gesto con la mano hacia las máquinas unidas al diminuto cuerpo de nuestra hija—, esta mierda, ¡¿y se supone que solo nos sentemos aquí y la observemos morir?! Es atroz.
No respondí.
—No puedo hacer esto. Han sido casi dos meses en este lugar, Graham. ¿No se supone que empiece a mejorar?
Sus palabras me molestaban, y su convicción de que nuestra hija ya estaba demasiado mal me asqueaba.
—Quizás deberías irte a casa y ducharte —ofrecí—. Tómate un descanso. Tal vez ve a trabajar para ayudar a aclarar tu cabeza. Se movió en sus zapatos e hizo una mueca.

—Sí, es verdad. Tengo un montón con lo que ponerme al día en el trabajo. Volveré en un par de horas, ¿de acuerdo? Entonces podemos intercambiarnos y tú puedes tomarte un descanso y ducharte.
Asentí.
Se acercó a nuestra hija y bajó la mirada hacia ella.

—Todavía no le he dicho a nadie su nombre. Parece absurdo, ¿verdad? Decirle a la gente su nombre cuando se va a morir. —No digas eso —espeté—. Todavía hay esperanza.
—¿Esperanza? —Los ojos de Jane se llenaron con confusión—. ¿Desde cuando eres un hombre optimista?

No tenía una respuesta, porque tenía razón. No creía en señales, o en la esperanza, o en nada de esa naturaleza. No reconocí el nombre de Dios hasta el día en que mi hija nació, y me sentía muy estúpido para siquiera ofrecerle una plegaria.

Era realista.

Creía en lo que veía, no en lo que esperaba que podría ser, pero aun así, hubo una parte de mí que miraba a esa pequeña figura y deseaba saber cómo rezar.

Fue una necesidad egoísta, pero necesitaba que mi hija estuviera bien. Necesitaba que se recuperara, ya que no sabía si superaría el perderla. El momento en el que nació, mi pecho dolió. Mi corazón de alguna manera despertó después de años estando dormido, y cuando lo hizo no sentí nada más que dolor. Dolor por saber que mi hija podría morir. Dolor por no saber cuántos días, horas, o minutos me quedaban con ella. Por eso, necesitaba que sobreviviera, así el dolor de mi alma desaparecería.

Era mucho más fácil sobrevivir cuando estaba apagado. ¿Cómo hizo eso? ¿Cómo me encendió con simplemente haber nacido?

Ni siquiera he dicho su nombre…
¿Qué tipo de monstruos éramos?
—Solo vete, Jane —dije con voz distante—. Yo me quedaré aquí.

Se marchó sin otra palabra, y me senté en la silla, al lado de nuestra hija, cuyo nombre, también, me sentía demasiado nervioso de decir en voz alta.
Esperé horas antes de tratar de llamar a Jane. Sabía que a veces se quedaría absorta en el trabajo, se olvidaría de alejarse de su oficina, de la misma manera en la que yo me quedaba absorto en mi escritura.
No hubo respuesta en su teléfono. Llamé de nuevo por las siguientes cinco horas, sin respuesta, así que seguí adelante y llamé a la recepción de su oficina. Cuando hablé con Heather, la recepcionista, me sentí decepcionado.
—Hola, Sr. Russell. Lo siento, pero, um… en realidad fue despedida esta mañana. Se perdió demasiado y el Sr. White la despidió… supuse que lo sabría. —Su voz se apagó—. ¿Cómo está yendo todo? ¿Con el bebé?
Colgué.
Confundido.
Enfadado.
Cansado.

Traté de llamar de nuevo al móvil de Jane, y fue directamente al buzón de voz.
—¿Necesitas un descanso? —me preguntó una de las enfermeras, viniendo a comprobar la sonda gastronasal de mi hija—. Pareces exhausto. Puedes ir a casa y descansar por un rato. Te llamaremos si…
—Estoy bien —digo, interrumpiéndola.
Comenzó a hablar nuevamente, pero mi severa mirada hizo que cerrara sus labios. Terminó de comprobar todas las estadísticas y después me dio una pequeña sonrisa mientras se marchaba.
Me senté con mi hija, escuchando el pitido de las máquinas funcionando, esperando a que mi esposa regresara a nosotros. Cuando pasaron horas, me permití ir a casa para ducharme y para tomar mi laptop, así podría escribir en el hospital.
Lo hice rápidamente, metiéndome en la humeante agua, dejándola golpear y quemar mi piel. Después me vestí y me apresuré a mi oficina para tomar mi laptop y algo de papeleo. Ahí fue cuando la noté… la pieza doblada de papel posada sobre mi teclado.
Graham,
Debería de haber parado de leer ahí. Sabía que no podría salir nada bueno de sus próximas palabras. Sabía que nada bueno saldría nunca de una carta inesperada escrita con tinta negra.
No puedo hacer esto. No puedo quedarme y verla morir. Hoy perdí mi trabajo, la cosa por la que más duro luché, y se siente como si he perdido parte de mi corazón. No puedo sentarme y ver otra parte de mí desvanecerse también. Todo es demasiado. Lo siento.
—Jane. Miré fijamente el papel, releyendo sus palabras varias veces antes de doblar el papel y colocarlo en mi bolsillo trasero.
Sentí sus palabras profundamente en mi alma, pero hice mi mejor esfuerzo por no reaccionar.


Última edición por axcia el Sáb 7 Abr - 14:19, editado 1 vez
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Sáb 7 Abr - 14:16

5

LUCY



—Me quedé totalmente en blanco —me contó un

desconocido con la voz temblorosa—. Quiero decir, ambos fuimos inundados de exámenes, y solo tratando de mantener la cabeza sobre el agua, me olvidé completamente de nuestro aniversario. Era un hecho cuando apareció con mis regalos y arreglada para una cena que olvidé reservar.

Le di al chico una sonrisa y asentí mientras me contaba la saga completa de por qué su novia se sentía molesta con él en estos momentos.

»Y no ayuda que también me perdiera su cumpleaños, considerando que acabo de ser rechazado por la Escuela de Medicina la semana anterior. Eso me puso en una gran depresión, pero, hombre. De acuerdo, sí, lo siento… solo llevaré esas flores.

—¿Eso será todo? —pregunté, marcando una docena de rosas rojas que el chico escogió en un intento de pedirle perdón a su novia por olvidarse de las únicas dos fechas que tenía que recordar.

—Sí, ¿crees que es suficiente? —preguntó ansiosamente—. Realmente la he jodido, y no estoy seguro de siquiera cómo empezar a disculparme.

—Las flores son un buen comienzo —le dije—. Y las palabras también ayudan. Bueno, creo que tus actos tendrán más peso. Me agradeció mientras pagaba y salió de la tienda.
—Les doy dos semanas antes de que se separen —dijo Mari con una sonrisita en sus labios mientras recortaba unos cuantos tulipanes. —Srta. Optimista. —Reí—. Está intentándolo.


—Le pide un consejo sobre su relación a una extraña. Está fracasando —contestó sacudiendo la cabeza—. No lo entiendo. ¿Por qué los chicos tienen la necesidad de disculparsedespués de que la joden? Si solo pudieran no joderla, no habría nada por lo que disculparse. No es tan difícil solo… ser bueno.

Le di una tensa sonrisa, viéndola cortar el tallo de la flor agresivamente mientras sus ojos se llenaban con emoción. No admitiría el hecho de que en este momento se desquitaba con las hermosas plantas, pero era evidente que lo hacía.

—¿Estás… bien? —pregunté mientras recogía un puñado de margaritas y las metía en un florero.
—Estoy bien. Es solo que no comprendo cómo los chicos pueden ser tan insensibles, ¿sabes? ¡¿Por qué demonios te pediría consejo?!


—Mari.
—¿Qué?


—Tu nariz está ensanchándose y agitas las tijeras como una loca porque un chico le compró flores a su novia por olvidarse de su aniversario. ¿De verdad estás molesta por eso o tiene algo que ver con la fecha de hoy? Ya que sería tu…

—¿Séptimo aniversario? —Cortó dos rosas en diminutos pedazos—. ¿Eh? ¿Es hoy? Difícilmente me di cuenta.

—Mari, aléjate de las tijeras.
Levantó la vista hacia mí, y luego la bajó a las rosas.


—Oh, no, ¿estoy teniendo uno de esos momentos de crisis mental? —preguntó mientras me acercaba y lentamente sacaba las tijeras de su agarre.

—No, estás teniendo uno de esos momentos humanos. Está bien, de verdad. Tienes permitido estar enfadada y triste durante tanto tiempo como lo necesites. ¿Recuerdas? Maktub. Solo se convierte en un problema cuando empezamos a destrozar nuestras propias cosas por un idiota, especialmente las flores.

—Ugh, tienes razón. Lo siento. —Gimió, colocando la cabeza en las palmas de sus manos—. ¿Por qué me sigue afectando? Han pasado años. —El tiempo no apaga tus sentimientos, Mari. Es bueno, pero también es bueno que nos reservara una cita para esta noche.

—¿En serio?
Asentí. —Consiste en tacos y margaritas.
Se animó un poco.
—¿Y salsa de queso?
—Oh, síp. Toda la salsa de queso.
Se levantó y me envolvió en un hermético abrazo.


—Gracias, Pea, por estar siempre para mí incluso cuando digo que no te necesito.

—Siempre, Pod. Déjame ir a tomar una escoba para limpiar tu desastre de manejo de la ira. —Entré rápidamente en la trastienda y escuché sonar la campana en la parte delantera de la tienda, anunciando la llegada de un cliente.

—Hola, uh. ¿Estoy buscando a Lucille? —dijo una profunda voz, haciendo que mis oídos reaccionaran.
—Oh, acaba de irse a la parte trasera —respondió Mari—. Saldrá en un…


Salí a toda prisa a la parte delantera de la tienda y me quedé ahí, mirando fijamente a Graham. Se veía diferente sin su traje y corbata, pero, aun así, en cierto modo igual. Llevaba puesto unos vaqueros azul oscuro y una camiseta negra que se ceñía a su cuerpo, y la misma distante mirada que residía en sus ojos.

—Hola —dije sin aliento, me crucé de brazos y me adentré más en la habitación—. ¿En qué te puedo servir?
Jugueteaba con sus manos, y cuando hicimos contacto visual, apartó la mirada.


—Solo me preguntaba, ¿has visto recientemente a Jane? —Se encogió un poco y aclaró su garganta—. Quiero decir, a Lyric. Es decir, tu hermana. ¿Has visto a tu hermana recientemente?

—¿Eres Graham Cracker? —dijo Mari, levantándose de su silla. —Graham —dijo duramente—. Mi nombre es Graham. —No la he visto desde el funeral —le dije.

Asintió, un atisbo de decepción hizo que sus hombros se inclinaran hacia delante.
—De acuerdo, bueno, si lo haces… —Suspiró—. Olvídalo.


Se giró para irse, y dije en voz alta tras de él—: ¿Está todo bien? ¿Con Lyric? —Me detuve—. Jane. —Mi pecho se apretó mientras las peores posibilidades atravesaron mi mente—. ¿Está bien? ¿Es el bebé? ¿Está todo bien?

—Sí y no. Dio a luz al bebé hace casi dos meses, una niña. Fue prematura y ha estado en el St. Joseph desde entonces.
—¡Oh, Dios mío! —murmuró Mari, colocando una mano sobre su pecho—. ¿Están mejorando?


—Nosotros... —empezó a contestar, pero la forma en que sus palabras se desvanecieron demostró su duda, de la misma forma en que sus duros ojos exhibieron sus miedos—. No es eso por lo que estoy aquí. Estoy aquí porque Jane está desaparecida.

—¿Eh? —Mi mente iba a toda velocidad con toda la información que me daba—. ¿Desaparecida?

—Se marchó ayer, en torno a las ocho de la noche y no he tenido noticias de ella desde entonces. Fue despedida de su trabajo, y no sé dónde está o si está bien. Solo pensé que tal vez tuvieron noticias suyas.

—No lo he hecho. —Me giré hacia Mari—. ¿Sabes tú algo de Lyric? Sacudió la cabeza.
—Está bien. Siento haberme pasado. No quería molestarte.


—No estás… —Antes de que pudiera acabar mi frase, había salido por la puerta—. Molestando —murmuré.

—Voy a intentar llamarla —dijo Mari, corriendo hacia su teléfono, seguramente su corazón corría a la misma velocidad que el mío—. ¿Dónde vas? —preguntó cuando me dirigí hacia la puerta principal.

No tenía tiempo para contestar mientras me marchaba con la misma prisa con la que lo hizo Graham.

—¡Graham! —grité, solo un segundo antes de que entrara en su Audi negro. Levantó la mirada hacia mí, casi como si estuviera desconcertado por mi entera existencia.

—¿Qué?

—Yo… lo que… no puedes solo irrumpir en mi tienda, soltar toda esta información y después huir. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar?

Sus cejas descendieron y sacudió la cabeza.
—No puedes. —Entonces se metió en su auto y se alejó, dejándome perpleja.
Mi hermana desapareció y tenía una sobrina luchando por su vida, ¿y no existía nada que pudiera hacer para ayudar?
Encontraba eso difícil de creer.
—Voy a ir al hospital —le dije a Mari cuando entré de nuevo en el edificio—. Para saber cómo está todo.


—Yo también iré —ofreció, pero le dije que era mejor si mantenía la tienda abierta y funcionando. Había mucho que hacer, y si ambas nos íbamos, nos retrasaríamos demasiado en todo.

—También sigue intentando contactar con Lyric. Si va a contestarnos a alguna de las dos, sería a ti.
—De acuerdo. Promete llamarme si algo va mal y me necesitas —me dijo.
—Lo prometo.


Cuando entré en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, lo primero que vi fue la espalda de Graham. Se hallaba sentado en una silla, encorvado, con los ojos pegados en la pequeña cuna que contenía a su hija.

—Graham —susurré, haciéndole levantar la mirada. Cuando se giró para verme, parecía esperanzado, casi como si pensara que era Jane. El relámpago de esperanza desapareció mientras se ponía de pie y daba un paso más cerca de su hija.

—No tenías que haber venido a aquí —me dijo.
—Lo sé. Solo pensé que debería asegurarme de que todo estaba bien.


—No necesito compañía —dijo cuando caminé más cerca. Cuanto más me acercaba, más tenso se ponía.

—Está bien si estás triste o asustado… —susurré, mirando los diminutos pulmones de la pequeña trabajando tan duro para respirar—. No tienes que ser fuerte todo el tiempo —dije.

—¿Mi debilidad la salvará? —espetó.
—No, pero…
—Entonces no malgastaré mi tiempo.
Me removí en mis zapatos.
—¿Has tenido noticias de mi hermana?
—No.
—Volverá —dije, esperando que no fuese una mentirosa. —Me dejó una nota que decía otra cosa.


—¿En serio? Eso es… —Mis palabras se desvanecieron antes de que pudiera decir que era sorprendente. En cierto modo, no lo era. Mi hermana mayor siempre fue un poco de las que huyen, como nuestro padre. Cambié de conversación—. ¿Cuál es su nombre? —pregunté, bajando la mirada hacia la pequeña niña.

—No hay sentido en decírselo a la gente si va a… —Su voz se quebró. Sus manos formaron puños y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, algo cambió en su fría mirada. Por un instante, se permitió sentir mientras observaba a su hija haciendo todo lo que podía por vivir. Bajó la cabeza y susurró—: Si va a morir.

—Ella sigue aquí, Graham —prometí asintiendo en su dirección—. Sigue aquí y es hermosa.

—Pero, ¿por cuánto tiempo? Solo estoy siendo realista. —Bueno, con suerte para ti soy esperancista.

Sus manos se apretaban tan fuertemente que forzaba a que su piel se volviera roja.

—No te quiero aquí —me dijo, girando en mi dirección. Por un momento, consideré cuán irrespetuosa era, quedándome cuando no era bienvenida.

Pero entonces vi su temblor.

Era un pequeño temblor en su cuerpo mientras se quedaba mirando a su hija, mientras se quedaba mirando lo desconocido. Fue justo entonces cuando supe que no podía dejarlo.

Extendí la mano y abrí sus puños, tomando su mano en mi agarre. Sabía que la niña luchaba una dura batalla, y podía decir que también Graham se encontraba en guerra. Sostuve su mano, y noté que liberó una pequeña exhalación de sus labios.

Tragó duro y dejó caer mi mano un par de segundos más tarde, pero pareció ser suficiente para hacerle parar de temblar.

—Talon —murmuró, su voz era baja y temerosa, casi como si creyese que decirme el nombre significaba besar a su hija con el deseo de la muerte.

—Talon —repetí suavemente, una pequeña sonrisa se extendió sobre mis labios—. Bienvenida al mundo, Talon.
Entonces, por primera vez en mi presencia, Talon Russell abrió sus ojos.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Sáb 7 Abr - 14:20

Siento la tardanza chicas!!
Para compensar, he puesto la segunda parte del capi 2 que el otro dia se me paso por alto al copiar, y tres capítulos mas.

Y por supuesto, mañana mas!!

Ya me diréis que os esta pareciendo por ahora la lectura.
A mi me tiene enganchada!!
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por Maluc el Dom 8 Abr - 0:54

Gracias, la verdad que está muy buena y me da rabia la hermana ( que existan mujeres tan malditas) se desmoronó más por perder su trabajo



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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

Mensaje por axcia el Dom 8 Abr - 5:37

Tenia una vida "ideal" y en cuanto ha empezado a derrumbarse no ha podido soportar la presión.  No todo en la vida es triunfar en el trabajo.
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Re: EDICIONES SEDNA ABRIL: The Gravity of Us - Brittainy C. Cherry

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